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No hagas oídos sordos a la sordera

Lun, 01/15/2018 - 07:00

Copyright © 2018. Banco Interamericano de Desarrollo. Si deseas republicar el artículo, por favor solicita autorización a sph-communication@iadb.org.

Por Ricardo Pérez Cuevas.

El oído es uno de los sentidos primordiales del ser humano. De él dependen la comunicación y la capacidad para interrelacionarse. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), 360 millones de personas, lo que equivale a un 5% de la población mundial, sufren de pérdida de audición discapacitante. De los afectados, 32 millones son niños y casi un tercio son mayores a 65 años.

La pérdida de la audición se da en todas las edades, e incluso puede aparecer antes de nacer. El Centro para el Control y Protección de Enfermedades (CDC), uno de los componentes operativos más importantes del Departamento de Salud de Estados Unidos, reporta que 1,4 de 1000 de bebés experimenta algún tipo de pérdida auditiva.

Los jóvenes y adolescentes son, según la OMS, uno de los grupos de edad que presenta más riesgos de sufrir pérdidas de audición debido a prácticas auditivas perjudiciales. El aumento de la exposición a sonidos fuertes en lugares de ocio es cada vez mayor y el uso de dispositivos electrónicos para escuchar música a gran volumen puede provocar lesiones irreparables.

Si la pérdida de audición no se trata, afecta la comunicación y puede agravar el aislamiento social, la ansiedad, la depresión y el declive cognitivo, especialmente entre los adultos mayores. Por ello, es imprescindible estar bien atento a las señales de pérdida de audición.

Implicaciones de la sordera discapacitante

La discapacidad física como consecuencia de una deficiencia auditiva, afecta de muchas maneras a los niños y adolescentes. Tener una discapacidad es una barrera mayor para el acceso a la educación que el género, la situación socio-económica o la ciudad de residencia. En América Latina solamente acude a la escuela entre un 20 y un 30% de los niños y adolescentes con algún tipo de discapacidad física, según una investigación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que asegura además que este es uno de los grupos con menor índice de permanencia en la escuela.

Las dificultades a las que tienen que enfrentarse los jóvenes con problemas auditivos para culminar su educación son el tema del cortometraje Hugo, de la cineasta mexicana Mariana Chenillo y que se puede ver de manera gratuita en internet. Incluido en la producción El Aula Vacía, ganadora del Premio Unicef a la mejor película sobre la niñez, esta obra aborda el tema de la deserción escolar desde el punto de vista de un joven que, a pesar de querer estudiar, tiene que luchar contra barreras de todo tipo debido a su discapacidad auditiva.

Aunque queda mucho por hacer, existen programas para evitar estas consecuencias. En Brasil y Argentina, por ejemplo, unos 1.500 niños por año se benefician de programas de implante coclear con amplia cobertura. Este dispositivo se implanta en la parte del oído conectada al nervio auditivo y que ayuda a superar algunos problemas de audición cuyo origen está en el oído interno o cóclea. En México, el Seguro Popular financia aproximadamente a 300 niños por año. Esto es crítico porque un niño que no escucha no puede desarrollar un lenguaje correcto. Sin la rehabilitación temprana, estos niños tendrán limitaciones para trabajar, socializar y desarrollarse plenamente.

La detección temprana es clave

En los recién nacidos se debe realizar el tamiz neonatal que incluye, entre otras cosas, la detección de problemas de audición y que permite identificar a los niños que tienen hipoacusia sensorial profunda. La detección temprana es fundamental porque este problema auditivo puede ser tratado mediante el implante coclear, reduciendo significativamente el riesgo de discapacidad. Es aconsejable realizar esta intervención entre los 6 y los 12 meses de edad, cuando los niños comienzan a desarrollar destrezas orales.

La audición está íntimamente unida al desarrollo psicosocial de los niños, a sus respuestas a los estímulos externos y a que sean capaces de potenciar de manera adecuada sus habilidades. La atención, percepción, identificación y discriminación son procesos cognitivos básicos íntimamente ligados a la capacidad de oír y que interactúan a lo largo de todo el desarrollo evolutivo del niño, contribuyendo a que adquiera sistemas de comunicación primarios.

Tanto en niños como en adultos, una adecuada salud auditiva forma parte de la salud integral, afectando inclusive la posibilidad de mantener el equilibrio físico.

No deberíamos esperar a incidentes concretos para preocuparnos por nuestra salud auditiva. No hay que correr el riesgo de hacer oídos sordos a posibles indicativos de una merma en la capacidad de oír.

¿Conoces historias de pérdida auditiva? ¿Tomas precauciones para proteger tu audición? Cuéntanos en la sección de comentarios o mencionando a @BIDgente en Twitter.

Ricardo Pérez Cuevas es médico investigador en salud.

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¿Cómo se dice parto en quechua?

Lun, 01/08/2018 - 09:11

Copyright © 2018. Banco Interamericano de Desarrollo. Si deseas republicar el artículo, por favor solicita autorización a sph-communication@iadb.org.

Por Elizabeth Bastias Butler.

Wachay es una palabra clave para las comunidades de mujeres indígenas en la región ya que significa “parto” en quechua. Es clave porque estas mujeres son más vulnerables a fallecer debido a complicaciones durante el embarazo o el parto. A pesar de que la mortalidad materna ha disminuido un 40% en los últimos años en la región gracias a una mejor cobertura de salud en general, las mujeres indígenas no necesariamente se han visto beneficiadas por los avances.

Por ejemplo, en Puno, una localidad habitada principalmente por indígenas aimara y quechua en Perú, el índice de mortalidad materna aumentó un 45% en 2011. Y en Guatemala y Nicaragua solamente un puñado de mujeres indígenas, 30% y 57% respectivamente, recibieron atención médica calificada, en comparación al 70% y 81% de mujeres no indígenas.

Frente a este panorama, han surgido modelos de salud integrales, creativos e innovadores que, empoderando a las mujeres e involucrando a la comunidad, están luchando, precisamente, para combatir esos patrones de inequidad. Es el caso de ciertos municipios en Honduras y Nicaragua, y de métodos innovadores y costo-eficientes que pueden aplicarse ante las emergencias de hemorragias durante el parto.

Desafíos culturales y de los servicios

Las iniciativas comunitarias son importantes, pero no pueden resolverlo todo. Perdura una multitud de barreras al acceso de la atención materno-infantil, incluyendo distancias y ubicaciones poco accesibles de los centros de salud, costos elevados, desconfianza sobre la calidad de servicios, miedos y estereotipos respecto a prácticas médicas poco conocidas o las diferencias lingüísticas y culturales. Para las mujeres indígenas, que tienden a vivir en zonas remotas, con limitados recursos financieros y que en ocasiones sufren violencia durante el embarazo, el problema se agrava.

Por ello, muchas de ellas hoy optan por el parto en casa, que les ofrece el apoyo psicosocial de quienes las hacen sentir seguras y confiadas, como la familia y la comunidad. En algunas comunidades indígenas, incluso, es común que la pareja esté presente en el alumbramiento y, de hecho, su exclusión de la sala de partos puede generar ansiedad en algunas mujeres.

Otro problema radica en la diferencia entre las prácticas y procedimientos de los partos institucionalizados y las costumbres y preferencias en las comunidades indígenas. Por ejemplo, el “parto vertical”, que es precisamente lo que su nombre sugiere, es común entre las parturientas de muchas de estas comunidades porque permite que la cabeza del bebé salga con mayor facilidad y está asociado con menos dolores, menos episiotomías, menos cesáreas y menor sufrimiento fetal. Pero este método no es el convencional en los hospitales y centros de salud, donde, además, las barreras del lenguaje y la falta de competencia intercultural genera mayor recelo y desconfianza.

Respuestas creativas que empoderan

Ya hemos hablado de estrategias novedosas para empoderar a las madres a tener embarazos saludables que conduzcan a partos más seguros, así como para mejorar la cobertura y calidad de la atención materno-infantil de las mujeres indígenas en América Latina y el Caribe. Una de las claves para que estas iniciativas funcionen es incorporar modelos de salud interculturales que combinen profesionalismo en las prácticas médicas para la atención prenatal y durante el parto con adaptaciones culturales de lenguaje, de procedimientos y de creencias.

Volviendo a los Andes del Perú, varios centros de salud hoy ofrecen atención en español o en quechua y han flexibilizado sus prácticas para permitir que las mujeres elijan su postura para dar a luz. Asimismo, han trabajado para crear ambientes que aumenten la confianza y bienestar de las madres durante el trabajo de parto, permitiendo que un ser querido permanezca a su lado en el proceso e inclusive ofreciendo el té de mate, una infusión de hierbas que proviene de una tradición muy extendida, tras el alumbramiento.

Las demandas sociales de la comunidad han logrado así, una victoria para integrar adaptaciones culturales a los procedimientos del parto. En países como Guatemala, donde las parteras tienen una posición “sagrada” en el imaginario de las comunidades indígenas, los sistemas de salud ya las están tomando en cuenta para promover su educación y capacitación en cuestiones de salud materno-infantil. En Panamá han ido aún más allá, formando personal comunitario de salud expresamente para el cuidado pre y posnatal, la planificación familiar, la detección de signos de embarazos de alto riesgo, la información en derechos reproductivos y la promoción de la importancia de una atención cualificada del parto.

Es fundamental extraer conclusiones de los programas de salud materna que están siendo operativos en los países con comunidades indígenas importantes para seguir diseñando modelos de salud interculturales. De la consulta previa de estos grupos étnicos y de la inclusión de sus necesidades y deseos dependerá su efectividad. Reflejar el respeto y el conocimiento de sus culturas permitirá acercar en mayor medida a estas mujeres a los servicios de salud, un paso más, aunque no el único, para seguir combatiendo la mortalidad entre las madres indígenas.

¿Qué iniciativas existen en tu país para combatir la mortalidad materna entre las comunidades indígenas? ¿Qué soluciones innovadoras propondrías? Cuéntanos en la sección de comentarios o mencionando a @BIDgente en Twitter.

Elizabeth Bastias Butler es consultora en salud para la División de Protección Social y Salud del Banco Interamericano de Desarrollo.

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Salud en 2018, ¿a qué estar atentos?

Lun, 01/01/2018 - 07:00

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Por Andrea Proaño Calderón.

Como ya lo hemos dicho, la salud ha mejorado, pero no para todos. ¿Cuál es el panorama de la salud y qué retos suponen en este nuevo año? Repasamos 5 temas clave que seguirán demandando atención prioritaria en la agenda de salud pública de la región.

1. Esperanza de vida: A nivel global, se ha incrementado la esperanza de vida a 73,8 años para las mujeres y 69,1 para los hombres. A pesar de esta diferencia, las mujeres se enfrentan a peores condiciones de salud. Más allá de eso, hay otra trampa. A mayor esperanza de vida, mayores retos para los sistemas de salud, particularmente en países con una gran proporción de adultos mayores como Uruguay, Chile y Costa Rica. Por ejemplo, se espera que para 2050, 2.000 millones de personas serán mayores de 60 años y se cuadruplicará el número de ancianos que requerirán apoyo para realizar actividades cotidianas. Además, vivir más tiempo no necesariamente significa vivir mejor, como demuestra el caso de México, donde el deterioro del estado de salud de los adultos mayores se ha convertido en un desafío.

