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Por un 2019 que nos acerque a la cobertura universal de calidad

Mar, 12/11/2018 - 07:53

Por Frederico Guanais

En 1978, la Organización Mundial de la Salud y UNICEF organizaron una conferencia de salud en Alma Ata, una desconocida ciudad en la entonces Unión Soviética, que es hoy la ciudad de Almaty en Kazakstán. Ahí los participantes acordaron un objetivo ambicioso e histórico: alcanzar la cobertura universal de salud hasta el año 2000. El 2000 ya quedó en el pasado y todavía no podemos decir que todas las personas cuentan con servicios de salud, ni en América Latina y el Caribe ni en el resto del mundo.

Esa importante meta sigue viva en la agenda de política internacional, aunque haya sido extendida. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible ahora proponen que la cobertura universal de salud se alcance hasta 2030 y que las personas estén protegidas del riesgo de caer en la pobreza, lo que podría impedirles pagar las cuentas de cuidados médicos. Sin embargo, la promesa de la cobertura universal puede todavía resultar vacía si no es posible garantizar que los servicios sean de calidad y atiendan a las expectativas de sus pacientes.

La buena calidad de la atención salva vidas

El argumento de que los avances hacia la cobertura universal deben ser medidos a partir de una cobertura efectiva, que considere servicios de calidad, está en el centro de un reciente informe de la Comisión de la revista Lancet Global Health. La medición de la cobertura efectiva requiere definir y focalizar a la población que necesita de cada tipo servicios, que debe tener acceso al cuidado y recibir atención de calidad. En la región este tema es todavía más relevante, pues estamos relativamente más avanzados en términos de cobertura de servicios de salud que otros países de ingresos bajos y medianos.

Según un estudio que subsidió el reporte de Lancet, de las muertes que pudieran ser evitadas en los sistemas de salud en América Latina y el Caribe cada año, 156.000 se deben a la falta de acceso a servicios de salud y otras 382.000 a la mala calidad de esos servicios. Por supuesto, es necesario garantizar que las muertes por falta de cobertura sean evitadas mediante la expansión de la atención, pero cabe destacar que el 71% de las muertes evitables ocurrieron en personas que sí utilizaron servicios de salud. Estas muertes no se dieron por falta de cobertura, sino por mala calidad, y los más pobres son más vulnerables a ese tipo de atención deficiente. Es claro, entonces, que la cobertura sin calidad es un desperdicio de recursos.

¿Cómo asegurar que no se pierda esta oportunidad?

Es importante resaltar que la expansión de la cobertura y la mejora de la calidad no son objetivos antagónicos. De hecho, se puede aprovechar el movimiento de expansión hacia la cobertura universal mediante la adopción de estándares nacionales y guías de cumplimiento para que los servicios de salud garanticen una atención de alta calidad para todos, conforme a las expectativas y necesidades de los pacientes. Por ello, los paquetes de servicios de salud contemplados en la cobertura universal deben ser comunicados de forma transparente para que la población sepa qué esperar. Los pacientes deben entender en qué consisten los paquetes de beneficios de salud y cuáles son las opciones disponibles, y deben poder transmitir a los prestadores de servicios sus necesidades y preferencias.

Por ejemplo, los paquetes de beneficios deberían incluir los estándares de calidad para los servicios y describir claramente en qué consiste la atención de alta calidad, incluyendo en la etapa de diagnóstico y tratamiento desde la atención primaria, así como proveer la referencia y continuidad de la atención en los servicios de mediana y alta complejidad, cuando sea necesario.

La mayor parte de las discusiones actuales sobre la cobertura universal de salud se concentran en las necesidades de financiamiento para poder expandir el acceso a los servicios para todos, pero sin la garantía de calidad, una mayor cobertura puede no resultar en mejores condiciones de salud para la población. En el mediano plazo, la sostenibilidad del financiamiento dependerá de que los servicios sean de calidad y realmente atiendan a las necesidades de los pacientes, pues la probabilidad de que las personas acepten pagar los impuestos necesarios para financiar los servicios es mayor cuando se sienten tomadas en cuenta. En ese sentido, desde la perspectiva de los pacientes, una mayor confianza en los servicios de salud es uno de los impactos más visibles e importantes cuando la atención es de alta calidad.

Evaluar el progreso en alcanzar la salud para todos hacia el 2030, en el contexto de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, no puede ignorar más la importancia de una cobertura de calidad. La cobertura efectiva, una visión que unifica los conceptos de cobertura y calidad en la práctica, debería ser adoptada e incluida en los indicadores nacionales y globales de medición del progreso en la cobertura de salud. Si la cobertura efectiva fuera universal, en América Latina y el Caribe se habrían salvado 538.000 personas este año. Sin duda, este sería un paso esencial para garantizar que, esta vez, realmente alcancemos la salud para todos.

Descarga esta publicación y conoce más sobre la perspectiva de los pacientes en la región.

¿Qué iniciativas conoces para mejorar la calidad de la atención de salud donde vives? Comparte tu opinión en la sección de comentarios o menciona a @BIDgente en Twitter.

Frederico Guanais es especialista de salud en la División de Protección Social y Salud  del Banco Interamericano de Desarrollo y miembro de la Comisión Lancet de Salud Global sobre Sistemas de Salud de Alta Calidad en la Era de los ODS.

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¿Cómo apoyar a quienes acompañan a las personas con discapacidad?

Vie, 11/30/2018 - 16:19

Por Julia Johannsen

Nilda Villacres, experta en salud pública en Ecuador, es también madre soltera de un hijo de 30 años que nació con parálisis cerebral. A pesar de las dificultades, se siente afortunada de tener una profesión que le ayuda a cubrir los costos de las personas que acompañan a su hijo durante buena parte de su jornada laboral. “Yo lo cuido sola las noches, fines de semana y feriados cuando no están las chicas. Conozco a muchas mamás que dejaron sus estudios para cuidar de su hijo o hija con discapacidad a tiempo completo y hoy no son felices. Por más que ames a tu hijo, también tienes necesidades”, expresa.  

En este Día Internacional de las Personas con Discapacidad, quiero hablar de sus asistentes, aquellos que, generalmente de manera informal, forman parte esencial de la garantía de sus necesidades y derechos día a día pero muchas veces no son considerados en las discusiones de políticas públicas en torno a la discapacidad en nuestra región.

¿Servicios informales?

La asistencia personal informal es aquella que atiende a las personas con discapacidad, los enfermos crónicos o adultos mayores. Generalmente este rol lo cumplen familiares, vecinos o amigos cercanos, que en su gran mayoría no son remunerados ni están afiliados al seguro social. La Convención de Naciones Unidas sobre las personas con discapacidad establece que ellas sean sujetos de derecho con igual acceso a oportunidades que las demás personas y puedan ejercer libremente sus derechos. Pero muchas de ellas requieren una asistencia personal diaria que es inasumible para buena parte de los Gobiernos y que, a la larga, termina recayendo en sus familiares, principalmente en las mujeres.

Los servicios informales representan la principal fuente de asistencia personal a la dependencia en países de todo el mundo. En Europa, por ejemplo, se estima que los asistentes informales prestan el 80% de todos los servicios de asistencia personal a largo plazo y que entre el 10 y el 25% de la población europea trabaja como asistente informal de una persona cercana que requiere apoyo personal por cuestiones de edad, discapacidad o enfermedad. Hay pocos datos para los países con ingresos medios o bajos. En Ecuador, un país que ha avanzado más en políticas públicas para personas con discapacidad que otros países en América Latina, la cifra estimada sería aún mucho más alta porque los  servicios “formales” son muy escasos.

