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Datos sobre el estado de salud de la población en la Región de las Américas

Lun, 07/16/2018 - 07:00

Copyright © 2018. Banco Interamericano de Desarrollo. Si deseas republicar el artículo, por favor solicita autorización a sph-communication@iadb.org

Por Brindis Ochoa, Gabriela Fernandez y Adrienne Cox.

¿Estarías conforme si no supieras cuánto será tu salario al final del mes o si no supieras cuánto te pagarán por un contrato? ¿Piensas que las instituciones bancarias podrían gerenciar exitosamente sus actividades si no tuvieran un sistema de registro, reporte e indicadores de operaciones diarias y acumuladas? Los datos que producen los sistemas de información son imprescindibles para el éxito de cualquier actividad. Sin datos, cualquier actividad está basada en hipótesis, conjeturas y buenos deseos. Los datos de calidad describen una realidad, sea positiva o negativa, y si se dispone de series históricas podemos estimar tendencias a futuro y predecir posibles resultados.

Para un buen diseño de políticas públicas en salud, es indispensable contar con datos de calidad que nos permitan observar patrones y cambios en las tendencias de las enfermedades; riesgos y niveles de riesgos de que la población adquiera una enfermedad específica; causas subyacentes y causas múltiples de muerte de la población; tasas de incidencia (nuevos enfermos), prevalencia (total de enfermos) y mortalidad; factores de riesgo; provisión de servicios de salud; costos de los sistemas de salud; entre otros.

Los países y territorios de la Región de las Américas tienen características heterogéneas

Según los datos e indicadores compilados por la Organización Panamericana de la Salud (OPS/OMS), los países y territorios de la Región de las Américas presentan características diferentes. En Guatemala, Haití y Honduras la edad media de la población está entre 22 y 24 años; en Islas Vírgenes EUA, Martinique y Bermuda la edad media está entre 43 y 46 años (el doble). La esperanza de vida en Canadá es de 82,5 años y en Haití de 63,6 años. El ingreso por persona de algunos países es muy superior al de otros. Por ejemplo, en Bermuda es 38 veces mayor que en Haití.

En Canadá, solo 7 mujeres gestantes mueren por cada 100.000 nacidos vivos, mientras que en Haití mueren 359. Una situación similar se presenta en la mortalidad infantil en la isla caribeña Monserrat. Allí prácticamente no mueren los niños menores de 5 años; pero en Haití, 59 de cada 1.000 nacidos vivos mueren. Las enfermedades que más afectan son el dengue y la lepra en Brasil, la malaria en Brasil y Venezuela, y el cólera y la tuberculosis en Haití.

La mortalidad por enfermedades no transmisibles es más alta en los países del Caribe No-Latino que en América Latina y el Caribe (601 vs. 474 muertes por cada 100.000 habitantes). La mortalidad por cáncer de mama es 3 veces más alta en Uruguay que en Guatemala, y por cáncer de próstata es 3 veces más alta en Guyana que en Canadá. En la Región, la tasa de mortalidad por suicidio y homicidio es más alta en hombres que en mujeres (13,7 vs. 3,9 en suicidio y 31,7 vs. 3,6 en homicidio).

Respecto a los factores que ponen en riesgo de enfermedad o muerte a la población, el bajo peso al nacer es 2,2 veces más alto en Guatemala que en México, y el porcentaje de adolescentes que usan tabaco es 2,8 veces más alto en Chile que en Costa Rica. En cuanto a factores que protegen la salud, el 65,2% de niños consumen leche materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida en Perú, en Surinam solo lo hace el 2,8%.

Hablando de servicios de salud, la Región muestra un alto porcentaje de vacunación de DTP3 en niños menores de 1 año (91%), y de atención de mujeres gestantes (el 88,3% reciben cuatro o más atenciones prenatales por personal capacitado). Cuba y Estados Unidos presentan los gastos públicos en salud más altos como porcentaje de su PIB, Venezuela y Haití presentan los más bajos. En Venezuela y Guatemala se realizan los mayores gastos de bolsillo en salud de la Región.

Indicadores Básicos para monitorear la situación de la salud en la Región de las Américas

Desde 1995, la  OPS/OMS ha venido compilando y publicando datos e indicadores básicos de salud en el marco de la Iniciativa de Datos Básicos y Perfiles de País. El objetivo de la Iniciativa es proveer información sobre la situación y tendencias de la salud y bienestar de la población en la Región, a fin de facilitar la formulación de políticas en salud y medio ambiente; la mejora de los servicios de salud; la promoción, la prevención y el control de enfermedades; así como el monitoreo de los mandatos y compromisos globales y regionales.

Este trabajo ha sido una tarea ardua realizada en conjunto con las autoridades sanitarias de los países y territorios de la Región, quienes proveen anualmente datos oficiales. La Iniciativa incluye también estimaciones a partir de la Base de Regional de Mortalidad de la OPS, estimaciones globales de la OMS, datos recolectados por las Unidades Técnicas de la OPS, e indicadores de fuente secundaria. Actualmente, la Iniciativa produce 200 indicadores básicos, en varios casos desagregados por sexo o área geográfica; 82 de ellos se incluyen en una publicación impresa. Si quieres ver cómo está tu país en cuanto a los indicadores básicos de salud, te invitamos a ingresar a nuestra plataforma Situación de Salud en las Américas: Indicadores Básicos 2017.

¿Has revisado cómo está tu país en cuanto a los indicadores básicos de salud? ¿Conoces otras fuentes de datos de calidad en el sector salud? Cuéntanos en la sección de comentarios o menciona a @BIDgente en Twitter.

Brindis Ochoa es Analista en Salud en la Unidad de Análisis de Salud, Métricas y Evidencia de la Organización Panamericana de la Salud (OPS/OMS).

Gabriela Fernandez es Asesora Regional en Vigilancia y Análisis de Salud en la Unidad de Análisis de Salud, Métricas y Evidencia de la Organización Panamericana de la Salud (OPS/OMS).

Adrienne Cox es Jefa de la Unidad de Análisis de Salud, Métricas y Evidencia de la Organización Panamericana de la Salud (OPS/OMS).

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¿Quién ganaría el Mundial de la Salud?

Lun, 07/09/2018 - 11:16

Copyright © 2018. Banco Interamericano de Desarrollo. Si deseas republicar el artículo, por favor solicita autorización a sph-communication@iadb.org

Por Andrea Proaño y Gianluca Cafagna.

Comienza el conteo regresivo para la Final del Mundial, que sigue siendo el evento deportivo más visto en el mundo. Su efecto se hace sentir cada 4 años, uniendo a países enteros alrededor de un sueño común y creando una sensación de emoción generalizada. Incluso hay quienes aseguran que el torneo eleva los niveles de felicidad de los ciudadanos y contribuye a la disminución de tasas de violencia y suicidio. Pero cuando cesan los encuentros entre los ídolos del fútbol y callan las hinchadas al volver a casa, todo vuelve a la ‘normalidad’ en los países. Los problemas sociales no desaparecen y la inspiración en la cancha no necesariamente se traslada al ámbito de las políticas públicas.

El Banco Interamericano de Desarrollo lanzó recientemente un portal interactivo que explora un escenario ficticio con datos actuales (y reales) y plantea la creación de un Mundial del Desarrollo. Analiza la situación en cada uno de los 32 países clasificados a Rusia 2018 para intentar responder esta pregunta, ¿quién quedaría campeón si la competencia fuera sobre indicadores de desarrollo? La propuesta es innovadora y permite analizar dónde estamos y qué nos falta por hacer en cuestiones que afectan al bienestar de las personas. Motivados por la idea, quisimos profundizar aún más en esta interrogante para encontrar la respuesta a quién ganaría el Mundial de acceso y calidad de la salud.