2. Enfermedades crónicas: Las principales causas de defunción, responsables de casi el 70% de muertes en el mundo, son 1) las enfermedades cardiovasculares, 2) el cáncer, 3) la diabetes y 4) las enfermedades pulmonares. Esto se debe al aumento de los factores de riesgo, incluyendo el consumo de alcohol y tabaco, el sedentarismo, los alimentos altos en contenido calórico no nutritivo, y a la reducción en la prevalencia de las enfermedades transmisibles. Ninguna de estas condiciones discrimina por edad, ya que cualquier persona puede padecerlas, pero la prevalencia de las enfermedades crónicas sí aumenta con la edad. Parecería que el estatus socioeconómico influye todavía más. Por ejemplo, en América Latina se están viendo niveles preocupantes de sobrepeso en los adultos e inclusive, obesidad infantil en hogares de menores ingresos.

3. Salud mental: En los últimos 23 años se ha incrementado en un 50% el número de pacientes en el mundo con depresión o ansiedad. Eso no es todo. En 2016 los trastornos depresivos mayores estaban entre las 10 primeras causas de enfermedad en casi todos los países del mundo, menos en 4. Estos datos, ya de por sí alarmantes, se agravan si consideramos que la tristeza crónica, otro nombre quizás menos tabú para la depresión, y la ansiedad, tienen consecuencias fatales, el suicidio. Casi 800.000 personas se suicidan cada año y es la segunda causa de muerte entre los jóvenes. La prevención no es un sueño imposible. La Organización Mundial de la Salud (OMS) establece que en casi el 50% de los casos, es posible identificar los trastornos mentales antes de los 14 años. Finalmente, no podemos olvidar la deuda pendiente con las mujeres que dominó la opinión pública en 2017. Los estragos de la violencia machista derivan en graves consecuencias para la salud mental de las víctimas, incluyendo pensamientos suicidas y los ya mencionados trastornos depresivos y de ansiedad. Estos datos deberían conmocionarnos: en América Latina mueren diariamente 12 mujeres por el solo hecho de ser mujer.

4. Salud materno-infantil: La tasa de mortalidad neonatal no está descendiendo a tiempo para cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, fijados para 2030. De hecho, la proporción de muertes de niños durante el primer mes de vida está aumentando. ¿Qué podría salvar hasta 22.216 bebés por año? Una opción es la lactancia materna exclusiva. Por supuesto, la solución definitiva para disminuir la mortalidad tanto de los niños como de sus madres es mayor y mejor cobertura de atención prenatal calificada, acompañada de una buena dosis de innovación costo-eficiente. Invenciones novedosas como el balón intrauterino, con un costo de tan solo 5 USD dólares, podrían prevenir las hemorragias durante el parto que en 2015 se cobraron la vida de 1.344 mujeres en América Latina. Las soluciones locales también tienen muchísimo que aportar. Nicaragua y Honduras han logrado disminuir sus tasas de mortalidad materna de 102 y 182 muertes por cada 100.000 nacidos vivos, respectivamente, a menos de la media de 85 en la región.

5. Discapacidad: Más de mil millones de personas en el mundo tienen algún tipo de discapacidad. Ellas se enfrentan a múltiples escenarios discriminatorios para acceder a servicios de educación y salud o entrar al mercado laboral. De hecho, casi 26 millones viven con menos de un dólar por día y el 5,6% son niños, haciéndolos triplemente vulnerables. Las personas en los países y zonas de ingresos bajos (muchos de ellos en nuestra región), las mujeres y los ancianos suelen ser más vulnerables a la discapacidad. Entre América Latina, África y Asia, por ejemplo, son 30 millones las personas que necesitan atención profesional para rehabilitación en casos de discapacidad física. La buena noticia es que, mientras más elevamos la voz sobre esta realidad, más oportunidades hay para que la innovación dé un paso al frente y ofrezca soluciones viables.

Tras estos 5 puntos que aún quedan por resolver, hablemos de algo positivo: la innovación en el ámbito de la salud. Quedan advertidos queridos lectores, este año tocaremos mucho el tema. No meramente por sumarnos a las tendencias mundiales, sino porque sabemos que es una herramienta tangible cuyo potencial para mejorar vidas ya estamos viendo en América Latina y el Caribe. Desde prótesis 3D y cloud computing para telemedicina, hasta crowdsourcing y mapeo inteligente para combatir las enfermedades transmitidas por mosquitos.

Y no se trata solamente de tecnología. Es hora de romper paradigmas y utilizar la creatividad para adaptarnos a las necesidades de las personas, desde los hospitales hasta los rincones más remotos. Sumando a los ejemplos positivos mencionados a lo largo de este post, también programas como los de transferencias condicionadas en nuestra región han hecho una gran parte por mejorar la salud de los niños y jóvenes.

Pero, como es evidente, queda muchísimo por hacer. Mientras más conozcamos sobre los retos de la salud, más proactivos podemos ser para brindar una respuesta oportuna. Tenemos un año más para volver a intentarlo. ¿Qué te comprometes a hacer por tu salud y la de tu familia este año? Cuéntanos en la sección de comentarios o mencionando a @BIDgente en Twitter.

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Crowdsourcing Inteligente para Zika: Lecciones en cooperación e innovación

Lun, 12/18/2017 - 07:00

Copyright © 2017. Banco Interamericano de Desarrollo. Si deseas republicar el artículo, por favor solicita autorización a sph-communication@iadb.org.

Por Ralf Moreno y Diana Pinto.

En 2014, el mayor brote de Ébola del que hay registro golpeó África occidental, ocasionando un importante impacto social y económico y encendiendo las alarmas de salud pública en todo el mundo. Poco después, las Américas sufrieron un brote de Chikungunya, al que le siguió uno de Zika. Este último ha tenido enormes repercusiones en la salud de la región; una de las más preocupantes es que cientos de niños se han visto afectados con discapacidades neurológicas permanentes. Esto nos deja pensando: ¿Cuándo y dónde será la próxima epidemia? ¿Qué estamos haciendo para diagnosticar, prevenir y manejar estas emergencias a tiempo?

Como respuesta a estas inquietudes, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en colaboración con el Laboratorio de Gobernanza de la Universidad de New York (GovLab) y varios gobiernos de la región, lanzó el proyecto “Crowdsourcing Inteligente para Zika y otras enfermedades transmitidas por mosquitos (ETM)”. El objetivo fue encontrar soluciones para la prevención y manejo oportuno de este tipo de enfermedades, a través de una metodología ágil e innovadora, aprovechando el conocimiento de expertos de todo el mundo (ver mapa interactivo e imagen a continuación).

Como resultado de este proyecto se produjo un manual de implementación de acceso libre (disponible en español, portugués e inglés), que ofrece una guía detallada con 20 soluciones diferentes para prevenir y manejar de una mejor manera el Zika y otras ETM. Es de resaltar que los participantes gubernamentales identificaron como prioridad ahondar en el desarrollo de 2 tópicos discutidos en dicho manual: (1) la recolección y análisis de datos y (2) el desarrollo de modelos predictivos para estas y otras enfermedades de interés en salud pública.

Teniendo en cuenta estos intereses, la División de Protección Social y Salud (SPH) del BID organizó un taller para compartir experiencias sobre tecnologías de punta aplicadas al control de ETM y otros brotes infecciosos. Entre los participantes estuvieron expertos de la academia, ONGs y organizaciones multilaterales, así como representantes de algunos gobiernos de la región, incluyendo a los Ministerios de Modernización y Salud de Argentina, Ministerio de Salud de Chile, Secretaría de Salud de Isla de Pascua, Ministerio de Salud de Costa Rica, y secretarías de salud de Río de Janeiro, Ceará, Sao Pablo y Minas Gerais en el Brasil.

¿Cómo estamos innovando en la región?

Diversas plataformas de integración de información en tiempo cuasi-real y con capacidad de alerta temprana y predicción se están desarrollando en América Latina para hacer frente a este reto.

Entre las iniciativas resaltadas está InfoDengue, desarrollada por la Fundación Getulio Vargas y FIOCRUZ, una plataforma electrónica que permite hacer vigilancia de Dengue y otras ETM usando fuentes de información epidemiológica, climática y entomológica. Hasta hace algunos meses, InfoDengue contaba con monitoreo mayoritariamente en el estado de Río de Janeiro. Gracias a la diseminación de información durante el taller, se ha expandido al estado de Ceará, cubriendo hoy cerca de 800 ciudades en el Brasil, y hay posibilidades de que se implemente en el estado de Sao Pablo.

Otra de las innovaciones que destacar es la aplicación para teléfonos móviles DengueChat, que permite el involucramiento de la comunidad en la vigilancia y manejo de ETM. Sin embargo, su uso no está limitado a ETM, pues en el futuro se podría implementar para abordar otros ejes de salud, como campañas educativas para prevenir el embarazo adolescente.

También el proyecto Aedes Detector da mucho de qué hablar. Se trata de una aplicación de código abierto que pretende hacer más eficiente el proceso de vigilancia entomológica a través de fotografías de criaderos de mosquitos que cualquier persona en la comunidad puede realizar. Esas imágenes son luego analizadas por algoritmos de machine learning, optimizando así el tiempo y los recursos necesarios para esta parte fundamental de la lucha contra las ETM.

Si te interesa conocer más sobre las iniciativas y soluciones que se están desarrollando en la región, mira estos videos:

Esta experiencia nos demostró que fomentar diálogos que incluyan a diversos actores nos permite consolidar y promover cooperaciones intersectoriales para fortalecer la capacidad técnica e institucional en nuestra región. A la larga, esto nos permitirá prevenir, identificar y actuar de manera oportuna ante situaciones de emergencia en salud pública, minimizando el impacto negativo que pueden tener en nuestras sociedades y haciendo eso con lo que estamos comprometidos a diario: mejorar vidas.

Y tú, ¿qué haces para prevenir y combatir estas enfermedades? ¿Conoces de alguna aplicación o programa que pueda ser utilizado para prevenir y manejar ETMs y otras emergencias en salud pública?

Cuéntanos en la sección de comentarios o mencionando a @BIDgente en Twitter.

Diana Pinto es Especialista Líder en salud en la División de Protección Social y de Salud del Banco Interamericano de Desarrollo, y lidera el proyecto del BID contra el Zika.

Ralf Moreno es consultor para la División de Protección Social y Salud del Banco Interamericano de Desarrollo, desempeñándose como gerente de proyecto en la iniciativa del BID contra el Zika.

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La creatividad en salud es un salvavidas para la discapacidad

Jue, 12/07/2017 - 07:00

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Por Nadin Medellín y Andrea Proaño. 

De acuerdo a la más reciente encuesta de hogares, casi 8 millones de mexicanos, equivalente a siete de cada cien, viven con discapacidad. El tipo de discapacidad que afecta a alrededor del 60% de esta población tiene que ver con limitaciones de movilidad. Las limitaciones para escuchar y para ver le siguen; el 32% de las personas con discapacidad tienen dificultad para ver, aun usando lentes, y el 16% para escuchar, a pesar de usar aparatos auditivos. 