Asistir a los asistentes

Atender a largo plazo a un hijo o a un familiar con discapacidad tiene impactos significativos en la vida de los asistentes, tanto para su economía como para su salud.

Por un lado, puede implicar abandonar el puesto de trabajo o ni siquiera entrar en el mercado laboral para poder realizar el trabajo de asistencia en casa. Esto reduce los ingresos de estos hogares que de por sí ya tienen que hacer frente, en muchos casos, a gastos adicionales de medicamentos, alimentos especiales, pañales o productos de higiene, según lo requiera el caso.

Por otro lado, el estrés, el cansancio, el aislamiento y la imposibilidad de vivir una vida propia puede provocar una sobrecarga, hasta el extremo del síndrome de desgaste (o burnout) en estas personas. Este síndrome afecta la salud física, mental y emocional, lo que termina por deteriorar la calidad del servicio de asistencia prestado e implica costos económicos y sociales.

¿Puede y debe el estado regular y mejorar los servicios informales?

Es importante que los Gobiernos aumenten los esfuerzos por facilitar servicios adecuados de asistencia personal y médica que sean profesionales, formales y remunerados, y que permitan la inclusión de las personas con discapacidad en todos los ámbitos. Por otro lado, mientras la oferta de servicios formales no cubra la demanda existente y creciente, es igualmente importante que el Estado reconozca y mejore los servicios informales ofrecidos por familiares.

Una medida sería ofrecer pagos mensuales a los asistentes informales (“cash-for-care”). En Ecuador, el Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES) otorga una ayuda mensual de 240 dólares en efectivo a los asistentes informales (nueve de cada diez son mujeres) en función del grado de discapacidad de las personas que asisten. Este programa, conocido como Bono Joaquín Gallegos Lara, está destinado únicamente a familias en situación de pobreza y ha beneficiado a más de 24.000 hogares en 2018.

Otra opción sería formalizar estos servicios, permitiendo la afiliación a la seguridad social de los asistentes informales, quizás con co-pagos subvencionados, y así reducir su vulnerabilidad ante los riesgos de salud y falta de pensiones del futuro. Un tercer elemento sería profesionalizar a los asistentes informales a través de la capacitación y la certificación de competencias. Esta medida puede mejorar la calidad del servicio que ofrecen y, además, facilitar su futura inserción al mercado laboral como asistentes profesionales.

Finalmente, es necesario que se levante y actualice un registro nacional de asistentes informales para aportar más información al Estado sobre la situación de las personas con discapacidad, sus familias y sus necesidades. Ello permitiría diseñar mejores políticas públicas en el ámbito de la discapacidad, así como incentivar la creación de redes comunitarias de apoyo entre familias y asistentes en la misma situación para intercambiar experiencias y preocupaciones en la dificultad. A Nilda, por ejemplo, le encantaría formar parte de una red comunitaria de apoyo, pues considera que “no hay acompañamiento u orientación y mucho menos servicios profesionales” asequibles.

Estas medidas no resuelven el problema en su conjunto pero están en línea con la creciente demanda social para aumentar la protección económica de las personas con discapacidad y la remuneración de los servicios informales. Al Estado le compete garantizar las mejoras en la cobertura y calidad de los servicios profesionales y formales de asistencia personal. Pero es una ilusión pensar que estos sistemas de asistencia pueden llegar a funcionar sin los servicios informales. El envejecimiento acelerado de la población aumentará la necesidad de articular reformas que mejoren la sostenibilidad y calidad de los servicios informales de asistencia personal. Registrar, formalizar y profesionalizar estos servicios puede incidir en el bienestar de las personas con discapacidad y en el de aquellos que las asisten.

¿Has tenido experiencia como asistente personal de un ser querido con discapacidad? Comparte tu experiencia en la sección de comentarios o mencionando a @BIDgente en Twitter.

Julia Johannsen es especialista senior en protección social en el Banco Interamericano de Desarrollo.

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¿Qué pasa con los derechos de los adultos mayores?

Mar, 11/27/2018 - 13:26

Por Nadin Medellín

 A propósito del 70º aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, ¿sabías que no existe una declaración universal de los derechos de los adultos mayores, como sí la hay en el caso de los niños y de los pueblos indígenas? Lo que sí existe en las Naciones Unidas es un espacio de discusión formal sobre cuáles son los derechos más relevantes para esta población.

En un inicio, el tema de los adultos mayores parecía que concernía solamente a algunos países desarrollados. En 1991, cuando se adoptaron los Principios de las Naciones Unidas en favor de las personas de edad, solamente el 7% de la población en América Latina y el Caribe tenía 60 años o más. En 2010, cuando se estableció el grupo de trabajo permanente sobre envejecimiento de la ONU, esa cifra aumentó al 10%. Pero el panorama cambiará pronto para la región. En las próximas décadas se espera que el crecimiento de la población adulta mayor se acelere, de manera que para 2050 uno de cuatro habitantes de la región serán adultos mayores. Para tener una referencia, en solo 35 años la estructura de la población de la región cambiará a lo que a Europa le tomó 65 años alcanzar.

Autonomía vs dependencia

Naciones Unidas ha reconocido que hacen falta esfuerzos específicos para mejorar las condiciones de vida de los adultos mayores, incluyendo el acceso a los servicios de salud y de atención a la dependencia. Este último punto es particularmente relevante para los adultos mayores, pues son más propensos que otras poblaciones a requerir de apoyo para realizar tareas básicas que la mayoría consideramos como algo muy cotidiano y personal. Esto incluye, por ejemplo, tomar decisiones sobre las finanzas personales o el tratamiento médico a recibir o realizar actividades sumamente privadas como utilizar el baño y ducharse. De acuerdo a estimaciones del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), 11% de las personas adultas mayores (60+) en América Latina y el Caribe tiene dificultad para realizar al menos alguna de esas actividades. Dicha proporción aumenta considerablemente en los grupos de mayor edad y afecta más a las mujeres que a los hombres.

La discusión técnica más reciente del grupo de trabajo sobre envejecimiento abordó, entre otras, el papel de la autonomía en los servicios de apoyo a la dependencia. Entendió la autonomía como la habilidad de elegir y tomar decisiones de acuerdo con la conciencia, los valores, la voluntad y las preferencias propias.

En un principio, podría parecer difícil conciliar el concepto de autonomía con la idea de necesitar la ayuda de alguien más para realizar actividades de la vida diaria. Sin embargo, mantener en la brújula dicho principio es fundamental para que los servicios sociales y de salud de largo plazo dirigidos a los adultos mayores en situación de dependencia sean de alta calidad.

Pero esto no es una tarea sencilla porque implica dilemas complejos como estos:

  • ¿Qué es más importante, respetar la voluntad del adulto mayor o enfatizar su seguridad? Por ejemplo, cuando una persona insiste en vivir sola, pero ya ha sufrido algunas caídas (¡por suerte no se ha fracturado la cadera!), y además olvida tomar sus medicamentos y no sigue la dieta adecuada para controlar la diabetes que padece.
  • ¿Qué deben priorizar las personas que atienden a adultos mayores, las capacidades del adulto mayor para realizar actividades o el tiempo y costos de la atención? Por ejemplo, cuando la opción de asistir parcialmente a un adulto mayor para vestirse toma mucho más tiempo que hacerlo por ellos.