El puntaje en salud de cada país en la fase de grupos

Para el hipotético Mundial de la salud, seguimos el Índice de Acceso y Calidad en Salud del Instituto para las Métricas y Evaluaciones en Salud (IHME, por sus siglas en inglés), que se basa en causas de muerte que hubieran sido prevenibles en la presencia de un sistema de salud efectivo en términos de acceso y calidad, y factores de riesgo. El análisis del IHME utiliza datos estimados del Estudio sobre la Carga Mundial de Enfermedades, Lesiones y Factores de Riesgo (GBD, por sus siglas en inglés) en 195 países y territorios. En una escala de 0 a 100, siendo 100 el mejor puntaje, el Índice ubica a los países según su capacidad de brindar acceso a servicios de salud con la mejor calidad posible. En base a ello, la realidad de las victorias y derrotas en el Mundial de Fútbol distan mucho de los que serían los resultados en el hipotético Mundial de la salud.

La fase de grupos no favorecería demasiado a los países de la región, con excepción de Uruguay. Rusia y Egipto alcanzarían puntajes inferiores al de Uruguay (72), permitiendo a la “celeste” quedar segundo en su grupo. Costa Rica, aunque presenta el mejor puntaje (72.9) de todos los países de América Latina y el Caribe que clasificaron, no lograría matricularse a la siguiente etapa al caer derrotada ante Suiza (91.8) y Serbia (75.4). Argentina y Colombia quedarían terceros en sus respectivos grupos, mientras Brasil y México caerían ante todos sus rivales, terminando últimos. En el mundo hispanohablante, solo España tendría oportunidades de clasificar a la etapa de cuartos de final, ubicándose en quinto lugar entre las 32 naciones participantes, con un puntaje de 89.6 en acceso y calidad de la salud. Esta posición global, sin embargo, no le alcanzaría para meterse a la semifinal.

Y el campeón es…

Ningún país de América Latina se clasificó a las semifinales en Rusia. Tampoco lo hubieran hecho en el Mundial de acceso y calidad de la salud. En base a los puntajes del Índice, los grandes finalistas habrían sido Australia (89.8), Islandia (93.6), Suiza (91.8) y Suecia (90.5), coronando Campeón del Mundo a la tierra de los vikingos. Al otro lado de la tabla, entre las posiciones 24 a la 28 de 32 países, quedarían Perú, Argentina, Colombia, Brasil, Panamá y México; es decir, casi todos los países de la región que lograron clasificarse.

¿Por qué las finales mundiales, en fútbol y en el desarrollo, siguen jugándose entre los llamados gigantes europeos mientras América Latina y el Caribe se va quedando afuera?

En fútbol, creemos que hace falta principalmente un poco de suerte.

En salud, lamentablemente la suerte no es suficiente. Si bien la región ha logrado avances importantes hacia la cobertura sanitaria universal, que se han traducido en mejores resultados de salud – por ejemplo, la esperanza de vida ha aumentado 4 años desde el 2000, pasando de 71 a 75 años –  la calidad de la atención está todavía lejos de la que ofrecen hoy las selecciones semifinalistas en lo que fuera el mundial de la salud. Mejorar la cobertura y el acceso a los servicios de salud es importante, pero su impacto disminuye si no se cuenta con infraestructura, equipamiento y personal de salud adecuado; es decir, si la calidad de la atención no es suficiente.

Este ejercicio hipotético tiene el propósito de hacernos reflexionar sobre lo que podemos hacer para alcanzar un mejor puntaje de acceso y calidad a la salud en la región. El Mundial del Desarrollo no sucede cada 4 años ni deja una Copa simbólica; se juega a diario y tiene un efecto real sobre nuestras poblaciones. Tomar acción no siempre es sencillo y puede parecer una tarea titánica. Ante ese escenario, haríamos bien en recordar que Islandia, nuestro campeón hipotético, jamás había clasificado antes a un Mundial de Fútbol. ¿No será también posible que nuestros países, dando todo en la cancha (el terreno de las decisiones), planificando cada pase (políticas públicas) y jugando con integridad (juego limpio y tarjeta roja al mal desempeño) puedan lograr resultados no imaginados pero favorables al bienestar de las personas?

Si quieres aprender más sobre los sistemas de salud en la región, descarga esta publicación gratuita.

¿A quién le apostarías por mejores resultados en acceso y calidad de la salud en los próximos 4 años? Comparte tus predicciones en la sección de comentarios o mencionando a @BIDgente en Twitter.

Andrea Proaño Calderon es consultora en comunicaciones para la División de Protección Social y Salud del Banco Interamericano de Desarrollo.

Gianluca Cafagna es Oficial Profesional Asociado en la División de Protección Social y Salud en el Banco Interamericano de Desarrollo. 

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¿Cómo deciden los gobiernos si pagan tus tratamientos médicos o los míos?

Lun, 07/02/2018 - 07:00

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Por Ferdinando Regalia.

La salud universal es una de las principales metas y prioridades de desarrollo para los países. ¿Significa esto que los gobiernos deberían costear todos los medicamentos y servicios de salud requeridos por la población? ¿Cómo pueden cumplir esta expectativa con recursos limitados y necesidades crecientes? ¿Cómo deciden quién y cómo se prioriza?

La verdad es que ningún país, por rico que sea, puede permitirse pagar todas las medicinas y tratamientos de salud que su población necesita, ni tiene la capacidad económica para financiar todas las tecnologías o intervenciones sanitarias que son aprobadas en el mercado. ¿Qué solución adoptar, entonces?

Una estrategia ha sido esquivar el problema creando obstáculos para los usuarios, como gastos de bolsillo elevados, largas listas de espera e incluso negación de servicios en los puntos de atención. A la hora de enfrentar las cuestiones más apremiantes, este enfoque es poco efectivo y equitativo. Un débil sistema de priorización de los servicios y tecnologías a financiarse con recursos públicos termina abriendo la puerta a todos los servicios y tecnologías disponibles en el mercado y crea problemas de sostenibilidad e inequidad porque supone a la larga, el detrimento del uso de las tecnologías más efectivas en términos de coste y beneficio a las que puede acceder la mayoría de la población.

¿Qué es la priorización en salud?

Priorizar en salud, ordenar según el grado de importancia los servicios, tecnologías o tratamientos sanitarios que serán financiados con recursos públicos para beneficio de la población.

El objetivo es racionalizar el gasto, mejorar el acceso y la calidad de los servicios y mantener o promover la equidad en los sistemas sanitarios. Esta es una tarea muy compleja que exige a numerosos actores con intereses y objetivos muy diferentes (instituciones gubernamentales, políticos a cargo de las decisiones, personal sanitario, industria farmacéutica, pacientes y ciudadanos) interactuar y trabajar de una manera coordinada.

El proceso de priorización sucede paso a paso y difiere ampliamente de país en país, como muestra este análisis comparativo de la priorización del gasto en salud en Brasil, Colombia y México, recién publicado por la red regional Criteria del Banco Interamericano de Desarrollo.

Lo que puedes aprender de la priorización

Elegir qué medicamentos o tratamientos financian los gobiernos es una tarea muy difícil que requiere sistemas bien definidos y transparentes. Una adecuada planificación y evaluación de las políticas de priorización permite detectar y corregir problemas con mayor facilidad, lo que finalmente se traduce en una mejor eficiencia del gasto público. No hay un camino único y cada país ha abordado sus planes en diferentes momentos y de maneras distintas.