El conjunto de preguntas sobre discapacidad en esta encuesta mexicana sigue las recomendaciones del Grupo de Washington para identificar a la población con discapacidad en un lugar determinado. Si bien este conjunto no abarca la situación de discapacidad en su totalidad, permite identificar a la mayoría de los casos, enfocándose no en deficiencias físicas o mentales –por ejemplo, la ausencia de alguna extremidad o padecer Alzheimer— sino en dificultades para realizar algunas actividades. Éstas incluyen, además de caminar, moverse, subir o bajar, ver (aun con lentes) y escuchar (aun con aparatos auditivos), vestirse, bañarse, comer y aprender cosas sencillas. En el caso de México, la encuesta también busca identificar si las personas tienen “limitaciones mentales”.

En América Latina y el Caribe, 21 países han implementado cuestionarios con base en la guía de preguntas del Grupo de Washington. Este es un paso importante, pues permite aprovechar la información de censos y encuestas para comprender el estado de la discapacidad en la región y forjar soluciones innovadoras, eficientes y de calidad como respuesta. Una nueva publicación del Banco Interamericano de Desarrollo, Innovaciones que no sabías que eran de América Latina y el Caribe, explora, precisamente, iniciativas así, desde prótesis 3D hasta apps para facilitar la comunicación entre personas con discapacidad auditiva. (Descárgala aquí).

Sin acceso a la salud no resolveremos nada

Con ese abordaje a la discapacidad, es claro que el acceso a aparatos y apoyos tecnológicos tiene el potencial de mejorar la calidad de vida de las personas con discapacidad, facilitando la realización de actividades básicas. Quizás sea la carencia de acceso, precisamente, uno de los factores que contribuye a que la discapacidad sea mayor entre la población con menores ingresos, que además es la que tiene acceso más limitado a servicios de salud públicos de calidad. De hecho, en México, la incidencia de la discapacidad en las personas que viven en situación de pobreza extrema es casi el doble que la de la población no pobre ni vulnerable (9% vs. 5%). Y globalmente, la discapacidad es más prevalente en los países en desarrollo.

Además de la falta de acceso a apoyos tecnológicos y atención médica capacitada, el contexto que rodea a las personas con discapacidad es importante. La definición más completa y aceptada de la discapacidad, elaborada por la Organización Mundial de la Salud, explica que la discapacidad resulta de la interacción dinámica entre deficiencias corporales y funcionales, limitaciones para realizar actividades y barreras a la participación (lee más aquí). El cuestionario corto del Grupo de Washington es congruente con la definición, pero no alcanza a explorar la participación de la población con discapacidad en las tareas principales de la vida, incluyendo educación, trabajo, vida social y cívica.

Algunas personas con discapacidad tienen destacadísimas carreras profesionales, deportivas, artísticas o políticas. El astrofísico Stephen Hawking es una de ellas. Aunque gran parte de su éxito ha dependido de su talento, no habría sido posible en absoluto sin acceso a servicios de salud de calidad y a la innovación, que produjo su tan distintivo sintetizador del habla, con el que no solo se comunica, sino que se ha vuelto parte de su identidad. Es gracias a estos componentes, así como a un equipo profesional de asistentes personales y a un sistema de adaptaciones a su vivienda y a su trabajo, que Hawking se ha convertido en leyenda viva. “Pero soy consciente de que he tenido mucha suerte”, dice él mismo en el prólogo del Informe Mundial de la Discapacidad.

¿Cómo es la vida de millones de personas con discapacidad que hoy no tienen esas oportunidades a causa de la pobreza, la inequidad, o la carencia de servicios adecuados de salud?

Para que la discapacidad no sea una limitación para el desarrollo de las capacidades ni un factor de exclusión social, es vital

  • Implementar políticas públicas que acerquen los servicios básicos de salud a las personas con discapacidad
  • Promover contextos favorables e inclusivos

En México, los adultos jóvenes de 25 a 40 años con discapacidad acumulan menos años de educación y tienen menor participación en el trabajo que sus pares sin discapacidad, lo cual, en parte, se debe a la falta de oportunidad. En promedio, los adultos jóvenes con discapacidad tienen 7.4 años de escolaridad. En comparación, el promedio para este grupo etario es de 10.4 años. Además, mientras el 77% de los adultos jóvenes trabajan, únicamente el 70% de los adultos jóvenes con discapacidad participan en el mercado laboral mexicano, cifra que se reduce a 57% en aquellos con limitaciones mentales o problemas de aprendizaje.

Contar a las personas con discapacidad es apenas un primer paso para entender la compleja y diversa situación de quienes viven —o sobreviven, en el caso de los menos afortunados— con ella. A pesar de las limitaciones técnicas para estudiar a las personas con discapacidad, incluir este tipo de preguntas en encuestas de hogares permitiría analizar mejor la situación socioeconómica de las personas con discapacidad y de sus familias. Con esta valiosa información en mano, se puede responder con las políticas públicas necesarias para que las personas con discapacidad no dependan de la suerte para participar de la sociedad como todos los demás. Soluciones creativas e innovadoras para asegurar el acceso a la salud y proveer tecnologías que mejoren la vida de las personas con discapacidad, es garantizar sus derechos en plenitud y cumplir con nuestra responsabilidad.

¿Qué soluciones innovadoras conoces que han mejorado la vida de las personas con discapacidad? ¿Cómo es el acceso a salud para esta población en tu país? Cuéntanos en la sección de comentarios o mencionando a @BIDgente en Twitter.

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Las personas con discapacidad tienen el mismo derecho a salud de calidad que tú y yo

Jue, 11/30/2017 - 07:00

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Por Anjela Jenkis.

Angie nació en Perú y tiene discapacidad intelectual (DI). Cuando tenía 10 años, le aparecieron unas heridas en sus pies, además de hinchazón en sus piernas y cara. Acudió al servicio médico del pueblo, pero el personal de salud la rechazó—decían que no la podían ayudar porque su discapacidad intelectual había provocado esas reacciones.

Las personas con DI como Angie se enfrentan a barreras físicas y sociales de acceso a servicios de salud, que exacerban las brechas de salud y aumentan la carga de enfermedades en este sector de la población.

En Chile, por ejemplo, el 80% de los adultos con discapacidad reportó tener al menos 3 enfermedades, mientras que menos del 30% de la población sin discapacidad lo hizo.

Asimismo, la frustración a la hora de buscar un especialista, aguantar largas esperas para ser atendido o recibir instrucciones de tratamiento poco claras o confusas, se agudiza en las personas con DI. Estas situaciones, rutinarias para todos los pacientes, no son meras molestias para una persona con DI, sino que pueden resultar en su marginalización y exclusión del sistema de salud. Adicionalmente, las personas con discapacidad suelen experimentar malos tratos por parte del personal médico. Aunque esto sucede en muchos países del mundo, la falta de datos sobre la situación de la salud de las personas con discapacidad intelectual dificulta la tarea de comprender mejor las limitaciones y retos a los que se enfrentan.

La urgencia de una salud inclusiva

Angie viajó con su papá por 11 horas hasta Cuzco para un chequeo médico gratuito por voluntarios de Olimpiadas Especiales Perú. Notaron que Angie estaba débil y apenas se mantenía en pie y supieron que había dejado de comer y de orinar. Al atenderla descubrieron lo que parecía una mordedura de araña en la pierna, lo que habría causado la hinchazón a causa de una infección. Al referirla a urgencias en el hospital público, le diagnosticaron insuficiencia renal aguda a causa de las mordeduras infectadas. Si los médicos de su pueblo no la hubieran descartado por su discapacidad y la hubieran tratado como a cualquier otro paciente, hubieran llegado a la misma conclusión. Afortunadamente, Angie recibió una diálisis inmediata que le salvó la vida.

Como ilustra el caso de Angie, para que las personas con discapacidad reciban atención de calidad, es crítico y necesario que el personal de salud sea preparado y sensibilizado. Sin embargo, en muchos países son limitadas las oportunidades de cursar una especialización enfocada en personas con discapacidad. Los programas generales en medicina no incluyen una capacitación teórica ni práctica relevante para estos pacientes. Como resultado, el personal de la salud puede no sentirse ni capaz ni cómodo atendiendo personas con discapacidad.

Además, los conocimientos médicos tienen que venir acompañados de mejores prácticas, que no son estrictamente clínicas, para trabajar con pacientes con discapacidad, incluyendo el reconocimiento de las múltiples barreras que el paciente probablemente tuvo que enfrentar y superar para llegar a un profesional de la salud. Los médicos del hospital donde Angie recibió diálisis demostraron más apertura que los del pueblo y su competencia clínica les permitió salvarle la vida. Pero a sus ojos, Angie era una niña que llegó a estar tan enferma porque su familia no la había cuidado bien. Interpretaron la situación como una de maltrato o negligencia infantil, los médicos involucraron a las autoridades y Angie fue separada de su familia. Este resultado se hubiera evitado con un entendimiento más amplio de las barreras que enfrentan las personas con discapacidad: lo que no entendían los médicos era que una familia puede hacer muchos esfuerzos, como la familia de Angie, para brindar a sus seres queridos la mejor atención posible, pero difícilmente pueden cambiar actitudes, derrumbar barreras y abrir las mentes y puertas sin ayuda.

Salud de calidad como una realidad

Los exámenes de salud realizados por Olimpiadas Especiales en América Latina durante la última década revelaron que:

– 36% de las personas con DI tenían tapones parciales o completos en los canales auditivos (lo que puede resultar en una pérdida de audición temporal)

– 40% requerían nuevas recetas de lentes

– 59% tenían una condición de piel o de uñas

– 63% tenían caries dentales sin tratamiento

– 35% de niños y 48% de adultos tenían sobrepeso o eran obesos

En términos clínicos, todas estas son condiciones para las que existen prácticas de prevención comprobadas, protocolos, diagnósticos poco complejos, y tratamientos relativamente claros. Pero el ciclo de cuidado para atender a una persona con discapacidad no puede iniciar si la persona no puede acceder a los sistemas y servicios de salud en primer lugar.

Y aunque Olimpiadas Especiales contribuye a mejorar esta situación ofreciendo exámenes clínicos gratuitos desde 1997, no puede solucionar el problema sola. Esta tarea corresponde a los gobiernos y sus sistemas de salud. Aunque todos los países de América Latina y el Caribe han ratificado la Convención de los Derechos de Personas con Discapacidad (CDPD) y se han comprometido a asegurar los derechos humanos para personas con discapacidad, en la práctica perduran brechas considerables.

Los gobiernos tienen a su alcance varias maneras de mejorar el acceso como:

1. Integrar en la educación médica formal en todos los niveles de su currículo, hasta en la educación continua para profesionales ya en práctica, materia sobre conocimientos y destrezas para atender a los pacientes con DI.

2. Asegurar que el personal de las instalaciones públicas de salud, desde el personal de seguridad y administrativo hasta los mismos proveedores médicos, sean capacitados en cómo abordar las necesidades y barreras que enfrentan esta población.

3. Tomar e impulsar liderazgo a nivel político: por ejemplo, a través del desarrollo de protocolos y marcos de atención en salud que traten a la discapacidad como una diferencia y no una deficiencia.

Asumir estas medidas cambiaría la vida de Angie y la de las más de 14 millones de personas con discapacidad intelectual en América Latina y el Caribe, donde viven más de 66 millones de personas con algún tipo de discapacidad. Actuemos hoy y aseguremos el derecho de las personas con discapacidad al acceso a la salud de calidad.