Frecuentemente, las personas que toman estas decisiones son los familiares y los proveedores de servicios, privando a los adultos mayores del control para decidir lo que es mejor para sí mismos.

No acallar sus voces

Pocos países identifican a la autonomía como un derecho de los adultos mayores. Este es un primer paso fundamental para generar espacios y protocolos para que la prestación de servicios considere la voluntad y las preferencias de los adultos mayores. Un esfuerzo prometedor para incorporar la voz de los usuarios de los servicios en la medición de la calidad de los servicios de atención a la dependencia es el módulo sobre calidad de vida del instrumento estandarizado interRAI.

En América Latina y el Caribe hay algunos avances. Cada vez más países incorporan los servicios de atención a la dependencia a sus marcos legales en materia de envejecimiento y discapacidad, y algunos se plantean implementar sistemas integrales de cuidado. Por ejemplo, en Costa Rica la ley otorga a los usuarios el derecho a mantener relaciones estrechas con familiares y amigos, a ser informados respecto a su condición de salud y a oponerse a recibir exceso de medicamentos. En Uruguay el Sistema Nacional Integrado de Cuidados considera un derecho del usuario el respeto a su personalidad, dignidad humana e intimidad.

Estos esfuerzos son críticos, pero el camino por recorrer es largo.

¿Qué dice el marco legal de tu país sobre la autonomía e independencia de los adultos mayores? ¿Cómo consideras que se podría avanzar hacia un envejecimiento con autonomía? Comparte tu respuesta en la sección de comentarios o vía @BIDgente en Twitter.

Nadin Medellín es consultora para la División de Protección Social y Salud del Banco Interamericano de Desarrollo.

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Mi algoritmo es mejor que el tuyo

Dom, 11/18/2018 - 21:00

Por Luis Tejerina

Ya no es una novedad que los algoritmos de aprendizaje automático están causando una revolución en el mundo, particularmente en el área de la salud. El incremento exponencial del interés en este tema es evidente y el desarrollo científico de aplicaciones de aprendizaje automático en la salud se acelera cada día. La plataforma de artículos académicos en salud mantenida por el gobierno americano (PubMed.gov) registra la publicación de 36 estudios sobre algoritmos de aprendizaje automático en salud en el año 2000, 583 estudios en el año 2010 y en  lo que va de 2018 ya fueron publicados 4.726 estudios científicos. Alrededor de 106 compañías aplican algoritmos de aprendizaje automático en las áreas de salud mental, asistencia virtual, monitoreo de estilos de vida, manejo de hospitales y descubrimiento de nuevas medicinas. 

Y es que el potencial de estos algoritmos para detectar diferentes tipos de enfermedades y condiciones médicas con igual o mayor precisión que algunos especialistas humanos tiene un impacto directo sobre la salud. A través de técnicas similares a las que se usan para reconocer nuestros rostros en fotografías, los algoritmos pueden reconocer en imágenes elementos tan sutiles como la presencia de células afectadas por el cáncer de piel, infectadas por la malaria, e inclusive  estados de depresión en las personas. En base a enormes cantidades de información de los pacientes, son capaces de interpretar patrones complejos y correlaciones entre los datos para predecir, y consecuentemente, prevenir, enfermedades como las del corazón.

Aprendiendo de Netflix

Una forma de crear los mejores algoritmos aprovecha el poder de la ludificación (gamification). En 2006, Netflix ofreció un premio de un millón de dólares al equipo que generara el mejor algoritmo para mejorar las recomendaciones de películas. Más de 40 mil equipos participaron y el concurso duró tres años. El equipo ganador superó al segundo lugar por haber entregado sus resultados tan solo 20 minutos antes.

La fórmula del éxito, aunque matemáticamente sofisticada, se basaba sobre la intuición. Si a la mayoría de las personas a las que les gustaba la película A les gustaba la película B, se podía recomendar confiablemente la película B a una persona que le gustó la A pero no vio la B. ¿Se podrían aplicar estas mismas técnicas para resolver problemas de salud y protección social?

Concursando por la salud

Como parte de un ejercicio de colaboración con los países de la región para mejorar la calidad del gasto público, el Banco Interamericano de Desarrollo y Kaggle, una plataforma que se dedica a organizar concursos científicos similares al de Netflix, lanzaron un concurso para identificar el mejor algoritmo para clasificar los hogares pobres en Costa Rica. Participaron 619 equipos motivados por resolver un problema de alta relevancia social, cuyo impacto podría ayudar a encontrar soluciones y mejorar políticas que beneficien a los más vulnerables. Este tipo de iniciativas son relevantes más allá de lo que podríamos imaginar, pues la pobreza es un importante determinante del estado de la salud de una persona.

En el campo de salud, hay muchas opciones a explorar en la búsqueda de soluciones a problemas más directamente relacionados con la atención médica. Hace poco culminó un concurso en la misma plataforma para identificar casos de neumonía mediante la clasificación de imágenes de rayos X, y anteriormente se implementó otro para predecir el número de días que una persona pasará en un hospital el próximo año. Un tercer ejemplo se basa simplemente en publicar bases de datos anonimizadas en las cuales los miembros de la comunidad pueden construir, por ejemplo, aplicaciones de diagnóstico de cáncer de piel.

Buscar soluciones así, desde donde estés

A pesar del potencial de este tipo de concursos, no cualquier problema puede ser resuelto así. Sin embargo, estos requerimientos pueden ayudar a que sean exitosos:

1. Tener muchos datos de calidad— mientras más, mejor.

2. Definir claramente la pregunta de clasificación que se quiere usar, así como datos ya clasificados para “entrenar” al algoritmo en su proceso de reconocimiento. Por ejemplo, en el caso de neumonía que mencioné, existían alrededor de 26 mil imágenes clasificadas como neumonía o no neumonía.

3. Finalmente, es necesario tener una métrica claramente establecida sobre quién será el ganador. Es importante definir estas preguntas: ¿Me interesa más un algoritmo que identifique todos los casos posibles sin importar los falsos positivos? ¿O me interesa minimizar falsos positivos a expensas de no detectar todos los casos que realmente tienen neumonía, por ejemplo?

Existe una potente comunidad de científicos de datos lista para colaborar con problemas de clasificación de información. ¿Podemos apalancar los datos existentes para crear algoritmos predictivos que mejoren nuestra capacidad de brindar servicios de salud? Es posible; basta con identificar un problema relevante y contar con datos suficientemente anonimizados para que sea posible compartirlos sin comprometer información confidencial de los pacientes. Con la ayuda de especialistas para clasificar debidamente cantidades masivas de información, ya se ha logrado crear importantes bases de datos para entrenar algoritmos relevantes, que puedan impactar nuestra vida diaria. ¿Podremos retar a nuestra comunidad, y a nosotros mismos, a explorar soluciones así?

Comparte tus reacciones en los comentarios o menciona a @BIDgente en Twitter.

Luis Tejerina es Especialista Líder de la División de Protección Social y Salud del Banco Interamericano de Desarrollo. 