El estudio presenta una gran oportunidad de aprendizaje para aprovechar la priorización como una herramienta clave para avanzar hacia la cobertura y el acceso a la salud de calidad. Esta publicación:

  • traza una serie de acciones necesarias y comunes para los procesos de priorización de salud de los países
  • presenta las experiencias de políticas públicas para la priorización en Brasil, Colombia y México para extraer conclusiones que incitan a la reflexión y el debate
  • identifica las partes y las relaciones entre los actores y ordena los procesos para ayudar a entender cómo esto determina el resultado final
  • emplea un enfoque sistémico que enfatiza la relación existente entre los distintos procesos asociados a la priorización
  • destaca los avances y los retos pendientes, clave para aquellos países que todavía no han iniciado sus procesos de priorización en salud o que estén en proceso de crearlos o mejorarlos.

Descarga gratis el análisis completo

Poner esta información sobre la mesa es un primer paso para construir sistemas fuertes de priorización en salud, fundamental en los actuales contextos de restricción fiscal que limitan los recursos para cumplir las expectativas de los ciudadanos. Ganar apoyo y, sobre todo, merecerlo ofreciendo los servicios necesarios exige articular y conectar muy bien los procesos teniendo en cuenta los contextos políticos, financieros, institucionales y socioculturales.

Las poblaciones están cada día mejor informadas con respecto a su salud y son, por ende, más exigentes a la hora de reclamar servicios sanitarios. El reto para los gobiernos de hacer el mejor uso posible de los recursos disponibles para el sector de la salud no es menor, y la salud y el bienestar de todos depende de ello. ¿Serán capaces de superarlo y alcanzar el objetivo? Comparte tu opinión en la sección de comentarios o mencionando a @BIDgente en Twitter.

Ferdinando Regalia es jefe de la División de Protección Social y Salud del Banco Interamericano de Desarrollo.

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Hablamos del futuro de la salud

Lun, 06/25/2018 - 07:00

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Por Cristina Pombo.

Las tecnologías son una oportunidad para hallar formas de crear un futuro incluyente y capaz de impactar positivamente a los individuos. Esto es particularmente cierto en la industria del cuidado de la salud y la medicina. La “digitalización” de la salud tiene el potencial de revolucionar el diagnóstico y el tratamiento hacia la prevención y gestión alrededor del paciente.

Los avances en esta revolución son fascinantes. Por un lado, permiten servicios a través de portales, consultas remotas, registros médicos personales electrónicos, robots quirúrgicos y dispositivos portátiles que administran tratamientos médicos a demanda y no de emergencia a los pacientes. Por otro, la incorporación y coordinación fluida de aplicaciones digitales y dispositivos conectados ya está transformando la industria en un sistema centrado en el paciente e impulsado por los datos. Esto cambiará el foco de la medicina tradicional y responsabilizará a los ciudadanos de la gestión de su propia salud y bienestar.

No todas las tecnologías emergentes alterarán el terreno social, pero algunas tienen un verdadero potencial para modificar el orden establecido, cambiar la manera en la que las personas viven y trabajan y reacomodar los conjuntos de valores. En este reporte, Servicios Sociales para Ciudadanos Digitales, identificamos las tecnologías emergentes y sus implicaciones en la forma en que se prestan los servicios.

Inteligencia artificial

Su irrupción en la industria de la salud permite mejores diagnósticos y tratamientos. En el consultorio médico la inteligencia artificial ya está ayudando a los dermatólogos a distinguir entre manchas inofensivas y crecimientos cancerígenos, a diagnosticar enfermedades genéticas poco comunes a través de algoritmos de reconocimiento facial y a leer radiografías y otras imágenes médicas. En poco tiempo, permitirá detectar signos de enfermedades oculares relacionadas con la diabetes, como la retinopatía diabética.

Por otro lado, así como nuestros teléfonos móviles ya nos dicen cómo dormir mejor, cómo comer más saludable y cómo hacer más ejercicio, también la inteligencia artificial puede interpretar patrones en la forma en la que hablamos y escribimos mensajes para detectar los primeros signos de depresión y el riesgo de suicidio. Chatbots amigables entrenados en conceptos de terapia cognitivo-conductual están ayudando a personas que no tienen tiempo o recursos para recibir ayuda profesional. Este abordaje se apoya en el hecho de que las personas se abren más ante una máquina que ante otras personas porque los algoritmos no juzgan.

Blockchain 

El blockchain brinda muchas oportunidades al sistema de atención de la salud tradicional. Por ejemplo, una cadena puede contener el registro médico electrónico del ciclo de vida completo de un paciente. También se puede utilizar en la etapa de fabricación de productos farmacéuticos para garantizar su autenticidad.

Además el blockchain puede ofrecer una plataforma segura y fácil de autenticar para la integración de datos a partir de dispositivos como rastreadores del estado físico o que utilizan aplicaciones móviles. Así, un solo paciente puede generar datos seguros y autenticados a partir de varios dispositivos. El seguimiento y el acceso a datos diarios de salud permite crear planes de salud y ejercicio para los pacientes, que a su vez pueden ser adaptados continuamente a medida que se interpretan los datos. La transparencia y la responsabilidad inherentes al blockchain garantizarán la seguridad de los datos y disminuirán los riesgos asociados.

Internet de las cosas 

La conectividad que permite internet de las cosas abrirá nuevas posibilidades para la prestación de servicios de salud eficientes, de buena calidad, transparentes y de bajo costo, algo muy relevante en el contexto de América Latina y el Caribe. Así como existen las fábricas inteligentes, podríamos tener hospitales inteligentes que podrían brindar niveles de atención impensables hasta ahora y a menores costos, a través del análisis permanente de ubicaciones, signos vitales o medicamentos administrados.

La innovación digital también podría apoyar la derivación fluida de pacientes y sus historiales clínicos  electrónicos para fines de diagnóstico y tratamiento a futuro. Gracias a la constante reducción de los precios de los sensores y la mayor viabilidad de las tecnologías, los dispositivos médicos capaces de conectarse a internet de las cosas serán parte integral de la vida diaria de los pacientes.

Salud digital y respuesta humana

La velocidad del cambio y las oportunidades sin precedentes que surgen a partir de tecnologías como Blockchain y la inteligencia artificial son hoy el sello distintivo de la industria de la salud. Pero el futuro de la salud no sólo se definirá por las innovaciones, sino que también será moldeado por la manera en que respondamos y preveamos los desafíos, incluyendo el de la privacidad de los datos, y las consecuencias de cada gran avance. Por decirlo de otra forma, cuanto más sepamos, más “conocidos desconocidos” se nos revelarán. Los límites de las áreas que aún quedan por estudiar se amplían permanentemente, mientras proliferan las posibles aplicaciones de las nuevas tecnologías.

Descarga esta publicación y conoce más sobre el futuro de la salud.

¿Cómo crees que será el futuro de la salud en tu país? ¿Qué avances conoces y qué efecto han tenido? Cuéntanos en la sección de comentarios o mencionando a @BIDgente en Twitter.

Cristina Pombo es asesora de economía digital en la Gerencia del Sector Social del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

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¿Por qué donar sangre?

Mié, 06/13/2018 - 17:55

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Por Carolina González Acero.

Debes donar sangre porque 9 de cada 10 personas necesitarán una transfusión en algún momento de su vida para sobrevivir. Para responder esta demanda, muchas veces se recurre a amigos o familiares o se paga por encontrar un donante. Pero también existe una respuesta altruista en la forma de donaciones voluntarias no remuneradas, que se convierten en una oferta de sangre continua. Para avanzar y apoyar con la disponibilidad oportuna y segura de sangre mediante donaciones, cada 14 de junio se celebra el Día mundial del donante voluntario de sangre.

Las condiciones para la disponibilidad y seguridad de la sangre varían de país a país. Actualmente, 122 países tienen una política nacional de sangre, pero solo 105 cuentan con una regulación precisa en relación con la calidad y la seguridad de la sangre para realizar transfusiones.

¿Qué están haciendo los países?