¿El sistema de salud en tu país atiende de manera apropiada a las personas con discapacidad? ¿Conoces historias similares? ¿Qué falta para capacitar al personal de salud? Cuéntanos en la sección de comentarios o mencionando a @BIDgente en Twitter.

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¿Cómo innovan en salud los países de América Latina y el Caribe?

Lun, 11/27/2017 - 07:00

Copyright © 2017. Banco Interamericano de Desarrollo. Si deseas republicar el artículo, por favor solicita autorización a sph-communication@iadb.org.

Por Ferdinando Regalia.

Innovar en el área de la salud tiene un impacto profundo y positivo en la vida diaria. Es más, el siglo XXI ya está siendo testigo de cómo la unión de innovaciones de bajo costo y las inversiones relevantes en tecnología avanzada pueden tener un efecto nunca visto para mejorar la salud de la población ayudando a maximizar recursos donde más se necesita.

Innovaciones que cambian las reglas del juego en la salud de la región

La tecnología avanzada es una fuerza disruptiva que nos invita a repensar por completo la forma en que se organizan sistemáticamente los procesos en el sector de la salud. En 2016, un mapeo de CBinsights, identificó 106 startups que utilizan algoritmos de inteligencia artificial para mejorar la salud de los usuarios de sus servicios. Desde el diagnóstico, la prevención de enfermedades y la promoción de la salud, hasta la gestión de patologías, todos los procesos deben ser reconsiderados desde el punto de vista de la innovación.

La tecnología informática juega un rol clave para impulsar nuevos paradigmas asistenciales. El cloud computing, por ejemplo, está revolucionando los procesos con la telemedicina y los telediagnósticos. Éstos permiten consolidar modelos de cuidado de pacientes crónicos en el domicilio en función de la complejidad del diagnóstico, reduciendo así costos hospitalarios innecesarios.

Asimismo, estas innovaciones empoderan a los pacientes, permitiéndoles asumir un mayor protagonismo en la gestión y cuidado de su enfermedad. Por ejemplo, pueden brindarles acceso fácil y efectivo a su historia clínica y a las recomendaciones del tratamiento evitándoles tener que acudir al centro de salud o al hospital.

Innovación no es solo tecnología, sino soluciones creativas a problemas de salud

Es importante recalcar que la innovación no está necesariamente asociada a las tecnologías avanzadas ya que, muchas veces, un proceso de salud requiere más de una dosis de creatividad que de tecnología misma. Es el caso del balón de taponamiento uterino desarrollado por el equipo del Massachussets General Hospital, que puede salvar la vida de una mujer tras una hemorragia postparto por menos de US$5. Este método, con su simplicidad y costo-efectividad, ya está siendo adoptado en varios sistemas de salud de la región.

Las innovaciones en salud tampoco deben constituir nuevos productos o inventos innecesarios. Citando a Bill Gates, “Si lo que nos proponemos es salvar vidas humanas, necesitamos otro nivel de innovación: no solo innovación tecnológica, sino también sistémica”. Desde esa perspectiva, innovar es, por ejemplo, asegurar que algunas pruebas de diagnósticos o intervenciones costo-efectivas, como la entrega de micronutrientes para reducir la anemia, sean realizadas por trabajadores comunitarios, sobre todo en zonas rurales dispersas y de difícil acceso. Es también implementar procesos sistemáticos de mejora continua de la calidad de los servicios y de aprendizaje rápido donde se analizan datos locales, se prueban nuevas ideas y se miden sus efectos. Además, innovar es promover mecanismos de pago a los proveedores de servicios que premien la calidad y los resultados sanitarios.

Más allá de eso, es cierto que el acceso y la diversificación de la tecnología, que hace sólo dos décadas hubiera sido mera ciencia ficción, hace mucho más viable la implementación de estas innovaciones sistémicas.

En la región existen, en mi opinión, tres áreas de oportunidad para promover la innovación en el sector de la salud.

1. Se debe identificar, clasificar y escalar innovaciones existentes o en proceso de desarrollo. Tenemos que mejorar nuestra capacidad de reconocer, evaluar e introducir innovaciones en los sistemas de salud de una manera sostenible y con el propósito de maximizar los resultados sanitarios por cantidad de dinero invertido.

2. Se debe combinar tecnologías de otros sectores y aplicarlas a la salud. Pensemos, por ejemplo, en la utilidad que tienen los datos de voz y de textos para elaborar mapas detallados de movimientos de la población, permitiendo ubicar geográficamente centros de atención durante brotes epidémicos o desastres naturales. También hemos visto ya la aplicación de tecnologías genéticas, nucleares o de inoculación con bacterias para combatir las enfermedades transmitidas por mosquitos (ETM) como el dengue, Zika y Chikunguña. Otro caso notable es la tecnología de impresión 3D para los implantes de huesos.

3. Se debe tomar la innovación como un valor crítico en nuestras políticas e instituciones. Esto implica adoptar procesos intencionales para innovar a nivel individual e institucional, invertir en capital humano en áreas nuevas, ser abiertos a la experimentación y compartir lo que estamos aprendiendo con otros stakeholders. Desde el Banco Interamericano de Desarrollo buscamos promover las oportunidades para que los países de América Latina y el Caribe sigan innovando y para facilitar el diálogo crítico en el sector de la salud.

En una nueva publicación, Innovaciones que no sabías que eran de América Latina y el Caribe, exploramos, precisamente, éstas y otras iniciativas con alto potencial para mejorar la salud de la región.

Los animo a adentrarse en ella con el chip de la creatividad. Este es un horizonte amplio que estamos empezando a explorar.

¿Qué innovaciones en salud conoces? ¿Tu país es parte de esta corriente? ¿Qué ideas tienes? Cuéntanos en la sección de comentarios o mencionando a @BIDgente en Twitter.

Ferdinando Regalia es el Jefe de la División de Protección Social y Salud del Banco Interamericano de Desarrollo.

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Violencia contra las mujeres, ¿alguien está escuchando en el sector de la salud?

Lun, 11/20/2017 - 07:00

Copyright © 2017. Banco Interamericano de Desarrollo. Si deseas republicar el artículo, por favor solicita autorización a sph-communication@iadb.org.

Por Clara Alemann.

La violencia machista mata a 12 mujeres por día en América Latina por el solo hecho de ser mujer. La reciente explosión de testimonios de violencia sexual vertidos viralmente en las redes a través de #YoTambien y #MeToo es una demostración clara de que la violencia contra la mujer es un problema de salud pública y derechos humanos de proporciones epidémicas; aún si no te ha tocado, seguro conoces a alguien que la ha sufrido.  

En el Día Mundial de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, es hora de exigir más al sistema de salud, que tiene un papel fundamental en su prevención y debe brindar una respuesta efectiva dada su magnitud: 1 en 3 mujeres de entre 15 y 49 años en la región ha sufrido violencia física o sexual por parte de un hombre en algún momento de su vida. Las más jóvenes están en mayor riesgo; más del 40% de ellas reportan haber sufrido violencia sexual por primera vez durante su adolescencia y a menudo el perpetrador es la pareja.

Si bien los varones también sufren violencia sexual, ésta afecta desproporcionadamente a las niñas y adolescentes, con consecuencias perniciosas para su salud mental, física, sexual y reproductiva, incluyendo:

– Depresión

– Ansiedad

– Pensamiento suicida

– Adopción de conductas sexuales riesgosas

– Consumo abusivo de drogas y alcohol

– Riesgo de enfermedades de transmisión sexual, embarazos no planeados y trastornos ginecológicos.

Mejor salud pública a través de la prevención y una respuesta adecuada

Esta alarmante realidad se agrava si consideramos que una ínfima cantidad de mujeres, y en particular de adolescentes, víctimas de violencia acuden o reciben servicios de salud. El rol de los sistemas de salud en la prevención y respuesta a la violencia contra las mujeres y niñas es clave porque es el servicio con el que más mujeres tienen contacto en algún momento de sus vidas.

Sin embargo, existen barreras del sistema y del comportamiento, incluyendo los prejuicios por parte de los proveedores de salud, que impiden que se cumpla este rol, abandonando a las mujeres y niñas a lidiar solas con su dolor, vergüenza y humillación y con las secuelas severas y de largo plazo que deja la violencia.

Por ello, es crítico fortalecer la respuesta por parte de los servicios de salud para brindar una atención oportuna y adecuada ante casos de violencia a adolescentes, mujeres y niñas.

Buenas prácticas y recomendaciones concretas para el sector salud

En América Latina es apremiante la necesidad de fortalecer la capacidad de los proveedores de salud para brindar una respuesta adecuada a las mujeres y niñas que sufren violencia, de acuerdo a las siguientes buenas prácticas:

1. Brindar apoyo de primera línea que atienda sus necesidades clínicas, prácticas y emocionales

2. Asegurar la privacidad y confidencialidad

3. Escucharlas con empatía y sin juzgar, de manera compasiva y respetuosa, validando su experiencia

4. Explorar opciones para procurar su seguridad y apoyar sus decisiones sobre cómo proceder

5. Referirlas a otros servicios que puedan requerir

6. Ofrecer atención profiláctica post-exposición (PEP) en las primeras 72 horas después de una violación, donde cada hora cuenta para prevenir embarazos, infección por VIH u otras infecciones de transmisión sexual.

En cuanto a la prevención primaria pueden:

7. Aumentar y mejorar la concientización sobre cómo reconocer casos sospechosos u ocurrencia de violencia de pareja o sexual

8. Compartir información valiosa sobre dónde buscar ayuda y apoyarlas en ese proceso

9. Promover el derecho a tomar decisiones sin coerción en torno a la sexualidad y la reproducción y a vivir libres de violencia

10. Trabajar con la comunidad para implementar acciones preventivas

11. Documentar la violencia contra las mujeres y sus factores de riesgo para diseñar mejores programas de prevención

Los profesionales de la salud tienen el poder de identificar pacientes que experimentan violencia antes de que ésta escale y de mitigar las consecuencias de la violencia sobre la salud de las sobrevivientes. Su intervención oportuna puede hacer la diferencia entre la vida y la muerte de una mujer, o entre que quiera morir y recupere las ganas de vivir.

Pero no basta con capacitar al personal de la salud. Se requiere un compromiso sostenido y una respuesta comprehensiva para asegurar las condiciones que apoyen a los proveedores a responder efectivamente ante la violencia de pareja y sexual.

Para empezar, hay que priorizar esta problemática en las políticas de salud y en las asignaciones presupuestarias. Debe existir una buena coordinación y redes de referencia, además de protocolos basados en evidencia (ver aquí y aquí) y formación al personal, que debe ser integrada a los programas de estudios de enfermería, medicina y salud pública. Finalmente, el entrenamiento continuo, acompañado de supervisión capacitante, prepararán mejor al personal para integrar la identificación y respuesta a la violencia en los servicios de salud infantil, materna, sexual y reproductiva y mental.

Vale la pena enfatizar que, a menudo, lo más importante que un profesional de la salud puede hacer es brindar una atención compasiva a una sobreviviente de violencia, ayudarla a comprender que es abuso y que ella no es responsable por ello y a recuperar la confianza en sí misma, y apoyarla en sus decisiones. Ningún profesional debería dejar pasar esta oportunidad, ya que frecuentemente son los únicos en posición de poder escuchar y ayudar.