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El alto costo de la diabetes

Vie, 11/09/2018 - 16:00

Por Diana Pinto

Hace años que suenan las alarmas sobre al aumento de la diabetes en el mundo. Una de cada 11 personas padece esta enfermedad que cada año cobra más de un millón y medio de vidas. En América Latina y el Caribe, la diabetes está adquiriendo las características de una preocupante epidemia debido a factores como el aumento del sobrepeso y la obesidad. Al menos 20% de los mayores de 60 años en América Latina y 30% de los caribeños padece diabetes, aunque el porcentaje podría ser considerablemente mayor por falta de diagnósticos. Se estima que el 80% de los diabéticos del mundo vive en países de ingresos medios y bajos y la mitad de ellos no sabe que padece esta enfermedad. En Estados Unidos, solo 23 de los más de 30 millones de personas con diabetes han sido diagnosticadas.

Aumenta la enfermedad y también el gasto

En las Américas, la diabetes se ha convertido en la cuarta causa de muerte, imponiendo nuevas presiones sobre el gasto público ya que, al igual que otras enfermedades crónicas, exige mayores recursos económicos y profesionales de los sistemas de salud. Ello exige que los gobiernos identifiquen opciones para que los recursos destinados a la atención de la diabetes se usen de manera eficiente.

Lecciones por aprender

Las principales complicaciones de la diabetes se pueden evitar o reducir mediante una atención primaria de alta calidad. Por ello, las deficiencias en la provisión de servicios preventivos adecuados no solo conducen a malos resultados en salud, sino que desperdician oportunidades de ahorro.

Colombia, uno de los países de la región que está cerca de lograr la cobertura universal de salud y que ha buscado promover un cuidado efectivo de la diabetes, es uno de los casos analizados en esta publicación sobre cómo América Latina y el Caribe pueden hacer más con sus recursos para la salud.

Descarga “Un gasto eficiente para vidas más sanas

Conscientes de la importancia de la prevención, los colombianos desarrollaron un conjunto de recomendaciones clínicas basadas en evidencia internacional, incluyendo la realización sistemática de servicios diagnósticos para facilitar tratamientos oportunos, tales como pruebas de la glucosa en la sangre, el colesterol y de la función renal. Además de prevenir o mitigar el deterioro agudo y las complicaciones en los pacientes, estas medidas contribuyen a contener el gasto en salud ya que reducen, o incluso evitan, visitas a urgencias, hospitalizaciones o procedimientos complejos más costosos.

Sin embargo, el estudio constató que de 324 mil pacientes diabéticos afiliados al seguro contributivo de salud en el año 2014, solamente al 15% se le realizó todas las pruebas recomendadas para el seguimiento y control ambulatorio de esta enfermedad. Además, el cumplimiento de los protocolos establecidos fue sumamente dispar según el área geográfica y el proveedor de las empresas promotoras de salud que afilian estos pacientes. Esto se asoció con peores desenlaces en salud, junto con aumentos en el costo de la atención.

La urgencia de mejorar la eficiencia en el gasto público

¿Qué lecciones nos deja la experiencia de Colombia, que puede ser aplicada en el resto de la región? Los atajos en la calidad de la atención médica afectan en buena medida el uso de los recursos públicos. Concentrarse en dedicar más recursos y aumentar la cobertura sanitaria para los ciudadanos sin controlar la calidad y el cumplimiento efectivo de los protocolos establecidos empeora la salud y perjudica la rentabilidad de los recursos disponibles. En cambio, una adecuada atención primaria que enfatice medidas preventivas se traduce en mejoras sustanciales para la salud y para las arcas públicas.

Ser eficiente en proveer servicios de salud se consigue de dos formas: haciendo las cosas correctas, es decir, asignando los recursos a aquellos servicios sanitarios que producen los mejores resultados por cantidad invertida; o haciendo las cosas bien, es decir, consiguiendo los mejores resultados al menor coste. No son tareas sencillas, pero la región de América Latina y el Caribe se enfrenta a tal aumento de la incidencia de enfermedades crónicas como la diabetes y de sus consecuentes gastos en salud que, ante el panorama actual de restricciones presupuestarias, es urgente que sus gobiernos centren la atención en ser eficientes, haciendo más con los mismos recursos.

¿Qué está haciendo tu país para luchar contra la epidemia de la diabetes? Cuéntanos en los comentarios o menciona a @BIDgente en Twitter.

Diana Pinto es especialista líder en salud en el Banco Interamericano de Desarrollo.

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Para decir “SÍ” a la salud, Colombia debe aprender a decir “NO”

Lun, 11/05/2018 - 07:00

Por Pamela Góngora y Ursula Giedion

No se puede alcanzar la cobertura universal de calidad si los sistemas de salud de un país no son sostenibles. Y a menudo, los recursos financieros de los gobiernos suelen ser insuficientes para cubrir las demandas cada vez mayores de la población. Cómo enfrentar esta brecha de recursos se ha convertido en un tema universal que ocupa las agendas de política pública de todos los países.

La apuesta colombiana

Colombia  ha apostado por regular los precios de los medicamentos. La lógica es sencilla: a menor precio, mayor sostenibilidad. Sin embargo, aunque se han conseguido ahorros sustanciales en aquellos medicamentos cuyos precios fueron regulados, todo parece indicar que esta medida no es suficiente para garantizar la sostenibilidad del sistema de salud colombiano, cuyo déficit actualmente ronda los diez billones de pesos. Este monto equivale a lo que el gobierno ya gasta en asegurar a casi la mitad de los colombianos.

Lo que aportan mensualmente el gobierno y los colombianos que pueden costearlo simplemente no alcanzan para cubrirlo todo y varias voces han alertado sobre la necesidad de movilizar más recursos para llenar el hueco. Incluso se ha llegado a hablar de aumentar los pagos de bolsillo, cuya reducción había sido vista como uno de los logros más importantes del sistema de salud en la historia reciente. Ante un déficit tan grande y con el limitado alcance de la regulación de precios, ¿cómo restaurar la sostenibilidad del sistema de salud? ¿Es cuestión sólo de movilizar más recursos?

Racionar por la vía del hecho

Sin duda, conseguir más recursos para la salud ayudaría a mitigar los problemas financieros del momento, pero no por mucho tiempo. Nos guste o no, las necesidades en salud son infinitas y no hay dinero para todas. Ante esta situación, negar la dolorosa brecha entre lo deseable y lo posible se ha convertido en la salida en Colombia: se promete TODO pero en la práctica se raciona por la vía del hecho.

Esto resulta, por ejemplo, en tiempos de espera cada vez más largos para aquellos pacientes que requieren una atención urgente y pueden presentar un rápido deterioro o están en riesgo de fallecer o de perder un miembro u órgano. Pacientes de este perfil sufrieron en Colombia esperas de más de hora y media entre 2016 y 2018 –un promedio mucho mayor al máximo de media hora estipulado para esos casos. Aunque parte de las esperas excesivas pueden ser consecuencia de una atención primaria poco eficiente, también reflejan el hecho de que los recursos no son suficientes para todo lo que Colombia pretende, en teoría, garantizar. Y cuando los recursos no alcanzan, hay que recortar por algún lado.