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), sólo 57 países han logrado obtener el 100% de suministro de sangre segura de donaciones voluntarias no remuneradas.  Cuando se comparan los países por nivel de ingresos, la situación es preocupante: la tasa de donación de sangre por cada 1000 personas es de 32,1 en los países de ingresos altos, frente a 4,6 en los países de ingresos bajos. Estas cifras son muy bajas teniendo en cuenta que en los países de mayores ingresos sólo habita el 19% de la población mundial.

En la región, 23 países han diseñado una política nacional de sangre. El número de donantes voluntarios no remunerados en Cuba, Nicaragua, Aruba, Bermuda, Curazao, Guadalupe, Guyana, Islas Caimán, Martinica y Surinam ha incrementado al punto que hoy la totalidad de donaciones de sangre provienen de este grupo.

Sin embargo, aún persisten desafíos importantes. Por ejemplo:

  1. El porcentaje de donantes voluntarios es del 54,89% en el Caribe y el 43,28% en América Latina, cifras lejanas de la meta propuesta por la OMS para alcanzar el 100% hasta 2019
  2. Aún no se aprovecha la totalidad de la sangre para transfusiones: en América Latina sólo el 92,9% de las unidades de sangre se separa para glóbulos rojos, plasma y plaquetas, mientras en el Caribe sólo se descompone el 67,04% de las unidades
  3. No existe tamizaje universal para verificar que la sangre donada en cada país sea segura y esté libre de infecciones
  4. No todos los países conocen cuáles son sus necesidades reales de sangre.

Respuestas regionales

República Dominicana ha hecho una fuerte apuesta por incrementar la donación voluntaria de sangre, que hoy sólo alcanza el 20%. Actualmente está finalizando la construcción del Hemocentro Nacional, a través del cual se captará y se procesará la sangre de manera segura y oportuna para ser distribuida en una red nacional de sangre. Paralelamente, se ha lanzado una campaña para motivar la donación voluntaria y dar a conocer la red nacional de sangre, con la cual se espera recolectar al menos 300 mil unidades para superar las 103 mil que se colectan anualmente.

Ecuador casi ha duplicado el número de donantes voluntarios no remunerados, pasando del 38% en 2010 al 60% en 2014. Cuenta con un sistema de centralización del tamizaje y con la tecnología necesaria para garantizar sangre segura y de calidad. En 2016 demostró a la región la importancia de contar con una buena organización en la red nacional de sangre para responder a desastres naturales, como el terremoto que azotó el noroeste del país.

En México, donde la donación voluntaria es del 3%, se creó la aplicación Blooders para conectar a las personas que necesitan sangre con donantes voluntarios y hospitales. Hasta 2016 la aplicación había salvado 6.000 vidas y se espera que pueda seguir creciendo e incluso ampliar su cobertura a otros países de América Latina.

En Perú se aprobó recientemente el Plan Nacional para la promoción de la donación de sangre, para que las personas puedan acceder de forma segura a la sangre y sus derivados a través de donaciones. Además, plantea implementar un registro nacional de donantes de sangre y la formación de una red nacional de promotores para motivar la donación.

En Uruguay, las campañas de donación fomentan la búsqueda activa de donantes voluntarios en sitios y eventos como ferias y centros comerciales. Desde hace varios años cuenta con la Ley del día libre para promover la donación voluntaria.

Todos estos esfuerzos y avances solo tienen sentido si todos contribuimos, si hacemos de la donación voluntaria no remunerada un hábito. Recuerda que los 450 mililitros de sangre extraídos en unos pocos minutos de tu tiempo pueden salvar hasta tres vidas.

¿Conoces las condiciones necesarias para donar sangre? ¿Qué está haciendo tu país para sumarse a estos esfuerzos? Cuéntanos en la sección de comentarios o mencionando a @BIDgente en Twitter.

Carolina González Acero es especialista en salud en la División de Protección Social y Salud del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en la oficina de República Dominicana.

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¿Qué tiene que ver la neurociencia con los comportamientos sociales saludables?

Lun, 06/11/2018 - 07:00

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Por Agustín Ibáñez, Lucas Sedeño y Adolfo M. García

“Ningún hombre es una isla”, escribió John Donne en 1624, y, sin saberlo, su frase representa hoy una valiosa lección para las neurociencias contemporáneas. Sucede que el cerebro humano se gesta, se desarrolla y se expresa (e incluso se daña) en entornos sociales.

Para comprender nuestra mente, debemos estudiar la interacción entre aspectos biológicos, cognitivos e interpersonales. En los últimos 20 años ha surgido una nueva aproximación, llamada neurociencia afectiva, social y cognitiva (SCAN, por sus siglas en inglés), que redefinió el estudio de los procesos mentales.

La mente y el contexto interpersonal, afectivo y cultural

La interdependencia entre factores biológicos y sociales es evidente en investigaciones sobre cuadros clínicos. Por ejemplo, la depresión (aquellos sentimientos exacerbados de tristeza, desesperanza y perdida de interés que impactan de forma negativa y significativa en la vida cotidiana de quien los padece) puede estar vinculada a varios procesos, entre ellos:

  • Químicos: por ejemplo, los cambios en ciertos neurotransmisores serotoninérgicos pueden producir depresión.
  • Psicológicos: por ejemplo, una actitud pesimista continua, acompañada de pensamientos negativos recurrentes, pueden facilitar la depresión.
  • Sociales, que resultan aún más interesantes: en situaciones de aislamiento social, la soledad real o percibida (cuando una persona está rodeada de gente, pero se siente sola y se percibe sin vínculos) puede modificar la expresión de genes inflamatorios, una de las primeras respuestas del sistema inmune. Esto duplica las probabilidades de desarrollar demencia y enfermedades cardíacas, e incluso aumenta el riesgo de muerte. Múltiples estudios científicos recientes de la neurociencia social han revelado cómo las interacciones sociales insalubres, no basadas en la confianza, pueden aumentar el riesgo de desarrollar depresión y otros cuadros psiquiátricos.

Las neurociencias y la salud

Ahora bien, ¿cómo han de integrarse los conocimientos sociales y neurocientíficos para contribuir a cuestiones tan apremiantes como la pobreza, la desigualdad socioeconómica, la salud y el bienestar? Un ejemplo de esta integración proviene de estudios que han mostrado cómo la privación social temprana (como la que sufren los niños institucionalizados) produce un severo retraso madurativo de la corteza frontal y otras regiones cerebrales; así como múltiples déficits cognitivos (tales como el nivel intelectual y la capacidad de abstracción, por mencionar algunos) y socioemocionales (capacidad de reconocer e interpretar emociones, dificultad para entender las intenciones de los otros, y desadaptación social, entre otros).

El Proyecto de Intervención Temprana de Bucarest demostró que los niños abandonados cerca del nacimiento y criados en patronatos de dicha ciudad rumana, sin una adecuada vinculación psicosocial, presentan limitaciones cerebrales, intelectuales, emocionales y lingüísticas. La pobreza y los factores que la acompañan (consumo de alcohol, mala alimentación, mayor exposición a maltrato, menor educación) producen serias desigualdades. Las personas con alta vulnerabilidad social y con nivel socioeconómico bajo tienen mucho más riesgo de desarrollar enfermedades cardíacas, cáncer, y por supuesto, alteraciones neurocognitivas.