¿Conoces experiencias en la región donde el personal de salud se involucre en acciones comunitarias para promover relaciones equitativas y no violentas? ¿Qué crees tú que necesita el sistema de salud para poder responder de manera oportuna y adecuada a las necesidades de las mujeres y niñas que sufren violencia por parte de su pareja u violencia sexual por un tercero? Cuéntanos en la sección de comentarios o mencionando a @BIDgente en Twitter.

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How Community Health Workers Are Helping Vulnerable Communities

Vie, 11/10/2017 - 18:19

Copyright © 2017. Interamerican Development Bank. If you wish to republish this article, please request authorization at sph-communication@iadb.org

By Mariana Eberle-Blaylock.

Despite enormous advances in technology and improvements in human welfare at the global level, there are still vulnerable populations today that have little or no access to basic health care, even in developed countries such as the United States. One factor contributing to the problem is the major crisis involving human resources in health – resources that are vital to the success of health systems. The problem is particularly acute in developing countries. As the shortage of these human resources has worsened, one of the strategies to alleviate the problem has been through the use of health promoters, also known as Community Health Workers (CHWs).

Community Health Workers to the Rescue

The role of CHWs in providing certain basic health services in local communities began in the mid-1950s with the Barefoot Doctors Program in China, which involved using volunteer health workers in local villages. The success of the program resulted in a national implementation plan, which was replicated in many countries because their conventional services were unable to provide basic health services.

In Latin America and the Caribbean, the Pan American Health Organization launched the Regional Initiative for Schools for Health Promoters in 1995 with the aim of providing training to give future generations the knowledge and skills necessary to promote and maintain healthy environments and communities. This model in most cases has been very successful in developing countries and among vulnerable populations, particularly in rural, remote, or immigrant communities.

Who Exactly Are CHWs and What Do They Do?

The profile and function of community health workers vary widely across the world. The models depend on the specific needs of each community, including its social determinants, objectives, and the health services available in the area. Betsy Rodriguez, an expert on CHWs, considers the definition of the American Public Health Association (APHA) to be the most complete. It states that the main role of these health workers is “to serve as a link between the community and the social and health services offered by the local and state government.” According to the APHA, promoters:

– Constitute front-line public health workers

– Are respected members of the community

– Serve as intermediaries or facilitators between social and health services and the community

– Facilitate access to services and improve the quality of services and the cultural context in which services are provided

– Build individual and community capacity, increasing self-sufficiency and knowledge about health topics

– Educate and carry out work with the community, offering informal advice, social support, and advocacy

According to Rodriguez, community health workers are increasingly involved in care for chronic illnesses, and their intervention has enabled patients to better manage risk factors and prevent cardiovascular diseases, such as diabetes, and has also reduced disparities in medical care.

The Example of Campesinos Sin Fronteras

I have had the opportunity to work with various groups and organizations of community health workers in the United States, including Campesinos Sin Fronteras. This pioneering organization started in 1999 with the aim of educating people in communities – mostly the poor, immigrants, and farmworkers – about chronic diseases and injuries associated with work in the fields, as well as substance abuse and domestic violence. The work is carried out in a way that integrates the various factors involved, taking into account social determinants and the specific context. CHWs in this program are members of the same community where they work and are mostly volunteers. Once empowered, they succeed in empowering others.

As stated by Emma Torres, the Executive Director of Campesinos Sin Fronteras: “I might go to someone’s home to talk about diabetes, but when I get there I see they have nothing to eat, they have a child in jail, or there is a situation of domestic violence and/or extreme poverty. All of these things need to be taken into account, so the promoter needs to have very good people skills in order to understand all this and help people in all of these possible ways. You can’t come in to solve one problem and just leave all the others unsolved.”

Challenges and Opportunities

There is a large amount of research at the global level that highlights the good work of community health workers and the direct impact they have on vulnerable populations. But the research also points to the need over the long term for governments and institutions to continue to provide training, formalization, better supervision, and support. In many cases these governments and institutions need and depend on the good work of these health workers. In the United States, certain states require that promoters be certified in order to work and be paid. Campesinos Sin Fronteras, for example, recently partnered with Arizona Western College to implement an Academic Certification Program for Promoters in order to (1) give health workers the opportunity to have their work formally recognized, and (2) motivate them to continue on with their studies. Health workers believe in and advocate on behalf of their communities in order to empower people to be self-sufficient. We continue therefore to advocate on behalf of them for better financial support and training over the long term.

Is there a community health worker program in your country? Do you think such a program could support efforts in your community? Tell us what you think in the Comments section or at @BIDgente on Twitter.

Mariana Eberle-Blaylock is a health communications specialist who works in the Social Marketing Division of ICF, a global consulting firm.

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8 cosas que debes saber sobre la Diabetes tipo 1

Vie, 11/10/2017 - 12:23

Copyright © 2017. Banco Interamericano de Desarrollo. Si deseas republicar el artículo, por favor solicita autorización a sph-communication@iadb.org.

Por Mila Ferrer.

Hace 11 años, a mi hijo menor, que en ese entonces tenía tan solo 3 años, le diagnosticaron Diabetes tipo 1. Hoy, con muchas experiencias acumuladas y gracias a la constante necesidad de educarnos más para poder cuidarle y empoderarle de la mejor manera, sabemos que, con la debida capacitación, con perseverancia y mucha paciencia, podemos llevar vidas plenas y felices.

En el Día Mundial de la Diabetes, me gustaría compartir algunos datos que ayudan a entender mejor este tipo de Diabetes:

1. La Diabetes tipo 1 es una condición autoinmune que ocurre cuando el sistema inmunológico de la persona ataca y destruye, por equivocación, las células productoras de insulina en su páncreas. Esto hace que el cuerpo deje de producir insulina. La insulina es una hormona necesaria para convertir el azúcar en la sangre (glucosa) en fuente de energía para nuestro cuerpo. Sin insulina NO podemos vivir.

2. Este padecimiento requiere tratamiento durante toda la vida. Las personas con Diabetes tipo 1 necesitan administrarse insulina diariamente para reemplazar la insulina que su cuerpo ya no produce, ya sea con múltiples inyecciones diarias o a través de una bomba de insulina. La insulina NO es una cura.

3. El paciente con Diabetes tipo 1 debe medir su nivel de glucosa mínimo 6 a 8 veces por día. Esto se hace para que podamos saber cómo va el tratamiento y determinar si es necesario hacer algún ajuste.

4. Esta condición NO está relacionada al consumo de azúcar o a la falta de actividad física, y NO se puede prevenir. (No te aflijas: Sigue leyendo hasta el final para descubrir el lado esperanzador de todo esto).

5. La Diabetes tipo 1 se diagnostica en personas de todas las edades, pero es más común entre niños, adolescentes y adultos jóvenes. Por esta razón, antes se conocía como Diabetes juvenil. Pero este término ya no se utiliza, pues cada vez son más los diagnósticos de Diabetes tipo 1 en adultos y más del 80% de los pacientes son mayores de 20 años.

6. En los Estados Unidos hay 30 millones de personas con Diabetes. De ellas, se estima que del 5 al 10% (1.5 a 3 millones) tienen Diabetes tipo 1. El restante 90 a 95% (27 a 28.5 millones) viven con Diabetes tipo 2.

7. Un riesgo adicional para estos pacientes es que pueden presentar hiperglucemia (niveles altos de glucosa) o hipoglucemia (niveles bajos de glucosa). Ambas situaciones son graves y, en caso de no recibir atención oportuna, pueden ser mortales, por lo que deben tratarse de manera rápida y eficiente.

Hiperglucemia: el cuerpo, al no tener suficiente insulina para metabolizar y usar la glucosa como energía, comienza a descomponer los músculos, provocando un by product ácido que afecta los órganos.

Hipoglucemia: cuando el nivel de azúcar es muy bajo, el cerebro no tiene suficiente glucosa para funcionar de manera correcta. Como resultado, la persona puede perder el conocimiento e inclusive morir por falta de glucosa en el cerebro.

8. En ocasiones, es fácil confundir los síntomas de la Diabetes tipo 1 con otras afectaciones de salud como la gripe, un virus estomacal o una infección urinaria. Estos síntomas NO pueden ser obviados. Si la Diabetes tipo 1 no se diagnostica a tiempo y la persona mantiene altos niveles de azúcar por largos periodos de tiempo debido a la falta de insulina, se acumulan productos químicos en la sangre, conocidos como cetonas. Niveles altos de estas cetonas pueden provocar una complicación de salud muy seria llamada cetoacidosis diabética, que inicialmente provoca un coma y puede ser mortal.

Los síntomas de la Diabetes tipo 1

Todos debemos conocer los siguientes síntomas de la Diabetes tipo 1 y, ante cualquier sospecha, consultar con un médico a la brevedad posible y pedirle que realice una prueba de laboratorio para determinar tus niveles de glucosa y descartar la enfermedad.

Entre los niños, los síntomas se desarrollan rápidamente. Los más comunes incluyen:

  • sed excesiva
  • orina frecuente
  • fatiga
  • aumento de apetito
  • pérdida de peso
  • visión borrosa
  • cambios en su personalidad (irritabilidad y bajo desempeño escolar)
  • náuseas
  • infecciones genitales en las niñas

Es importante, además, tener en cuenta la historia familiar. Los antecedentes de diabetes en la familia son un factor de riesgo; también hay susceptibilidad genética. En cambio, la alimentación al seno materno es un factor que puede proteger a los niños de esta condición.

Aunque desafortunadamente la Diabetes tipo 1 no se puede prevenir, sí se puede controlar con un buen manejo de la misma, con los siguientes pasos:

  • Ayudar a que los niveles de glucosa estén controlados lo mejor que se pueda
  • Enseñar al paciente la importancia de una dieta sana y promover la actividad física
  • Acudir a control médico periódicamente, sobre todo con el ánimo de que se identifiquen y se atiendan tempranamente las complicaciones

Nuestra vida transitando este camino ha sido interesante y lleno de retos. A pesar de las dificultades que esta condición entraña, quiero animarte y recordarte que si padeces Diabetes en cualquiera de sus formas; ¡no estás solo!

¿Te han diagnosticado a ti o a un ser querido algún tipo de Diabetes? ¿Cómo lo manejas? ¿Qué recursos son necesarios para brindar mayor y mejor apoyo a los pacientes y sus familias? Cuéntanos en la sección de comentarios o mencionando a @BIDgente en Twitter.

Mila Ferrer es una de las bloggeras más influyentes entre los padres de niños que viven con Diabetes tipo 1 en la comunidad Latina.

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Promotores de salud, al rescate en comunidades vulnerables

Lun, 11/06/2017 - 07:00

Copyright © 2017. Banco Interamericano de Desarrollo. Si deseas republicar el artículo, por favor solicita autorización a sph-communication@iadb.org.

Por Mariana Eberle-Blaylock.

A pesar de los enormes avances tecnológicos y el bienestar humano alcanzado a nivel mundial, hoy en día, siguen existiendo poblaciones vulnerables con poco o ningún acceso a cuidados básicos sanitarios, incluyendo en países desarrollados como los Estados Unidos. Un agravante es la gran crisis de recursos humanos que existe, particularmente en países subdesarrollados, con respecto al personal sanitario, ingrediente vital para el éxito de los sistemas de salud. A medida que la escasez de personal sanitario se profundiza, una de las estrategias para mitigarla se apoya sobre el uso de promotores de salud.