Sin priorización explícita no hay sistema que aguante

Hay una mejor opción para lidiar con la situación. La gestión proactiva implica tomar medidas para definir y asegurar, con los recursos existentes, las prestaciones como medicamentos, dispositivos médicos, servicios, etc., que sean más importantes y efectivas. Un ejemplo son los Planes de Beneficios en Salud (PBS), que surgieron a principios de los 90 como una herramienta de priorización que permite a los gobiernos definir explícitamente qué servicios de salud se financian con recursos públicos, para así pagar por lo que verdaderamente aporta más salud, y hacerlo bien.

Irónicamente, Colombia fue uno de los primeros países de la región en adoptar un plan amplio de beneficios explícitos en salud que buscaba “mayor efectividad en la utilización de recursos, mayor eficacia en términos de los resultados deseados y a un costo que sea social y económicamente viable para el país”. Incluía servicios para las principales enfermedades y causas de muerte e incluía como pilares del sistema la solidaridad en la financiación, la cobertura universal y el aseguramiento. En un inicio, con el fin de preservar el objetivo de dar prioridad y garantizar el acceso y la calidad a lo que más valor aportara, el plan imponía límites a los servicios de salud que se podían financiar con dinero público. Pero con el tiempo, empezaron a surgir cada vez más demandas de servicios que no estaban contemplados.

Decir “no”, aunque cueste

Hoy, la ley colombiana ordena al Estado garantizar y pagar todos los servicios de salud disponibles en el mercado, con muy pocas excepciones. Aunque existe un PBS en papel, los límites en la práctica son tan escasos que el gasto por servicios no cubiertos equivale a casi el 8% del gasto público en aseguramiento.

No hay duda de que sería deseable aumentar el número de prestaciones que puede garantizar un PBS. Pero los límites importan y es necesario trazarlos y hacerlos cumplir para asegurar un sistema de salud financieramente sostenible y, sobre todo, para garantizar, con acceso efectivo y con calidad, las prestaciones en salud más necesarias y convenientes para todos. El problema fundamental en Colombia no radica en la insuficiencia de recursos para la salud sino en que la sociedad aún no ha aceptado que es imposible financiarlo todo. Los colombianos tienen ante sí una tarea pendiente: alcanzar un acuerdo sobre cuáles son las prestaciones en salud más urgentes y empezar a pagar por lo que verdaderamente más aporta. Sin priorización explícita y sin calidad en salud se termina por prometer mucho y entregar poco.

En tu país, ¿cómo se controla el gasto en salud? Cuéntanos en la sección de comentarios o menciona a @BIDgente en Twitter.

Explora más sobre los planes de beneficios en salud en la página web de la Red CRITERIA, una iniciativa del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) que apoya a los países de América Latina y el Caribe para fortalecer sus políticas de priorización del gasto y de diseño y ajuste de sus planes de beneficios en salud. Suscríbete aquí

 Ursula Giedion es la coordinadora de la Red CRITERIA.

 Pamela Góngora es consultora de la División de Protección Social y Salud del BID y parte del equipo de la Red CRITERIA.

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¿Será desigual el futuro de la salud digital?

Lun, 10/29/2018 - 09:57

Por Patricia Jara

Laura y Carlos tienen la misma enfermedad. Tras acudir a una consulta en su centro de salud, les comunican que recibirán los resultados de sus exámenes médicos por correo electrónico en 48 horas, además de un código QR por WhatsApp para que puedan obtener información personalizada y actualizada sobre su tratamiento. También les recuerdan que su historia clínica, incluyendo la receta e indicaciones, estará disponible en la página web del centro, a la que pueden acceder con el nombre de usuario y contraseña temporal que se les ha entregado al final de la consulta (y que también encontrarán en el primer correo electrónico con los resultados de los exámenes). Laura, que tiene 38 años, está encantada; Carlos, con 74, está angustiado.

Los pros de la salud digital

Este tipo de herramientas digitales tienen el potencial de mejorar la comunicación e interacción entre los equipos clínicos y los pacientes y, sobre todo, la calidad de la atención de la salud. Algunas aplicaciones y tecnologías de la salud, por ejemplo, empoderan a los pacientes para manejar mejor sus enfermedades, como la diabetes. Además, pueden ayudar a mejorar los diagnósticos y contribuir a un mejor seguimiento y tratamiento médico al disponer información vital sobre el historial de cada paciente al alcance de la mano. Una ventaja importantísima que podría resultar de la implementación de la salud digital es el acceso al cuidado y atención de alta calidad para pacientes en zonas rurales o aisladas. Brasil y Honduras son solo un par de ejemplos que están experimentando con este tipo de soluciones innovadoras para intentar llegar a zonas de difícil acceso.

Y es precisamente sobre este punto donde surgen nuevos retos para que la salud digital pueda convertirse realmente en una solución, en vez de aumentar la desigualdad.

La brecha digital es geográfica, económica y generacional

Las nuevas tecnologías repiten viejas desigualdades que afectan a los más vulnerables en distintas condiciones. Mientras en algunas partes del mundo y para ciertas poblaciones el uso de las tecnologías de la información y de la comunicación es prácticamente universal, existen grandes brechas de uso entre países y dentro de un solo país, dependiendo de factores como localización geográfica de los hogares, nivel de ingresos y edad.

Las desigualdades generacionales, por ejemplo, se presentan en todos los niveles y en todos los países, independientemente de su grado de desarrollo. En Estados Unidos, el 98% de los jóvenes entre 18 y 29 años es usuario de internet, mientras que entre los mayores de 65 años ese porcentaje se reduce al 66%. En el Reino Unido, de casi el 90% de la población que declara haber usado la red durante los últimos tres meses, el 40% son mayores de 75 años, cifra que disminuye a 29,8% si residen en Irlanda del Norte. Y en España, solamente se conectó al internet el 43,7% de los adultos entre 65 y 75 años en 2017.

Por su parte, América Latina y el Caribe todavía está muy lejos del nivel alcanzado por los países de la OCDE en cuanto al avance de las redes de información. Mientras en los países desarrollados la conexión a la banda ancha móvil pasó del 73,2% en 2010 al 85% en 2015, en la región el aumento fue de 7% a 58% en ese mismo periodo de tiempo. Aunque hay que reconocer que ha habido avances importantes para disminuirla, la brecha persiste, y también los retos. Por ejemplo, la penetración de internet en los hogares no crece al mismo ritmo: solo en Argentina, Panamá, Paraguay, Costa Rica, Uruguay y Chile supera el 45%. En este último país, que presenta una de las mayores tasas de envejecimiento de este lado del mundo, únicamente el 22,7% de los mayores de 60 años usa internet, y aún menos si pertenecen a sectores más pobres.

No dejar atrás a la otra mitad de la población

El desarrollo del internet de las cosas y la inteligencia artificial ya está dejando su huella en la gestión y provisión de los servicios de salud. Además, se ha extendido el uso de la banda ancha y ha disminuido su costo, facilitando la conexión entre usuarios. Según la Comisión de Banda Ancha para el Desarrollo Sostenible de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), 2018 sería el año en que el teléfono móvil alcanzaría al 92% del planeta, convirtiendo a la banda ancha móvil en la tecnología que más velozmente ha crecido en la historia.

Potencialmente, la salud digital puede reducir costos, alcanzar a las poblaciones que de otra manera no tendrían acceso a salud y aún contribuir a una mejor calidad de la atención, acelerando el progreso hacia la cobertura universal, sobre todo en materia de enfermedades no transmisibles en los países de ingresos medios y bajos. Pero esto solo se logrará en la medida en que se pueda cerrar la brecha entre los servicios digitales y quienes reciben la atención y beneficios médicos que ellos proveen.