Por otro lado, los pacientes con afectaciones cerebrales nos permiten estudiar por qué a veces cometemos deslices ocasionales y se producen cambios en nuestra conducta social. No hace falta tener Alzheimer para olvidarnos dónde pusimos la llave de casa, ni tener Síndrome de la Tourette para que un día se nos salga la chaveta y le gritemos a nuestro jefe que su madre ejerce la más antigua de las profesiones. Un desbarajuste cerebral puede hacer que olvidemos cosas, caminemos temblorosos, evitemos el contacto social o larguemos malas palabras a diestra y siniestra. Las causas de estos y tantos otros infortunios pueden ser de lo más variadas. A veces el problema está en desperfectos estructurales al interior de las neuronas. En otras ocasiones, la mente se enferma porque dichas células no se comunican bien. O a veces, es el entramado social el que produce cambios a nivel cerebral. Es así que estudiar las afectaciones cerebrales nos brindan valiosas lecciones para comprender la mente sana y para promover la salud cerebral.

Neurociencias y ciencias sociales: el vínculo que falta

Las implicancias de esta nueva concepción integradora de las neurociencias van mucho más allá del ámbito clínico. La SCAN ha forjado nuevas avenidas para el diálogo con campos que abordan directamente las dinámicas sociales, como la salud, la economía, el derecho, la educación, la formulación de políticas públicas y la sociología. Esta interacción incluso ha dado lugar a nuevas especialidades, como la neurosociología o la neurociencia cultural. La SCAN pone de manifiesto la relevancia de considerar los afectos, la cultura, y nuestra naturaleza intrínsecamente prosocial para alcanzar desarrollos aplicables en la vida cotidiana.

Por ejemplo, el desarrollo de hábitos sociales saludables, las relaciones basadas en la confianza y la reciprocidad, y la promoción de actividades grupales no sólo mejoran la calidad de vida de las personas, sino que promueven su salud mental y cerebral. En consecuencia, han surgido oportunidades sin precedentes para explorar los vínculos íntimos entre los procesos biológicos individuales y los fenómenos socioculturales interpersonales. En ese transitar social que llamamos vida, nuestras neuronas ejecutan una sinfonía guiada por dos batutas: la propia y la de los que nos rodean.

En la era del neuroboom, donde el cerebro se erige –a menudo exageradamente– como un elemento explicativo para cualquier fenómeno, es indispensable promover un enfoque crítico y polifónico para explorar, tensar, discutir, promover, criticar y reconsiderar los límites entre la neurociencia social y las ciencias sociales. Por ello, hemos recogido las perspectivas de más de 50 investigadores empíricos y teóricos que operan en neurociencia y ciencias sociales en todo el mundo, abriendo oportunidades para que la neurociencia social salga del laboratorio al centro de la vida social.

Con este aporte, que es parte de una propuesta impulsada por el Banco Interamericano del Desarrollo (BID) en Sudamérica, llamada “Grupo de estudio de las ciencias del comportamiento para las políticas de protección social y salud: un enfoque basado en el ciclo de vida”, esperamos sumar nuestro grano de arena para que la mente humana salga de la isla que le depararon viejos enfoques científicos, a fin de entenderla con plena consciencia de su naturaleza social.

Comparte tus ideas y experiencias sobre el vínculo entre neurociencias y salud y bienestar en la sección de comentarios o mencionando a @BIDgente en Twitter.

Agustín Ibáñez es director del Instituto de Neurociencia Cognitiva y Traslacional (INECO-Favaloro-CONICET), investigador de Universidad Adolfo Ibáñez y Australian Research Council.

Lucas Sedeño es Doctor en Ciencias Médicas, co-dirige el Laboratorio de Psicología Experimental y Neurociencias, dependiente del INCYT (Argentina).

Adolfo M. García es Director Científico del Laboratorio de Psicología Experimental y Neurociencias, dependiente del INCYT (Argentina).

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Servicios de salud para personas con discapacidad

Mar, 06/05/2018 - 13:18

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Por Juan Sebastián Ortega Linares.

Cuando lees “discapacidad”, ¿cómo la defines? Mucha gente piensa en una condición física o intelectual, sin embargo, y de acuerdo con la comprensión actual acogida por la Organización Mundial de la Salud, la discapacidad es un fenómeno mucho más complejo que refleja la interacción entre las características del organismo humano y las características de la sociedad en la que se vive.

Por lo tanto, puede decirse que la discapacidad no se deriva exclusivamente de las condiciones particulares del individuo, sino también del medio con el que estos se relacionan. La discapacidad atañe a las personas y a la sociedad y debe ser abordada dinámica e integralmente en estas y en aquella, a fin de lograr que se supere e impedir que se presente.

Existen diversas condiciones personales y sociales que definen a las personas con discapacidad como aquellas que se ven enfrentadas a dificultades para desarrollar actividades necesarias en su desenvolvimiento como seres sociales.

Poe ejemplo, sabemos que el ámbito de la salud resulta esencial para cualquier persona y para cualquier sociedad. No obstante, en relación con las personas con discapacidad los servicios de salud poseen una importancia excepcional, pues no solo son parte del medio social en que la persona se desenvuelve, sino que, en muchos casos, tienen verdadera incidencia sobre las condiciones personales que determinan la evolución de la discapacidad. En muchas ocasiones, estas condiciones pueden ser mitigadas o superadas mediante la prestación oportuna, pertinente y eficaz de servicios de salud, tales como los de rehabilitación.

Independientemente de lo anterior, todas las personas con discapacidad tienen las mismas necesidades de atención médica general. Requieren acceder a educación en salud y a atención médica adecuada en condiciones sostenibles de calidad y equidad.

El estatus de la discapacidad en las Américas

Se estima que la población con discapacidad suma alrededor de mil millones de personas en el mundo y 140 millones en la región de América Latina y el Caribe. Esto es, cerca del 15% del total. Estas cantidades han ido en aumento, debido al envejecimiento de la población, a la mayor prevalencia de enfermedades crónicas, entre otros factores.

Sin embargo, resulta altamente sugestivo que menos de la mitad de las oficinas nacionales de estadística en los países de la región, indagan por el acceso de las personas con discapacidad a la protección o seguridad social. Y cuando se indaga, no siempre se utiliza la conceptualización adecuada de discapacidad.

Así, el reto más inmediato parece radicar en la falta de conocimiento de esta realidad, su precisa dimensión y características por parte de los gobiernos de las Américas y la consecuente imposibilidad de tomar acciones concretas adecuadas y efectivas para transformarla.

La Organización Panamericana de la Salud ha señalado que menos del 3% de las personas con discapacidad en la región, acceden a servicios de rehabilitación y ha advertido la necesidad de que los ministros de salud de las Américas den prioridad a la discapacidad dentro de sus políticas como parte de un Plan de Acción Regional sobre Discapacidades y Rehabilitación, establecido en consonancia con el Plan de Acción de las Discapacidades de la Organización Mundial de la Salud.

Las personas con discapacidad buscan con mayor frecuencia atención en salud y tienen menor acceso a los servicios de atención médica. Por lo tanto, experimentan más necesidades sanitarias no satisfechas. Ello evidencia una preocupante paradoja de base: son las personas que más necesitan de los servicios de salud, pero también aquellas que menos se benefician de estos.

La realidad de un limitado acceso a servicios de salud puede explicarse en múltiples factores concurrentes e interdependientes, como por ejemplo:

  • Costos prohibitivos
  • Oferta limitada
  • Barreras físicas
  • Conocimientos inadecuados del personal sanitario

De la oferta a la calidad de los servicios inclusivos

Ahora bien, más allá de trabajar con miras a mejorar los indicadores resultantes de la información estadística disponible, cabe señalar que las vías de acción también deben pasar por lo cualitativo, en tanto se requieren medios adecuados, lineamientos y formación específica dirigida a los profesionales que ejercen en el área de la salud, para que estén en condiciones de atender las necesidades de la población con discapacidad, en aras de garantizarles la autonomía, información suficiente, intimidad, confidencialidad, seguridad, no discriminación y demás derechos de todo paciente.