Los promotores de salud, al rescate

El rol de los promotores de salud para ofrecer algunos cuidados sanitarios básicos en comunidades locales comenzó a mediados de 1950, con el programa Médicos de Pies Descalzos en China, conformado por trabajadores sanitarios voluntarios de las villas locales. El éxito de este movimiento resultó en un plan de implementación nacional, que fue imitado por numerosos países en respuesta a la inhabilidad de los servicios convencionales para ofrecer servicios básicos de salud.

En América Latina y el Caribe, la Organización Panamericana de la Salud lanzó la Iniciativa Regional Escuelas Promotoras de la Salud en 1995, con el fin de formar futuras generaciones que dispongan del conocimiento, habilidades y destrezas necesarias para promover y mantener ambientes y comunidades saludables. En países subdesarrollados y entre poblaciones vulnerables, sobre todo en comunidades rurales, remotas o de inmigrantes, este modelo ha sido, en la mayoría de los casos, muy exitoso.

¿Quién, exactamente, es un promotor de salud y qué hace?

El perfil y función de los promotores de salud a nivel internacional varía ampliamente.  Asimismo, los modelos dependen de las necesidades específicas de cada comunidad, incluyendo sus determinantes sociales, objetivos y servicios de salud disponibles en el área. Para Betsy Rodriguez, experta en el tema, la definición de la Asociación Americana de Salud Pública (APHA, por sus siglas en inglés), es la más completa y estipula que el rol principal de los promotores es “servir como enlace entre la comunidad y los servicios sociales y de salud ofrecidos por el gobierno local y estatal”. Según la APHA, los promotores:

  • Son trabajadores de salud pública en primera línea
  • Son miembros creíbles de la comunidad
  • Sirven como intermediarios o facilitadores entre los servicios sociales y sanitarios y la comunidad
  • Facilitan el acceso a servicios y mejoran la calidad y capacidad cultural en la forma en que se brindan los servicios
  • Construyen la capacidad individual y de la comunidad, aumentando su autosuficiencia y conocimientos sobre temas de salud
  • Realizan trabajos con y educan a la comunidad, ofrecen consejos informales, apoyo social y abogacía

De acuerdo a Rodriguez, los promotores de salud se involucran cada vez más en el cuidado de enfermos crónicos. Asegura que su intervención ha contribuido a que los pacientes puedan manejar mejor los factores de riesgo y a prevenir las enfermedades cardiovasculares, como la diabetes, y a reducir las disparidades en la atención médica.

El ejemplo de Campesinos Sin Fronteras

En mi trabajo he tenido la oportunidad de trabajar con varios grupos y organizaciones de promotores en Estados Unidos, incluyendo Campesinos Sin Fronteras. Este modelo pionero surgió en 1999 para educar a los miembros de la comunidad, en su mayoría de bajos recursos, inmigrantes y trabajadores del campo, sobre enfermedades crónicas y lesiones asociadas con el trabajo en el campo, así como sobre abuso de sustancias y violencia doméstica. Lo hace de manera integral, teniendo en cuenta los determinantes sociales y el contexto específico. Los promotores de este programa son miembros de la misma comunidad, en su mayoría voluntarios que, una vez empoderados ellos mismos, logran empoderar a los demás.

“Yo puedo ir a la casa de estas personas a hablar sobre la diabetes, pero luego llego a la casa y veo que no tienen qué comer, que tienen un hijo en la cárcel o hay una situación de violencia doméstica, y/o mucha pobreza. Eso hay que tomarlo en cuenta, por eso, el promotor tiene que ser muy bueno con el ser humano para poder entender todo esto y ayudarlo en todos los aspectos. No puedes llegar a tapar un hoyito y dejar todos los demás abiertos.”

– Emma Torres, Directora Ejecutiva, Campesinos Sin Fronteras

 

Desafíos y oportunidades

Hay muchísima bibliografía a nivel global que resalta la buena labor que los promotores de salud realizan y el impacto directo que tienen sobre poblaciones vulnerables. Pero también destaca la necesidad de continuar con la capacitación, formalización, mejor supervisión, y apoyo a largo plazo por parte de gobiernos e instituciones que en muchos casos necesitan y dependen de la buena labor de estos promotores. En Estados Unidos, hay estados que demandan a los promotores una certificación para poder trabajar y ser remunerados. Campesinos Sin Fronteras, por ejemplo, recientemente se asoció al Arizona Western College para implementar un Programa de Certificación Académica de Promotores, con el objetivo de 1) darles la oportunidad a los promotores de que su trabajo sea reconocido formalmente, y 2) motivarlos a que continúen con sus estudios. Los promotores creen y apuestan por su comunidad con el objetivo de empoderar al individuo para que sea autosuficiente. Sigamos, entonces, apostando por ellos con mayor financiación y capacitación a largo plazo.

¿Existen programas de promotores de salud en tu país?  ¿Crees que un programa como este podría ser parte del esfuerzo en tu comunidad? Cuéntanos en la sección de comentarios o mencionando a @BIDgente en Twitter.

Mariana Eberle-Blaylock es especialista en comunicación sobre temas de salud y trabaja para la división de marketing social en ICF, una consultora global.

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¿Por qué algunas mujeres eligen Doulas para acompañar el parto?

Lun, 10/30/2017 - 07:00

Copyright © 2017. Banco Interamericano de Desarrollo. Si deseas republicar el artículo, por favor solicita autorización a sph-communication@iadb.org.

Por Julia Johannsen.

Entre los futuros padres, la doula— palabra cuya raíz se remite al griego moderno y significa “mujer sierva” o “sierva de mujeres” — está cada vez más de moda. ¿Quién es y a qué se debe su popularidad? La doula es quien proporciona el apoyo y los conocimientos necesarios para convertir el parto en una experiencia personalizada y enriquecedora. En muchos países, llena un vacío que los servicios de maternidad tradicionales no pueden llenar.

No en vano, para Margarita Anderson esta es “la profesión más increíble y gratificante del mundo”. Y es que ser doula es para tomarse en serio: su entrenamiento la certifica para el acompañamiento de partos y la capacita para brindar información adecuada durante el embarazo, el parto y el postparto. Además, provee apoyo físico y emocional en todas estas etapas, tanto a las madres como a sus familias. Aunque no son exactamente profesionales de la salud y no están capacitadas ni autorizadas para tomar decisiones médicas o para realizar procedimientos clínicos, su papel complementa al del personal sanitario durante el trabajo de parto y tiene innegables efectos beneficiosos para las madres y sus bebés.

¿Popularizando nuevas tendencias o redescubriendo antiguas prácticas?

Históricamente, las mujeres han dado a luz en compañía de otras mujeres experimentadas de su familia o comunidad. Esta costumbre, a cargo de las llamadas parteras tradicionales o comadronas, sigue siendo habitual en muchas poblaciones indígenas de América Latina y de otras partes del mundo. Las altas tasas de mortalidad materna y neonatal que persisten entre estas poblaciones han sido atribuidas en ocasiones a lo que se considera un apoyo informal por parte de estas personas. En realidad, suelen ser consecuencia de la exclusión económica y social y de la ausencia de condiciones de higiene adecuadas, personal médico cercano o acceso a servicios de emergencia que puedan prevenir o aminorar posibles complicaciones.

En aquellos países o comunidades donde las mujeres dan a luz en hospitales, centros de salud, casas de maternidad o en su propia casa con los convenientes servicios de emergencia, el apoyo continuo es proporcionado, generalmente, por mujeres que ejercen de matronas, licenciadas en obstetricia, doulas o incluso parteras tradicionales. Las doulas, comadronas y parteras tradicionales, a diferencia de las matronas y licenciadas de obstetricia, no son médicos generales ni especialistas, pero están capacitadas o formadas para atender partos. Y en todos los casos, llevan adelante su misión de tranquilizar y asegurar, con su experiencia y servicio, la mejor experiencia posible en el camino a la maternidad.

La práctica de recurrir a las doulas se originó en Estados Unidos y se ha extendido hacia América Latina, principalmente en respuesta a la necesidad de contar con apoyo continuo, no necesariamente médico, pero que provenga de una persona experimentada. Esto se debe a que la asistencia clínica básica en países como Ecuador y Bolivia está a cargo de los profesionales de la enfermería y el parto, por lo general, es atendido por especialistas médicos que han estado poco presentes en las fases previas a ese momento.

La situación difiere en la Unión Europea y en algunos países latinoamericanos como Chile o Perú, donde el sistema público sanitario establece a las matronas como principal fuente de atención para los partos vaginales sin complicaciones, debido a sus credenciales como profesionales de la salud especializados en embarazo, parto, postparto, salud reproductiva y cuidados del recién nacido. Los especialistas médicos, como los gineco-obstetras o perinatólogos, solo intervienen en el caso de complicaciones o ante la necesidad de realizar una cesárea.

El papel fundamental de las doulas

Durante el embarazo, las doulas proveen información pertinente, ayudan a clarificar el papel de la pareja en el parto y reducir el temor al dolor físico, comparten técnicas no médicas para mitigarlo y facilitan cuestiones logísticas tan básicas como indicar a las futuras madres qué debe contener su maleta a la hora de salir al hospital. Durante la fase de dilatación y en el parto, proporcionan soporte emocional con su presencia constante y palabras de ánimo, además de ofrecer información concreta sobre lo que está sucediendo y lo que va a pasar a continuación.

También alivian físicamente a las madres con técnicas de masajes, baños calientes, indicando posiciones más confortables y fomentando la movilidad. Tras el nacimiento, frecuentemente facilitan la creación de vínculos de apego entre padres y recién nacidos, ayudan en el inicio de la lactancia y ofrecen recomendaciones y consejos prácticos para el cuidado del bebé una vez en casa. Su rol, por ende, puede tener efectos significativos para contribuir a un parto saludable, sin reemplazar otros elementos que aseguren un parto seguro.

¿Es una opción factible?

En la mayoría de la región, el servicio de la doula se considera un gasto privado y su presencia puede no ser aprobada por los hospitales, tanto públicos como privados. En Ecuador, donde Margarita ejerce su profesión, las doulas pueden cobrar 50 dólares por sesión pre y postnatal y hasta 250 dólares por el parto propiamente dicho, sumando un total de 500 dólares. En Estados Unidos, estos servicios no suelen estar comprendidos en los paquetes hospitalarios y los costes pueden oscilar entre los 500 y los 3.500 dólares.

La falta de respaldo social y legislativo en algunos países contrasta con la evidencia científica que demuestra los efectos beneficiosos del apoyo continuo a la mujer, que incluyen una mayor tendencia a partos espontáneos, es decir, por vía vaginal sin necesidad de ventosas, fórceps o cesáreas.  Las mujeres que reciben apoyo continuo, además, tienden a usar menos medicación, a tener partos más cortos y a considerar su experiencia como más positiva.

En estos casos, sus bebés suelen ser menos propensos a tener índices bajos en los tests de Apgar de los 5 minutos, y la calidad, resultados y experiencia de cuidado de un hecho tan único, en su totalidad, mejora. Aunque cada caso varía y es crítico apoyarse sobre doulas debidamente capacitadas, vale la pena plantearse esta opción como un elemento de apoyo continuo en el camino hacia la maternidad.