Si las estimaciones son correctas, hacia fines de 2019 la mitad de la población— unos 3.800 millones de personas —aún no tendrá conexión a internet. Esto significa que es necesario derribar las barreras que impiden que los pacientes, como los adultos mayores, puedan aprovechar al máximo las tecnologías que pretenden mejorar su salud. Será necesario cada vez más fortalecer las habilidades tecnológicas de la población a través de entrenamiento y apoyo, y moldear su actitud hacia la tecnología. Y para ello, el rol del médico seguirá siendo vital. Ya que ninguna tecnología puede reemplazar la interacción médico-paciente, serán los profesionales de la salud los encargados de apoyar a los pacientes en el uso de estas herramientas y de asegurar su acceso en los lugares más remotos.

¿Cómo es la brecha digital de salud en tu país? Cuéntanos en los comentarios o menciona a @BIDgente en Twitter.

Patricia Jara es especialista líder de la División de Protección Social y Salud del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

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¿Qué opinan los pacientes de sus sistemas de salud?

Lun, 10/22/2018 - 07:00

Por Ferdinando Regalia

Sin la conexión humana, que permite descubrir los pequeños detalles para poder resolver grandes problemas, la medicina es incapaz de cumplir el propósito para el que fue creada. No en vano cuenta la leyenda que el doctor Gregorio Marañón, renombrado científico español, consideraba que el mejor avance para la medicina era la silla, que acerca físicamente a los pacientes para poder escucharlos.

Bajo la premisa de que la salud debe guiarse por la atención centrada en la persona de manera continua, a lo largo de toda su vida y no solamente cuando enfrenta algún problema médico, se establecieron los principios de la atención primaria. En la primera gran conferencia internacional sobre el tema, liderada por la Organización Mundial de la Salud en 1978, se definió a la atención primaria como “el primer nivel de contacto de los individuos, la familia y la comunidad con el sistema nacional de salud”. Esto implicaba que la atención médica de calidad debía siempre acercarse lo más posible a las personas y facilitar su acceso permanente.

Lejos de la meta

Tras años de esfuerzos para fortalecer la atención primaria como uno de los caminos hacia la cobertura sanitaria universal, y a pesar de grandes declaraciones internacionales como la de Alma Ata, cuyo 40 aniversario acabamos de celebrar, aún no se ha conseguido este objetivo. En el nuevo estudio publicado en el libro Desde el paciente, del Banco Interamericano de Desarrollo, encontramos que el 87,5% de la población de América Latina y el Caribe no puede contestar afirmativamente a ninguna de estas cuatro preguntas:

1. ¿Tienes un médico de cabecera o un lugar habitual de atención para tu salud?

2. ¿Tu médico o lugar de atención conoce tu historial de salud?

3. ¿Puedes contactarlo fácilmente durante el día?

4. ¿Te ayuda a coordinar el acceso a otros especialistas cuando lo necesitas?

Estas preguntas son importantes porque definen la atención de salud centrada en el paciente. Y este aspecto no puede reducirse a una buena intención de relaciones públicas o responsabilidad social. Asegurar una atención de salud de calidad que ponga el énfasis sobre el paciente no solo mejora la calidad de vida de las personas, que por sí solo es ya el mejor beneficio, sino que repercute positivamente en todo el sistema.

Más motivos para priorizar a los pacientes

La atención primaria basada en el paciente mejora las experiencias tanto de los usuarios como de los profesionales y, en consecuencia, resulta en una mayor utilización de los servicios preventivos de salud. En este sentido, se ha constatado que una adecuada atención primaria ayuda a reducir el número de consultas con especialistas y de hospitalizaciones o visitas a los servicios de emergencias para una atención rutinaria.

Esto tiene un doble efecto positivo. Por un lado, contribuye a disminuir el riesgo de mortalidad, especialmente en lo que se refiere a las enfermedades no transmisibles como la diabetes o la hipertensión, que se están convirtiendo en una auténtica epidemia de nuestro siglo y que, por su carácter crónico, requieren de la participación del paciente para lograr buenos resultados. Además, este enfoque ayuda a aliviar la sobrecarga de trabajo en otros niveles de atención ya que permite resolver de forma ambulatoria muchos problemas.

Volver al paciente

Si queremos impulsar la atención primaria y conseguir un funcionamiento eficaz de los sistemas de salud que responda a las necesidades de los pacientes, es prioritario conocer su opinión sobre la atención médica que reciben. Sin embargo, la perspectiva del paciente ha sido la gran ausente en el diseño de las políticas públicas de salud a pesar de que provee información valiosísima a partir de distintos contextos sociales, económicos, políticos y epidemiológicos.

En el nuevo libro Desde el paciente. Experiencias de la atención primaria de salud en América Latina y el Caribe hemos intentado dar voz a los pacientes a partir de encuestas recolectadas en los últimos años sobre el acceso, la calidad, la experiencia y la coordinación de la atención primaria entre los adultos de Brasil, Colombia, El Salvador, Jamaica, México y Panamá.

El estudio ofrece los principales resultados para cada uno de estos países y los compara con datos regionales e internacionales, que permiten apreciar las diferencias de valoración entre los pacientes latinoamericanos y caribeños de países de ingresos medios y los de los países más desarrollados donde, por lo general, la atención primaria en salud resulta mucho más resolutiva y centrada en el paciente.

La información publicada en este estudio puede contribuir a llenar el vacío de información propio de la región en este tema, así como a estimular análisis adicionales que indiquen cómo la perspectiva del paciente puede ser utilizada para fortalecer la atención primaria de la salud. Sus experiencias son una forma efectiva y razonablemente rápida y económica de conocer cómo mejorar los servicios en los que el paciente es —o debería ser —el verdadero protagonista. Por si nos hemos distraído entre los avances en el campo de la salud (tecnológicos o no), cabe recordar que acercar la silla al paciente y escucharlo sigue siendo la mejor manera de dar solución a los grandes problemas de salud.

¿Tú puedes contestar afirmativamente a las 4 preguntas sobre atención de salud? Cuéntanos en la sección de comentarios o mencionando a @BIDgente en Twitter.

Ferdinando Regalia es jefe de la división de Salud y Protección Social del Banco Interamericano de Desarrollo.

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7 cosas que aprenderás en este curso sobre los proyectos de APP en salud

Lun, 10/15/2018 - 07:00

Por Ignacio Astorga

Si trabajas en el área de planificación, preparación y ejecución de proyectos de salud, esta noticia te puede interesar. El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) está ofreciendo cupos gratuitos para el segundo curso virtual sobre la preparación de proyectos de asociación público privada (APP) en salud. Se trata de una iniciativa pionera en la región, que busca apoyar a los gobiernos a través de la capacitación del personal técnico, de manera que puedan acelerar su curva de aprendizaje.

Muchas personas relacionan las APP con carreteras o aeropuertos que los usuarios financian a través de un peaje o tarifas. Por ello, piensan que al hablar de APP en salud tendrían que pagar por los servicios de maneras similares. Sin embargo, en salud—y en el sector social en general–es el Estado el que paga por el servicio, regulado por un contrato, buscando maximizar los objetivos públicos de una atención de salud con amplio acceso y alta calidad para los usuarios de los servicios.