La salud como un derecho para todas las personas

En este orden de ideas, urge trabajar mancomunadamente entre los gobiernos, la sociedad civil nacional e internacional junto con la propia población con discapacidad, a fin de desarrollar mayor investigación y diagnóstico en torno a la problemática descrita, así como desplegar mayores esfuerzos en la planeación, ejecución y evaluación de políticas públicas participativas en salud, que aseguren la adecuada prestación de servicios sanitarios a las personas con discapacidad, pero también que conviertan estos servicios en potentes herramientas para la superación de  una situación que compromete la dignidad y bienestar de un número significativo de seres humanos.

Este desafío y otros semejantes relacionados con la inclusión de las personas con discapacidad serán abordados en INCLUYETECH: innovación para las personas con discapacidad, evento que tendrá lugar en la sede del Banco Interamericano de Desarrollo en Washington, DC el próximo 14 de junio, para el cual ya puedes registrarte.

Compártenos tus impresiones e ideas en relación con esta temática en la sección de comentarios o mencionando a  @BIDgente en Twitter.

Juan Sebastián Ortega Linares es abogado colombiano. Tiene una discapacidad visual. Se desempeñó recientemente como pasante en el Banco Interamericano de Desarrollo y en la Organización de Estados Americanos y está por comenzar una maestría en derecho constitucional.

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Postula a curso gratuito en temas de salud pública

Vie, 05/25/2018 - 11:30

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Por Ignacio Astorga

En un contexto donde todos los países están enfrentando un fuerte incremento de las enfermedades crónicas, el desafío de la cobertura universal en salud recae mayormente en el sector público que es el responsable de, al menos, el 64% de la población. La pregunta es ¿cómo se logra este objetivo?

La lógica indica que el primer paso es la planificación de los servicios con criterios de oportunidad, calidad y eficiencia, sin embargo, al revisar la disponibilidad de metodologías de planificación de servicios, solo un 25% de los países de la región disponen de ellas. Adicionalmente surge el desafío del enfoque a utilizar. Como respuesta a este dilema recomendamos usar un enfoque transdisciplinario donde las diversas disciplinas deben dialogar y permear sus fronteras que integre al menos las siguientes perspectivas:

  • Demanda de salud, que considere las condiciones demográficas, socioeconómicas, geográficas y epidemiológicas
  • Oferta de recursos que considere el capital humano, financiamiento, infraestructura y equipamiento, así como el modelo de organización y gestión que combina todos estos factores
  • Evolución de la producción que es la resultante de la interacción entre demanda y oferta.

Como Banco que apoya el desarrollo de los países de la región, creemos indispensable que en la medida que el capital humano cuente con esas competencias permitirá tener mejores servicios de salud en el futuro, por eso…

Te invitamos a postular a la segunda edición del Programa de Capacitación para Gestores en Salud del Banco Interamericano de Desarrollo

Ofrecemos cursos gratuitos destinados exclusivamente a profesionales que trabajan en el sector público a nivel nacional o subnacional, en ministerios o instituciones vinculadas con la formulación, evaluación o gestión de proyectos de inversión.

Los cursos virtuales durarán entre 4 y 5 semanas cada uno, y serán implementados entre julio y diciembre de 2018:

1. Curso virtual, julio: Preparación de Planes Maestros de Inversión con enfoque de Red.
2. Curso virtual, noviembre: Preparación de Estudios de Pre-inversión para Hospitales. Postula a tu equipo.
3. Curso virtual estilo MOOC, mayo o setiembre: Temática general de Asociaciones Público-Privadas (APP). Abierto a todo público.
4. Curso virtual, septiembre: Preparación de proyectos APP en el sector Salud.

Al aprobar estos cursos, tú y tu equipo obtendrán las siguientes certificaciones otorgadas por el BID a través del Instituto Interamericano para el Desarrollo Económico y Social (INDES):

  • Certificación en APP en el Sector Salud: Cursando y aprobando el MOOC General de APP y APP en el Sector Salud.
  • Certificación en Gestión de Proyectos de Inversión en el Sector Salud: Cursando y aprobando los cuatro cursos.
  • Certificación en Planes Maestros y Preinversión en Salud: Cursando y aprobando los cursos 1. Planes Maestros de Inversiones en Salud con Enfoque en Red, 2. Estudios de Preinversión Hospitalaria.

Dado que los cupos son limitados, te invitamos a que postules con tu equipo (de hasta 4 miembros) para ser parte de este programa que tiene por objetivo fortalecer los conocimientos y capacidades de los gestores para diseñar y evaluar proyectos de inversión en el sector de la salud y, en los casos en los que corresponda, estructurar e implementar asociaciones público-privadas en el mismo. El BID concederá una beca de hasta US$8.500 por curso a cada postulante seleccionado, para cubrir la matrícula de los cursos correspondientes a la certificación.

Ignacio Astorga es especialista líder en salud de la División de Protección Social y Salud del Banco Interamericano de Desarrollo.

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¿Y si la clínica más cercana te queda a una hora en barco?

Lun, 05/21/2018 - 07:00

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Por Francisco Ochoa. 

La familia Gomes* vive en una isla del litoral de Paraná, en Brasil, a más de una hora en barco del municipio de Guaraqueçaba y de la mayoría de los servicios básicos como los de salud. La familia esta integrada por diez personas incluyendo niños, adolescentes y adultos, que viven en una casa de apenas dos cuartos, en condiciones de precariedad. Aunque la madre, embarazada, requiere periódicamente de controles prenatales y uno de los adultos padece diabetes, las visitas de los equipos de salud llegan solamente una vez al mes, cuando el clima y la logística lo permiten.

Esta situación no es atípica en la región, que incluye 25 islas donde viven más de mil personas. Paraná, de casi la misma superficie que el Reino Unido, cuenta con más de un millón y medio de personas que viven en zonas rurales, muchas veces remotas. La tasa de pobreza extrema en estas zonas casi duplica a la de zonas urbanas (4.26% y 2.31% respectivamente).

El acompañamiento de salud para las familias que viven en zonas rurales es siempre desafiante debido a las grandes distancias y, en muchos casos, a las dificultades de acceso. Aunque Paraná tiene una amplia red de 1800 unidades básicas de salud con equipos multiprofesionales, que cubren aproximadamente al 63% de la población, están ubicadas mayormente en zonas semi urbanas y los recursos de los municipios de grandes extensiones son limitados para llegar a familias que viven, por ejemplo, a más de 70 kilómetros de distancia por caminos de tierra o a una hora en barco. Existe, por lo tanto, una deuda histórica con las familias rurales.

Tres instrumentos para mejorar la cobertura de salud de las familias

Pensando en esta situación, en 2012 se creó el Programa Familia Paranaense (FP), una estrategia multisectorial de acompañamiento de salud, educación y asistencia social para las familias más vulnerables, especialmente en los 156 municipios con indicadores sociales más bajos. El programa consiste en que un profesional de referencia opera como articulador entre la familia y los servicios y los acompaña durante un período mínimo de dos años. La calidad y frecuencia del vínculo con el profesional de salud es fundamental. La estrategia del FP, inspirada en programas como Chile Solidario, consiste en conectar a las familias con los servicios existentes en su territorio para así agilizar su inserción social.

El programa se apoya en tres pilares:

1. Priorización de beneficiarios: el Índice de Vulnerabilidad de la Familia (IVF), construido a partir de bases de datos secundarias, permite identificar, antes de realizar el primer contacto, aquellos hogares con peores condiciones de vida y focalizar las acciones prioritariamente sobre ellos. De esta forma, el programa está “obligado” a llegar a los rincones más remotos donde vive una familia prioritaria según el IVF.