¿Considerarías recurrir a las doulas para acompañar tu parto? ¿Cuál ha sido tu experiencia con acompañantes durante el parto y embarazo? ¿Son una opción en tu país? Cuéntanos en la sección de comentarios o escríbenos a @BIDgente en Twitter.

Julia Johannsen es especialista sénior en protección social en la División de Protección Social y Salud del Banco Interamericano de Desarrollo en Ecuador.

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Why Do Some Women Want Doulas to Accompany Them During Childbirth?

Lun, 10/30/2017 - 07:00

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By Julia Johannsen.

Among future parents, the “doula” – a Greek word that means “servant woman” or “women’s servant” – is increasingly popular. Who are doulas and what accounts for their popularity? A doula is someone who provides the support and understanding necessary to make childbirth an enriching and personalized experience. In many countries doulas meet a need that traditional maternity services cannot.

Not surprisingly, for Margarita Anderson, this is “the most incredible and gratifying profession in the world.” And to be a doula is something to be taken seriously: their training certifies them to accompany deliveries and trains them to provide appropriate information during pregnancy, delivery, and following childbirth. In addition, the doula provides physical and emotional support during all these stages, both to mothers as well as their families. Although doulas are not specifically health professionals and are neither trained nor authorized to make medical decisions or conduct clinical procedures, their role complements that of health personnel during the delivery and has undeniable benefits for mothers and their babies.

Popularizing New Trends or Rediscovering Old Practices?

Historically, women have given birth in the company of other experienced women in the family or the community. This custom, handled by what are called midwives or traditional birth attendants, continues to be common among many indigenous populations in Latin America and other parts of the world. High rates of maternal and neonatal mortality that persist among these populations have sometimes been attributed to what is considered the informal support provided by these persons. In reality, those rates are generally due to economic and social exclusion, the absence of adequate sanitary conditions and nearby medical personnel, or lack of access to emergency services that can prevent or mitigate possible complications.

In those countries where women give birth in hospitals, health centers, maternity hospitals, or in their own homes but with emergency services nearby, continuous support is provided by nurse auxiliaries, licensed obstetricians, doulas, or even traditional midwives. Doulas and traditional midwives, in contrast to nurse auxiliaries and licensed obstetricians, are neither physicians nor specialists, but they are trained in deliveries. And in all cases, they use their experience and skills to carry out their mission to calm and reassure the expecting mother in order to ensure the best possible experience along the path to childbirth.

The practice of turning to doulas started in the United States and has extended into Latin America, primarily in response to the need for continuous support – not necessarily medical support, but support from someone experienced. This is due to the fact that basic clinical care in countries like Ecuador and Bolivia is handled by nursing professionals, while deliveries in general are handled by medical specialists who have barely been present during the phases prior to the moment of delivery.

The situation is different in the European Union and in some Latin American countries such as Chile or Peru, where the public health system designates midwives as the main source of care for vaginal births without complications, given the credentials of these midwives as health professionals who specialize in pregnancy, birth and post-partum care, reproductive health, and neonatal care. Medical specialists, such as obstetrician-gynecologists or perinatologists, only intervene in the event of complications or when there is a need for a Caesarian section.

The Fundamental Role of Doulas

During pregnancies, doulas provide pertinent information, help clarify the role of the woman’s partner in the delivery, try to reduce fear about the physical pain involved in delivery and share nonmedical techniques to mitigate it, and address logistical questions as basic as what women should have in their suitcase when it’s time to go to the hospital. During labor and delivery, they provide emotional support through their constant presence and encouragement, in addition to offering concrete information about what is happening and what is going to happen next.

Doulas also alleviate women’s physical pain using such techniques as massages and hot baths, indicating positions that are more comfortable, and promoting mobility. After the birth, they frequently facilitate the bonding process between parents and newborns, help with the initiation of breastfeeding, and offer practical recommendations and advice about care for the baby upon returning to the home. Their role can thus have significant effects in contributing to a healthy birth, without replacing other aspects of the process that ensure a safe birth.

Is It a Feasible Option?

In most of the region, the service of a doula is considered a private expense and hospitals, public or private, can choose not to allow the presence of a doula. In Ecuador, where Margarita works, doulas can earn $50 per pre-natal and post-natal session and up to $250 during the delivery itself, for a total of $500. In the United States, these services are generally not included in hospital packages and the costs can range between $500 and $3,500.

The lack of social and legislative support in some countries stands in contrast to scientific evidence that demonstrates the beneficial effects of continuous support from a doula, which include a greater tendency for spontaneous births, that is, vaginal births without a need for induction, forceps, or Caesarian section. In addition, women who receive continuous support tend to take less medication, have deliveries that take less time, and have a more positive view of their childbirth experience.

Also in these cases, the women’s babies generally have a lower propensity to have low five-minute Apgar test scores, and the quality and results of care as well as the overall care experience for such a unique event improves. Although every case is different and it is important to use a doula who is properly qualified, it is worth considering this option as an element of continuous support on the path toward maternity.

Would you consider using a doula to accompany your delivery? What has been your experience with companions during pregnancy and delivery? Is this an option in your country? Tell us in the comments section below or by mentioning @BIDgente on Twitter.

Julia Johannsen is a Social Protection Specialist with the Inter-American Development Banks’s Division of Social Protection and Health in Ecuador.

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La planificación hospitalaria ya no se basará principalmente en el número de camas

Lun, 10/23/2017 - 07:00

Copyright © 2017. Banco Interamericano de Desarrollo. Si deseas republicar el artículo, por favor solicita autorización a sph-communication@iadb.org.

Por Ian W. Mac Arthur.

La primera pregunta que las autoridades de salud suelen hacer sobre los hospitales es, “¿cuántas camas tiene?” Tradicionalmente, este indicador ha sido una de las unidades de medida más icónicas de planificación sanitaria y uno de los recursos más emblemáticos en la psicología de los pacientes.

No obstante, la cama hospitalaria ya no será un punto de referencia tan significativo. Ello se debe a una confluencia de factores que se intensifican y han generado cambios en la organización de los sistemas sanitarios y en el rol de los hospitales dentro de los mismos.

Los hospitales enfrentan nuevos retos

El factor principal en medio de estas nuevas tendencias es la transición demográfica y epidemiológica— poblaciones más envejecidas y una mayor carga de enfermedades crónicas y pluripatología. Esto genera una creciente demanda de servicios en un contexto generalizado de restricción del financiamiento. Además, la presión sobre el gasto sanitario se intensifica debido a las altas tasas de inflación en el sector, las nuevas tecnologías de alto costo, y las ineficiencias de los sistemas orientados históricamente a prestar atención a condiciones agudas ante la ola de cronicidad.

Los propios pacientes han transformado, también, la manera en que funcionan los servicios de salud. Están cada vez mejor informados sobre salud, son más proactivos en el manejo de sus condiciones y tienen expectativas más altas acerca de la calidad de los servicios. Asimismo, las tecnologías de la información y comunicación permiten nuevas maneras de interacción entre el personal sanitario y los pacientes, así como de configuración espacial de servicios.

Para sobrevivir, adaptarse es obligatorio

Hay varias formas en que los hospitales están respondiendo a esta nueva realidad, entre las cuales destacan las siguientes:

  • Articulación de los hospitales en redes integradas de servicios diversificados. Los avances en la tecnología médica asociados a los servicios ambulatorios de cirugía y tratamiento médico (en oncología, por ejemplo), la predominancia del paciente crónico, y el desarrollo de las tecnologías de información y comunicación (TIC) permiten trasladar servicios fuera del hospital, a través de la recuperación telemonitorizada y hospitalización a domicilio, consultas remotas, y telemedicina. Además, se están configurando servicios sanitarios complementarios, como los cuidados intermediarios de larga duración para pacientes subagudos, que buscan reducir el riesgo de infecciones adquiridas en los hospitales y utilizar de manera eficiente las camas. Para atender adecuadamente a los pacientes crónicos y con pluripatología, se requiere de mayor continuidad de los cuidados, multidisciplinariedad, integración con los servicios sociosanitarios y una atención primaria fortalecida.
  • Especialización de la oferta. El modelo tradicional del hospital general con una cartera de servicios homogéneos ha resultado inviable en muchos países. Por ello, es cada vez más común encontrar hospitales con un enfoque particular en aras de incrementar los volúmenes de pacientes para optimizar la calidad y reducir costos unitarios. Este fenómeno, junto al éxodo de pacientes no agudos a servicios secundarios de salud, está derivando en hospitales que concentran una mayor proporción de casos complexos y que requieren intervenciones médico-quirúrgicas más sofisticadas. En consecuencia, en algunos países se observa una reducción en la cantidad de camas de pacientes agudos y también una estancia media más corta, asociada a la perfección de las tecnologías médicas.
  • Nuevas relaciones de colaboración y contratación. Tradicionalmente los hospitales operaban de forma bastante autónoma; sin embargo, es más eficiente estructurar algunos servicios independientes que pueden servir a múltiples prestadores. El diagnóstico por imagen y laboratorio, por ejemplo, fueron los primeros en emplear este modelo, maximizando la productividad de la tecnología y del recurso humano de alto costo y limitado, que difícilmente podía ser absorbido por una sola entidad. Asimismo, diferentes prestadores están integrando servicios clínicos a través de la conformación de equipos únicos, el intercambio o rotación de profesionales y residentes, la adopción de protocolos en común, la contabilización conjunta de producción, y la utilización de TIC.

Las fuerzas de cambio están transformando al hospital convencional en un establecimiento aún más especializado dentro de una oferta de servicios entrelazados que hoy llegan hasta el domicilio del paciente. En esta nueva organización el indicador más conocido no debería estar vinculado a la cama hospitalaria, sino a la actividad productiva generada por la red de prestadores en que se encuentra articulado el hospital.

Para conocer más sobre este tema, visita la página del Diálogo Regional de Políticas de Salud, promovido por el Banco Interamericano de Desarrollo.

¿Consideras que los hospitales en tu país serán diferentes en el futuro? ¿Qué otros aspectos hay que considerar? Cuéntanos en la sección de comentarios o escríbenos a @BIDgente en Twitter.

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La terapia genética, ¿una cura viable para el cáncer?

Lun, 10/16/2017 - 07:00

Copyright © 2017. Banco Interamericano de Desarrollo. Si deseas republicar el artículo, por favor solicita autorización a sph-communication@iadb.org.

Por Ursula Giedion.

Casi todos tenemos un conocido que ha tenido que luchar contra el cáncer, hoy una de las principales causas de mortalidad en el mundo. Y aunque nadie quiere pensar en la posibilidad de que eso ocurra, se prevé que esta enfermedad aumente un 50% para 2030. A pesar de eso, aunque parezca que no habrá final feliz, hay razones para tener esperanza.

La respuesta parecería recaer sobre la terapia genética, una novedosa arma contra el cáncer que abre las puertas a una forma completamente distinta de tratar esta enfermedad. Básicamente, consiste en procedimientos que parecen sacados del cine, pero son reales: células asesinas que son transfundidas en el interior del organismo humano para atacar cualquier elemento que consideren extraño; retirar del torrente sanguíneo de los enfermos de leucemia millones de glóbulos blancos; manipularlos genéticamente para que reconozcan y eliminen el cáncer, replicarlos y reintroducirlos en el paciente.