Bajo esta premisa, la clave en las APP de salud es el contrato: cómo se diseña, evalúa, licita y supervisa. Para que sea exitoso, debe cumplir con las siguientes condiciones:

1. Que el proyecto sea robusto y que atienda a las necesidades reales de la población; además, que se pueda exigir al prestador la oferta de servicios, sea en el momento de la firma del contrato o durante su vigencia. Un mal proyecto no se arregla con una APP.

2. Que su diseño incluya una consulta a todas las partes interesadas, de manera que exista apropiación social y participación de la ciudadanía.

3. Que exista una adecuada transferencia de riesgo al sector privado, para aprovechar su capacidad de generar eficiencia en ámbitos donde tiene mejor desempeño que el sector público. Por ejemplo, cuando el sector privado es responsable del diseño definitivo y de la construcción de manera conjunta, puede prever los modelos más eficientes.

4. Que agregue valor por dinero, para asegurar que la APP es, en efecto, el mejor tipo de contrato para ese proyecto específico. Hay que enfatizar que los contratos deben buscar reducir los riesgos de sobreplazo y sobrecosto efectivamente.

5. Que cuente con un proceso de licitación competitivo y transparente, que adjudique la mejor combinación precio – calidad.

6. Que cuente con una supervisión transparente que informe del avance y funcionamiento del proyecto.

7. Que existan espacios regulados para ajustar el contrato a cambios relevantes que influyan positivamente en las condiciones en que se prestan los servicios de salud.

Regístrate a este curso para pasar de la teoría a la práctica

Es importante conocer bien las APP y entender sus pros y contras, cuándo utilizarlas y cómo prepararlas. No son una receta mágica para todos los problemas de los proyectos en salud. Si quieres aprender cómo aplicar estos conceptos para desarrollar proyectos reales con éxito y mejorar la preparación de proyectos tradicionales, regístrate al curso virtual gratuito Preparación de Proyectos de Asociación Público Privada en Salud.

Lo que tienes que saber sobre el curso

Formato: curso virtual (en línea) que ofrece material de lectura y videos, además de oportunidades para interactuar con tutores y compañeros a través de diversos foros.

Duración: El curso se llevará a cabo desde el 30 de octubre hasta el 10 de diciembre del 2018 (5 semanas). Las inscripciones están abiertas hasta el 26 de octubre de 2018 aquí.

Carga de trabajo: Los participantes le dedicarán, en promedio, 3,5 horas semanales.

Oportunidad: Al final del curso, los alumnos participantes podrán postular proyectos APP de salud de sus instituciones públicas, con aval de las autoridades responsables. Los mejores proyectos podrán obtener un financiamiento reembolsable de hasta US$ 300.000, con apoyo técnico del BID para la preparación de proyectos que puedan ser licitados dentro de los próximos dos años. Este financiamiento se gestiona a través de un mecanismo de recupero contingente donde el estado devuelve al BID los recursos obtenidos únicamente si el contrato se adjudica o llega al cierre financiero.

Comparte este post con colegas o amigos interesados en la modernización de la planificación y gestión en salud.

¿Preguntas? Envía tu solicitud de información aquí.

Ignacio Astorga es especialista líder en salud de la División de Protección Social y Salud del Banco Interamericano de Desarrollo.

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Solo la mitad de los pacientes toma bien sus medicinas

Vie, 10/05/2018 - 14:07

Por Patricia Jara

¿Has interrumpido o alterado un tratamiento médico, ya sea porque olvidaste tomar los medicamentos requeridos, en las dosis y a las horas estipuladas, o porque consideraste que ya no debías continuarlo? Muchos hemos pasado por esto alguna vez. A veces, las indicaciones médicas son complejas o confusas, nos olvidamos de apegarnos a ellas, nos automedicamos, o subestimamos la importancia de tomar nuestros medicamentos adecuadamente. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la mitad de quienes tienen acceso a medicinas consideradas esenciales las consume incorrectamente.

Estos comportamientos pueden arriesgar la eficacia de un tratamiento. Esto se debe a que la adherencia terapéutica, es decir, el grado en que un paciente adopta las recomendaciones del médico, incluye no solo la ingesta de medicamentos, sino también el régimen alimentario y otras prácticas relacionadas con el estilo de vida para mejorar la salud. Por ello, el éxito de un tratamiento depende en buena medida de esa adherencia, especialmente con enfermedades de larga duración.

El costo de no seguir el tratamiento adecuado

La mitad de las personas diagnosticadas con al menos una dolencia crónica suspende sus tratamientos antes de que concluyan y una de cada diez hospitalizaciones de adultos mayores se debe a la no adherencia a la terapia farmacológica. Diversos estudios sostienen que detrás puede haber múltiples causas, como el costo de los medicamentos y las dificultades de acceso a ellos, los fallos en las redes de suministro, la complejidad y duración de las terapias, el temor a los efectos secundarios o las expectativas incumplidas de cura inmediata.

Las dificultades económicas no son un tema menor. De acuerdo a datos disponibles para los países de la OCDE, el gasto farmacéutico representa aproximadamente el 20% del gasto  total en salud. En los hogares de los países desarrollados, el gasto en productos farmacéuticos representa el principal rubro de los gastos de bolsillo, junto con el pago por atención ambulatoria. En el contexto del envejecimiento progresivo de la población y el aumento en las enfermedades crónicas, estos gastos se acrecientan debido a la demanda de medicamentos para tratar patologías como la hipertensión, la diabetes o la depresión.

Proteger la salud mental

Un área donde hay que poner especial cuidado en seguir el tratamiento adecuado es en la salud mental. Según la OMS, el número de personas con depresión o ansiedad, las enfermedades mentales más comunes del mundo, aumentó de 416 millones a 615 millones entre 1990 y 2013. Esta cifra podría seguir aumentando debido a las múltiples emergencias humanitarias a nivel global, que generan depresión y ansiedad en 1 de cada 5 personas.

Debido a la complejidad de los trastornos mentales y a los estigmas que pesan sobre ellos, pueden ser difíciles de diagnosticar y de tratar adecuadamente. De acuerdo al National Institute of Mental Health (Instituto Nacional de Salud Mental), solo la mitad de los pacientes con enfermedades mentales recibe un tratamiento adecuado. La baja adherencia terapéutica en estos desórdenes evidencia la vulnerabilidad de los pacientes. Una encuesta telefónica en Francia encontró que 15% de ellos admitió finalizar su tratamiento antes de lo indicado y 22% redujo la dosis prescrita.

Aunque nuevamente el factor costo juega en contra, los beneficios de invertir en los tratamientos adecuados son significativamente mayores. Por ejemplo, se estima que en Estados Unidos cada dólar invertido en el tratamiento para la depresión y ansiedad rinde 4 dólares americanos en ganancias en salud y capacidad de trabajo. En México, la tasa de retorno en beneficios económicos y de salud por cada peso invertido sería de 3.3 a 5.7.

Mejorar la adherencia terapéutica

Analizar de manera rigurosa los modelos de atención al paciente para valorar si son realmente efectivos y considerar las diferentes causas de adhesión y deserción en grupos específicos permitirán mejorar la calidad de las respuestas ofrecidas por los sistemas sanitarios.