2. Búsqueda activa: una vez identificadas, los agentes comunitarios de salud (ACS), junto con los equipos de asistencia social, visitan a las familias en mayor vulnerabilidad y pactan un plan de acción familiar, con metas específicas en salud. Así, por ejemplo, personas con una condición crónica de salud pasan a recibir visitas más frecuentes por parte de los agentes.

3. Incentivo financiero: los municipios prioritarios reciben hasta US$25.000 anuales para buscar y acompañar a las familias beneficiarias, además de capacitaciones y apoyo técnico por parte del programa. El monto del incentivo está condicionado al desempeño en el llamado “Índice de Adherencia”, que mide el grado de actualización del plano de acción familiar y el cumplimiento de las acciones previstas, entre otras.

Las familias que ya no son olvidadas

Una vez que las familias son incorporadas al FP, un equipo multidisciplinario es responsable de visitarlas periódicamente y proveerles servicios de salud, asistencia social y educación. El equipo se reúne en forma quincenal y actualiza el cumplimiento de las acciones acordadas. Para facilitar el alcance de metas, las familias reciben también una transferencia condicionada que complementa el recurso de Bolsa Familia, programa nacional de transferencias monetarias que requiere el cumplimiento de ciertas condiciones en salud y educación. Justamente, FP se ocupa de apoyar a los hogares en el cumplimiento de estos requisitos.

La estrategia del programa ha permitido incorporar a los servicios de salud a familias que hasta entonces eran “invisibles” o tenían dificultades para agendar y cumplir con una consulta de salud. Desde su lanzamiento, más de 20.000 familias de alta vulnerabilidad social han sido atendidas por los equipos locales.

De las familias que cumplieron acciones pactadas de salud y asistencia social, 71% mejoraron su IVF. El Programa ha permitido, además, aumentar los servicios de consulta especializados, como controles prenatales y consultas neurológicas en centros de alta complejidad, algo antes casi imposible para las familias rurales alejadas de los grandes centros urbanos.

Aunque queda mucho trabajo por hacer, este tipo de iniciativas demuestran que es posible cambiar la realidad de miles de familias, como los Gomes, que hasta ahora estaban olvidadas por los servicios de salud.

¿Qué estrategias innovadoras implementa tu país para llevar servicios de salud a regiones aisladas en el Amazonas, los Andes o en el Caribe? Cuéntanos en la sección de comentarios o mencionando a @BIDgente en Twitter.

*Nombre ficticio

Francisco Ochoa es especialista en Protección Social en la División de Protección Social y Salud del Banco Interamericano de Desarrollo en Brasil.

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¿Cómo y cuándo se realiza el control de la presión arterial?

Lun, 05/14/2018 - 17:25

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Por Vilma Irazola.

Estás haciendo tu caminata diaria o saliste a correr por el parque y en un momento del trayecto te cruzas con una carpa y una mesa donde estudiantes de medicina toman la presión. Te entra la duda. Dado que poco más del 30% de la población adulta a nivel mundial padece hipertensión, ¿será bueno registrar esos valores fuera de un consultorio? ¿El ejercicio o el café de la mañana influirán en los resultados?

Todas estas son preguntas válidas. En el Día Mundial de la Hipertensión, queremos acercarte algunos consejos sobre cómo y cuándo controlarse la presión arterial.

5 aspectos para tener en cuenta antes del control

Cuando se trata de registrar la presión arterial, la técnica importa. Hacerlo mal puede darte una lectura demasiado alta o demasiado baja, conduciendo a diagnósticos equivocados. Para tomar la presión de manera adecuada, ya sea que lo haga un profesional o tú mismo, estos factores son clave:

Fuera del consultorio

Tu presión arterial cambia de hora en hora, a veces incluso en minutos. Caminar rápido, ver noticias impactantes por televisión, comer, escuchar música suave o ponerse nervioso son algunas de las situaciones que influyen en los valores. Por eso, las mediciones que toma tu médico o la enfermera en el centro de salud son solo una foto en el transcurso del día. En algunos casos, esa instantánea es representativa de la presión arterial habitual, pero a veces no. Por ello resulta útil controlarla en otros ámbitos, fuera del consultorio. ¡Incluyendo el parque o tu casa!

Automonitoreo

El automonitoreo en el hogar está indicado para las personas que tienen un diagnóstico de hipertensión arterial. No reemplaza la visita al médico, pero, dado que las personas generalmente se ponen más nerviosas en el consultorio, los valores de presión arterial pueden ser menores en el hogar y esa es una información que también vale la pena tener. Por otra parte, diversos estudios sugieren que las personas que miden su presión arterial en casa tienden a controlarla mejor: quienes participan activamente en el cuidado de su salud obtienen mejores resultados.

La presión arterial también varía a lo largo del día, por lo que es normal obtener lecturas diferentes en diferentes momentos de una misma jornada. También es normal que el valor del martes sea distinto al del jueves. Los mejores momentos para controlar tu presión arterial son las mañanas, después de despertarte, o por la noche, antes de acostarte. Si te recetaron medicamentos para la presión arterial, puedes hacer la medición antes o después de tomarlos.

En cuanto al aparato de medición, en el mercado hay docenas de monitores de presión arterial o tensiómetros. Si decides comprar uno, los mejores son los que utilizan un manguito para el brazo que se infla solo hasta el nivel adecuado y registra los valores automáticamente en una pantalla. No se recomiendan aquellos que toman la presión en la muñeca o el dedo, porque las mediciones son menos precisas.

¿Por qué controlar la presión arterial?

Se considera presión arterial alta (hipertensión) cuando la medición es mayor o igual a 140/90. El 75% de los adultos que padecen hipertensión viven en países de medianos y bajos ingresos, como Argentina, pero la mayoría no conoce su condición; apenas el 7,7% la tiene controlada. Por eso es importante controlarse periódicamente.

En América Latina y el Caribe, se estima que la hipertensión afecta a un 20-40% de adultos, unos 250 millones de personas. La presión arterial elevada es el principal factor de riesgo para desarrollar enfermedades cardiovasculares como las enfermedades isquémicas del corazón y las cerebrovasculares. Cada año, alrededor de 1.6 millones de personas mueren por estas enfermedades en nuestra región; de ellas, medio millón antes de cumplir los 70 años.

La única manera de detectar la hipertensión es medirla. Si tu presión es normal, basta con un control anual, pero si tienes presión alta, se recomiendan controles más frecuentes, por ejemplo, una vez a la semana o al mes, dependiendo de cada caso en particular y según la indicación del médico.

Si eres una de cada cinco personas que controlan su presión adecuadamente, ¡felicitaciones! Si no acostumbras a hacerlo, ¿qué esperas? En tus manos está el control de tu salud.

Conoce más sobre la hipertensión aquí.

¿Controlas tu presión frecuentemente? ¿Sabes cómo hacerlo? Cuéntanos en la sección de comentarios o mencionando a @BIDgente en Twitter.

Vilma Irazola, Dra., es directora del Departamento de Investigación en Enfermedades Crónicas del IECS y del Centro de Excelencia en Salud Cardiovascular para América del Sur (CESCAS) en Argentina.

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¿Cómo es el panorama de envejecimiento y dependencia en la región?

Lun, 05/07/2018 - 17:24

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Por Marco Stampini.

América Latina y el Caribe está envejeciendo a un ritmo acelerado y sin precedentes. En estos momentos, un 11% de sus habitantes son mayores de 60 años, porcentaje que aún no permite hablar de población envejecida como en el caso de Europa (23,9%) o América del Norte (20,8%). Sin embargo, se prevé que en 2030 la población mayor de 60 años alcanzará el 17% y en 2050, uno de cada cuatro habitantes de la región habrá superado esa edad. Europa necesitó 65 años para recorrer el mismo camino.