Las buenas noticias hay que compartirlas… mientras se pueda

Centros de investigación, universidades y laboratorios del mundo entero están en una carrera, liderada por el laboratorio Novartis, por conseguir la aprobación de estas nuevas terapias. La FDA, agencia estadounidense que regula los medicamentos y tratamientos en Estados Unidos, y cuyas decisiones son imitadas por buena parte del mundo, acaba de aprobar un medicamento para niños con leucemia. Se llama Kymriah y ya en su fase de pruebas salvó a una pequeña que estaba a punto de fallecer, consiguiendo, además, que la enfermedad remitiera en el 83% de los niños tratados.

La terapia genética podría ser el comienzo de una transformación radical en la lucha contra el cáncer: atrás quedarían radio y quimioterapias, múltiples ciclos de tratamiento y no estaría lejos la cura de otros tipos de tumores sólidos, como los de próstata, mama, pulmones, páncreas u otros órganos. Sin embargo, el tratamiento recién aprobado sale al mercado a un precio de 475.000 dólares que, aunque sólo se cobrarían si la enfermedad remite, supone un coste muy elevado. Este se justifica por las industrias farmacéuticas con el argumento de que cada tratamiento debe canalizarse en exclusiva para cada paciente y con la necesidad de recuperar la inversión en Investigación y Desarrollo.

¿Una cura viable?

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más del 60% de los nuevos casos de cáncer, y el 70% de las muertes resultantes, se dan en África, Asia y América Latina y el Caribe. Esto supone un importante reto para los gobiernos y ciudadanos de estos países, que cuentan con recursos limitados para costear servicios mucho más básicos.

Cuando un tratamiento médico es aprobado, las empresas farmacéuticas persiguen financiamiento público y los Ministerios de Salud tienen que decidir, sometidos a infinidad de presiones, si los cubren o no, con base en sus recursos y precios. En la mayoría de casos, y especialmente en nuestros países, las tecnologías o medicinas con precios muy elevados no pueden ser costeadas por los sistemas de salud o, de serlo, obligan a desplazar fondos destinados a otros servicios sanitarios, resultando en una reducción de la calidad y del acceso de los ciudadanos a los mismos.

Por otra parte, los gobiernos suelen tener poco margen para decidir si financian o no un tratamiento luego de ser aprobado por la FDA. Por ello, es urgente que los responsables políticos se planteen desde ya cuál será su posición al respecto y que evalúen las ventajas de financiarlos y las posibles medidas más efectivas en la regulación de los costes. Entre ellas están acordar un buen precio a cambio de volumen de ventas, vincular el precio a los resultados o negociar conjuntamente los precios para varios países, como se está haciendo en estos momentos en el también oneroso tratamiento de la hepatitis C. Finalmente, y a favor de ofrecerlos a la ciudadanía, deben diseñar planes que promuevan su uso racional.

Redes de apoyo a la innovación que salva vidas

Cada vez más surgen iniciativas regionales e internacionales, públicas y privadas, para apoyar a los países en estos procesos complejos de toma de decisiones ante un creciente número de tratamientos que, si bien podrían marcar una diferencia en las expectativas de vida de los pacientes, son demasiado caros para sus familias y no pueden ser costeados por los sistemas públicos de salud.

El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) cuenta con dos plataformas de asesoramiento para este propósito:

  • Red Criteria, que ofrece asistencia técnica diseñada a la medida de las necesidades de los países de América Latina; y
  • DIME (Decisiones Informadas sobre Medicamentos), una plataforma colaborativa sobre evaluación de tecnologías sanitarias, precios, cobertura, disponibilidad y uso racional de medicamentos de alto impacto financiero.

Ambas propuestas reflejan la creencia de que la gestión de estas tecnologías solo puede hacerse evaluando en términos sociales y económicos su eficacia y considerando los siguientes aspectos:

  • el número de personas que se verían beneficiadas
  • negociando los precios
  • decidiendo qué cubrir, cuándo y para quién
  • fomentando un uso racional de las mismas

Todas estas serán decisiones que deberán ser tomadas en un futuro más o menos inmediato. Hay mucho en juego y el final feliz no vendrá marcado por los títulos de crédito de una producción cinematográfica, sino por su impacto en las vidas de personas como tú o yo.

Ursula Giedion coordina la Red CRITERIA del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

*CRITERIA es una iniciativa del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) que busca apoyar a los países de la región para que cuenten con la evidencia e instituciones requeridas para el mejoramiento de la asignación y priorización del gasto público en salud. A través del fortalecimiento de procesos, la promoción del trabajo colaborativo y el intercambio de conocimiento y experiencias sobre priorización en salud, CRITERIA propone ideas y alternativas para avanzar hacia la cobertura universal en salud en un contexto de recursos restringidos y costos crecientes. Si quieres ser parte de esta Red, suscríbete AQUÍ.

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Día Mundial de la Salud Mental: es hora de romper el silencio

Lun, 10/09/2017 - 08:12

Copyright © 2017. Banco Interamericano de Desarrollo. Si deseas republicar el artículo, por favor solicita autorización a sph-communication@iadb.org.

Por José Miguel Uribe, MD, MPH.

En los últimos 23 años, se ha incrementado en un 50% el número de pacientes en el mundo con depresión o ansiedad, según la Organización Mundial de la Salud. Son aproximadamente 615 millones de personas las que batallan contra estas enfermedades a diario y, probablemente, muchas más las que, sufriendo a su lado, se ven afectadas.

En el 2016 los trastornos depresivos mayores se encontraron entre las 10 primeras causas de enfermedad en todos los países del mundo, excepto en 4, según el más reciente estudio de la Carga Global de Enfermedad. En su conjunto, la depresión y la ansiedad representan un costo de $1 billón de dólares anuales sobre la economía mundial. Son dos de las manifestaciones más comunes de la enfermedad mental.

Es hora de un cambio

La salud mental es una problemática de enorme complejidad, pero con profundos efectos sobre la vida diaria de las personas. Incluye temas tan amplios como los factores sociales y las experiencias que desde muy temprano en la vida tienen efectos significativos en el curso vital. Los aspectos de promoción de la salud mental involucran diversos sectores sociales y dependen de muchas políticas públicas, no solo de salud. A pesar de su relevancia, desde hace 27 años el panorama de la salud mental muestra escasa mejoría.

La dimensión clínica de la salud mental, que incluye la depresión y la ansiedad, está mucho más extendida de lo que pensamos, y mucho más escondida e ignorada de lo que debería.

La inversión en salud mental es clave, pero escasa

A pesar de casi tres décadas de evidencia clara sobre el impacto de los trastornos mentales en la carga de enfermedad, la salud mental escasamente aparece en la agenda de política pública. No hay esfuerzos sostenidos por parte de los actores principales en salud pública que asignen recursos suficientes para enfrentar este importante reto.

Si bien la asignación en la ayuda global para salud mental aumentó ligeramente entre 2007 y 2013, ésta aún representa menos del 1% de la asistencia total para la salud. De este porcentaje, casi la mitad (48%) del gasto en salud mental se destina a asistencia humanitaria, educación y servicios civiles.

Tal vez sea necesario reiterar, que contamos con evidencia suficiente sobre la costo-efectividad de las intervenciones en salud mental. Un análisis de 36 países mostró que el incremento de la cobertura para la depresión y la ansiedad, dos trastornos mentales comunes, generó beneficios significativos, tanto en cuestión de años extra de vida saludable como en términos económicos, sobre todo por la productividad que se recupera gracias al tratamiento. Si consideramos solamente los beneficios económicos, se estima que la tasa de retorno por cada peso invertido sería de 2.3 a 3.0. Ésta aumentaría a valores entre 3.3 a 5.7 por cada peso invertido, si se incluyen los beneficios en salud.

La evidencia clama acción

¿Por qué, entonces, no hay claros esfuerzos para diseñar políticas de salud mental que reflejen un compromiso sólido por parte de los actores principales? Un argumento esgrimido es que a los tomadores de decisiones, agentes gubernamentales y pagadores de salud no les interesa la salud mental lo suficiente como para colocarla entre sus prioridades de financiamiento. Si bien algunos países como Perú y Colombia han logrado avances importantes como la aprobación de leyes de salud mental, en la práctica la implementación de los planes o políticas son insuficientes.

Esta es la trampa del silencio: no podemos hablar de atención primaria con equidad y con universalidad si no se incluyen programas de salud mental integrada. Si no hablamos francamente de esto, nos mentimos a nosotros mismos sobre la realidad e incidencia de este problema. Usando un ejemplo de la misma psiquiatría: si nadie habla en la familia del abuso de sustancias, o de la depresión, se mantiene la ilusión de que el problema, sin más, no existe.

Pero lo cierto es que no puede haber equidad ni atención primaria integral si no se incluye en el plan básico a la salud mental, ni tampoco cobertura universal sin un acceso real al tratamiento de los trastornos mentales. Las excusas no son aceptables pues contamos con ejemplos que muestran que es posible integrar la atención en salud mental en el nivel primario, como ha sido el caso de Chile y su expansión en la cobertura de la depresión. Este ejemplo debe animar al resto de la región.

Tomando cartas en el asunto

Existen barreras internas a una mayor integración de la salud mental en los marcos de políticas públicas. El movimiento por la salud mental requiere de un marco común que recoja las innovaciones e intervenciones que mayor costo-efectividad ofrezcan, que se puedan implementar a escala y que se comuniquen de manera clara a los tomadores de decisiones.

La participación del paciente, que se enfrenta a un reto aún mayor en salud mental en comparación con otras enfermedades crónicas, es crítica para transformar los sistemas de salud. Por razones de estigma (de la sociedad, de los encargados de las políticas de salud mental, e incluso de algunos profesionales de salud), las personas con trastornos mentales no son escuchadas y con frecuencia no se sienten con derecho a participar en el sistema de salud al igual que otros pacientes.

Por ello, urge empoderar a los pacientes de salud mental y hacer mayores esfuerzos por incrementar la información y formación en salud mental. Sin embargo, esta creciente participación de pacientes y familias debe encontrar un eco en quienes influyen en las políticas de salud pública, quienes son finalmente los responsables de integrar la salud mental en la atención primaria.

Comparto 5 acciones específicas para promover la salud mental en las políticas de salud.

1.     Romper el silencio: cuando se hable de políticas y planes de salud, pregunte por la salud mental. 2.     Romper el estigma: conocer las experiencias reales de personas con trastornos mentales en su proceso de recuperación. 3.     Evitar la fragmentación: no hay atención primaria sin integración de salud mental, no hay cobertura universal sin cobertura en salud mental. 4.     Olvidar los prejuicios: hay modelos de intervención para los trastornos mentales, con suficiente evidencia de efectividad. 5.     Acabar con la exclusión: incluir a los pacientes y sus familias en los planes de salud, en la decisión compartida y en la evaluación de desenlaces y resultados.

¿Qué estrategias se usan en tu país para hacer frente a los problemas de salud mental? ¿Es la salud mental reconocida o estigmatizada en tu círculo? Déjanos tus comentarios o súmate a la conversación usando @BIDgente en Twitter.

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