Por ejemplo, estos 5 factores podrían contribuir a una mejor adherencia terapéutica:

1. Comodidad y frecuencia: una dosis semanal podría resultar más cómoda que una diaria. Asimismo, dar a los pacientes el control para decidir si quieren tomar una dosis diaria o tres podría marcar la diferencia. El acceso físico importa; si el tratamiento puede realizarse en casa, ¡mucho mejor!

2. Información y educación: los pacientes que reciben mensajes claros y específicos sobre el tratamiento, reciben apoyo y asesoramiento y se sienten cómodos para hacer preguntas podrían confiar más y, por lo tanto, adherir mejor al tratamiento.

3. Tipos de medicamento: cada vez hay más información sobre los efectos secundarios y las propiedades de los medicamentos. La transparencia y los esfuerzos por reducir los efectos dañinos son clave para motivar a los pacientes.

4. Mejorar la calidad de la atención primaria: que el médico haga el seguimiento correspondiente, esté disponible para contestar inquietudes, se interese por el paciente y monitoree su progreso tiene un claro impacto.

5. Innovación: en la era de la salud digital, surgen otras terapias, tratamientos, y nuevas respuestas. Las aplicaciones móviles como complemento presentan múltiples oportunidades, como costos reducidos de seguimiento, disponibilidad para consultas 24/7, conveniencia y almacenamiento de información en un solo lugar, y disminución del estigma para algunos pacientes. Además, pueden generar beneficios concretos e inmediatos, como recordar a los pacientes que ha llegado la hora de tomar un medicamento o de acudir a una cita médica.

¿Qué otras estrategias te ayudarían a seguir mejor las instrucciones de tu médico respecto a tu tratamiento? Cuéntanos en los comentarios o menciona a @BIDgente en Twitter.

Patricia Jara es especialista líder de la División de salud y protección social del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

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Queridos gestores de la salud, gastar más no es suficiente

Mar, 10/02/2018 - 09:04

Por Gianluca Cafagna

Los esfuerzos sostenidos de los gobiernos de América Latina y el Caribe por invertir más en los sistemas de salud han impulsado la salud y el bienestar de los habitantes de la región. Estos esfuerzos han contribuido a elevar la esperanza de vida promedio en la región por aproximadamente 5 años desde 1998, y a reducir la mortalidad materna de 114 a 67 por 100,000 nacidos vivos. Además, América Latina y el Caribe se ha convertido en una región líder en el fortalecimiento de la atención primaria en los sistemas de salud y ha promovido la cobertura sanitaria universal como nunca antes.

Reconociendo el progreso logrado, creo que podemos coincidir sobre un punto fundamental. Seguir invirtiendo en los sistemas de salud es condición necesaria para seguir mejorando la salud en la región y luchar por las numerosas metas aún por alcanzar. ¿Pero es suficiente? En los escenarios actuales de deterioro de los equilibrios fiscales y pobres perspectivas de crecimiento, ¿puede América Latina y el Caribe hacer más con los recursos disponibles?

La eficiencia como espejismo

Como argumentamos en Un gasto eficiente para vidas más sanas, el capítulo dedicado a la salud en la nueva publicación insignia que acaba de publicar el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), hay un amplio espacio para mejorar la eficiencia del gasto en salud en la región. No, no estamos alcanzando el máximo resultado con los recursos disponibles.

Quisiera compartir con ustedes algunos resultados del estudio que compara la eficiencia de los sistemas de salud, utilizando el análisis envolvente de datos (DEA, por sus siglas en inglés), e incluye tanto a los países de América Latina y el Caribe, como a países de ingresos medios y a los países de la OCDE.

  • 22 de los 27 países de América Latina y el Caribe están en la mitad inferior del ranking promedio de eficiencia del gasto en salud. 12 de ellos se encuentran en el último cuarto.
  • Chile* tiene el sistema de salud más eficiente de América Latina y el Caribe y está ubicado en la octava posición entre los 71 países analizados en términos de eficiencia.
  • Aunque en la mitad superior del ranking, pero muy por detrás de Chile, los países que le siguen son Barbados (29º), Costa Rica (31º), Cuba (32º) y Uruguay (35º).
  • América Latina y el Caribe es en promedio menos eficiente que la OCDE en cada uno de los indicadores de eficiencia analizados.

Descarga el capítulo aquí para conocer más cifras

La eficiencia como medicina

Para mejorar la salud de la región, hay que obtener más salud por cada cantidad invertida; ya no es suficiente invertir más dinero para la salud.

Según el estudio del BID, si los países de América Latina y el Caribe que aún luchan contra la ineficiencia alcanzaran los niveles de sus pares más eficientes, incluso manteniendo estables los presupuestos públicos, las personas en América Latina y el Caribe podrían vivir, en promedio, 4 años más. En países como Bolivia, Guyana, Suriname y Trinidad y Tobago, los aumentos potenciales en la esperanza de vida serían de al menos a 7 años adicionales. De igual manera, al lograr la eficiencia, América Latina y el Caribe incrementaría en más de 4 puntos porcentuales la atención especializada durante el parto.

¿Pero por qué la eficiencia es una medicina tan poderosa? Primero, la eficiencia contribuye a una mejor calidad de la atención que reciben los pacientes. Además, evita el robar a otros la posibilidad de tratamiento y las consecuentes ganancias en salud, así como el tener que sacrificar oportunidades en otros ámbitos sociales, como la educación y el trabajo. Finalmente, ayuda a no mermar la disposición de la sociedad a contribuir solidariamente a los servicios de salud, lo que termina beneficiando al sistema sanitario y al bienestar social a la larga.

Llamado a la acción

Queridos tomadores de decisiones en salud, sin su apoyo será difícil mejorar la eficiencia de los sistemas de salud en América Latina y el Caribe. Entre los varios ámbitos de reforma que se presentan en Un gasto eficiente para vidas más sanas, quisiera destacar la necesidad de reducir la fragmentación entre diferentes niveles del sistema de salud, mejorar la formación y distribución de los recursos humanos e invertir en sistemas de información más sólidos que respalden el monitoreo y la gestión.

Por último, aunque no menos importante, la ausencia de datos detallados es un déficit fundamental en la mayoría de los sistemas de salud de la región. Gran parte de los países tiene muy poca información sobre cómo se asignan los recursos por función (por ejemplo, curativa versus preventiva), por nivel de atención (primaria, secundaria, terciaria) y por clasificación económica (por ejemplo, salarios, equipos, infraestructura), lo cual puede reflejar la falta de criterio y análisis con la que se adoptan las decisiones de asignación de presupuesto.

Sabemos que el reto es enorme. Pero ya no es suficiente gastar más, hay que hacerlo mejor.

Comparte los retos de la eficiencia en salud en tu país dejando tu comentario o mencionando a @BIDgente en Twiter.

Gianluca Cafagna es Oficial Profesional Asociado en la División de Protección Social y Salud del Banco Interamericano de Desarrollo.

* El estudio citado no concluye que Chile es el país más eficiente de América Latina y el Caribe en su gasto en salud en un sentido amplio. El estudio muestra que Chile tiene una eficiencia técnica mayor que países con un nivel comparable de gasto mancomunado per cápita en indicadores específicos (por ejemplo, esperanza de vida, mortalidad de menores de 5 años, etc.). Para más información, descarga la publicación.

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