En tan solo tres décadas, la población de adultos mayores de 60 años en América Latina y el Caribe será similar a las cifras que hoy se observan en Alemania, Holanda, Suiza o Dinamarca. No todos los países envejecerán por igual, según previsiones de la Organización de las Naciones Unidas. Guatemala, Guyana y Haití lo harán a un ritmo más moderado y en 2050 alcanzarán los niveles de la China actual, con un 15% de mayores de 60 años. Pero Bahamas, Barbados, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Jamaica, Trinidad y Tobago y Uruguay podrán compararse con Alemania, Finlandia o incluso Japón, con cerca del 30% de adultos mayores.

La diferencia está en que, probablemente, la región no estará igual de preparada, en particular en términos de cobertura de salud y pensiones, como lo estuvo Europa en su momento.

Es hora de prepararse para un nuevo escenario demográfico

Aunque vivir hasta edades más avanzadas es una buena noticia, el envejecimiento de la población trae consigo importantes desafíos en los sistemas de pensiones y de salud. A medida que las sociedades envejecen, aumenta la proporción de personas con dificultades para realizar actividades diarias y que necesitan de la ayuda y el cuidado de otros.

Según estimaciones del BID, en 2015 un 1% de la población de esta región, es decir, unos cuatro millones de personas, ya podía ser considerada dependiente. Se prevé que para el año 2050, esa cantidad habrá aumentado al 3% (unos 20 millones).

La familia ha sido, tradicionalmente, la principal encargada de dispensar los cuidados, pero la reducción de su tamaño, la disminución de las tasas de natalidad, y la incorporación de la mujer al mercado de trabajo están transformando esta realidad.

Mientras la demanda de servicios de cuidados ha aumentado, el número de personas que solían proporcionarlos de forma informal ha disminuido. Esto va a requerir medidas concretas por parte de los políticos encargados de tomar decisiones relativas a la salud y la protección social. Los países deben prepararse para afrontar las presiones que vendrán y cuanto antes lo hagan, menores serán las condiciones de vulnerabilidad o exclusión social de los adultos mayores.

Los cambios demográficos en América Latina y el Caribe implican, también, un descenso en la cantidad de personas en edad de trabajar, obligando a  un número menor de contribuyentes a costear las necesidades de una cantidad cada vez mayor de beneficiarios de los sistemas de seguridad social. Pero, además, una mayor proporción de adultos mayores aumentará la demanda de servicios de salud, especialmente de aquellos relacionados con las enfermedades crónicas que son, generalmente, los más costosos. En la región estas enfermedades se combinan habitualmente con altos índices de enfermedades infecciosas, factor que supone una presión adicional para la sanidad pública.

Un Observatorio virtual para monitorear el panorama de la dependencia

Con el objetivo de proporcionar a los gobiernos información precisa que permita diseñar políticas efectivas y ajustadas a la realidad, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) ha creado un Observatorio del Envejecimiento y Cuidados para documentar la situación demográfica de los países latinoamericanos y caribeños, el estado de salud de sus adultos mayores, sus limitaciones y su grado de dependencia, además de sus principales características socioeconómicas. Aunque el Observatorio aborda los temas de las pensiones y la salud, su propósito principal es llenar el vacío existente en el área específica de los cuidados a personas dependientes que, inexorablemente, va a acabar afectando a todos los países de América Latina y el Caribe.

En el futuro, la meta es ofrecer una plataforma interactiva y virtual que incluya información tanto sobre los factores que determinan la demanda de cuidados como sobre la oferta y el costo de los servicios, a la que puedan acceder los encargados de tomar decisiones al respecto y los profesionales del sector.

El diseño de políticas universales a largo plazo que mejoren la oferta de cuidados para las personas dependientes aún no ha tomado fuerza. Tener una visión lo más completa posible de las necesidades actuales y futuras de los cuidados, y analizar la capacidad de respuesta que puedan tener las instituciones públicas o privadas y las familias ante las demandas de una población envejecida, serán claves para ayudar a que los adultos mayores vean y vivan su futuro con optimismo.

¿Cómo es el panorama de envejecimiento y dependencia en tu país? ¿Conoces iniciativas como el Observatorio? Cuéntanos en la sección de comentarios o menciona a @BIDgente en Twitter.

Marco Stampini es especialista líder en protección social del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

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¿Estamos preparados para la factura demográfica?

Lun, 04/30/2018 - 07:00

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Por Nadin Medellín y Pablo Ibarrarán.

Las estructuras poblacionales en América Latina y el Caribe están cambiando y los retos no son pocos. Por ejemplo, el 11% de la población mayor de 60 años depende de otras personas para su cuidado diario. Tanto la magnitud como la intensidad de la dependencia aumentan con la edad de la población, afectando mayoritariamente a las mujeres. Y mientras desde 1965 a la actualidad la población en edad de trabajar creció más que la población dependiente, lo contrario ocurrirá entre 2020 y 2100.

¿Qué significa todo esto? Que la región se encuentra en plena transición demográfica. Está pasando de tener altas tasas de fertilidad y de mortalidad, con muchos nacimientos pero pocos supervivientes, a otra realidad en la que las familias tienen pocos niños y casi todos sobreviven.

Pero este proceso sucede en dos etapas: primero, disminuye la mortalidad y las familias siguen teniendo mucha descendencia, siendo algunas generaciones muy numerosas durante algunos años, hasta que la tasa de fertilidad también disminuye.

¿Cómo impactan estas transformaciones?

Como consecuencia de estos cambios demográficos, durante unos años la proporción de personas en edad de trabajar es mayor en comparación con las personas dependientes, como los niños o adultos mayores. Este periodo se conoce como bono demográfico y es una oportunidad que hay que aprovechar en términos económicos.

Un mayor número de personas en edad de trabajar puede traducirse en un aumento del crecimiento económico de un país y de las contribuciones a la seguridad social que financian servicios públicos esenciales como la salud, la educación o las pensiones. Además, es fundamental para el buen funcionamiento de los presupuestos económicos de los Estados que muchos jóvenes aporten con sus impuestos a los sistemas de salud. En general, la población joven requiere de pocos servicios, más allá de los preventivos.

Pero el bono demográfico no es una garantía. Para que genere rendimientos, es necesario que los países promuevan las condiciones adecuadas que permitan a estas generaciones jóvenes:

  • Incorporarse al mercado laboral en actividades productivas
  • Contribuir a los sistemas de seguridad social
  • Llevar estilos de vida saludables que no supongan presiones excesivas para los gastos sanitarios cuando sean adultos mayores.

Cuando el bono demográfico pasa factura

Cuando las generaciones más numerosas envejecen, el bono expira. Pasa a haber, proporcionalmente, más personas dependientes y menos en edad de trabajar. Además, al contrario de lo que sucedía antes, las personas dependientes son adultos mayores y no niños.

Entonces empieza a crearse la factura demográfica: independientemente de que se hayan aprovechado o no las ventajas del bono demográfico, cuando la población envejece, hay que pagar la cuenta. Es más, la población adulta mayor requiere de más servicios de salud e incluso de cuidados para realizar actividades cotidianas como comer y/o bañarse. Además, el reto para sostener las pensiones no es poca cosa. Con una menor proporción de personas trabajando, hay menos ingresos estatales por impuestos y, por ende, menos contribuciones a los sistemas de seguridad social.

¿Estamos más viejitos, más enfermos, y más pobres?

La perspectiva no es tranquilizadora para los países que en su momento no aprovecharon la fase del bono demográfico. Es decir, aquellos cuyas generaciones del bono no contribuyeron —directa o indirectamente— al sistema de salud durante su etapa productiva. Muy probablemente, se encontrarán con instituciones débiles y con una financiación insuficiente para hacer frente a sus crecientes necesidades de salud.

Si, además, estas generaciones no llegan con buena salud a la tercera edad, las demandas en servicios médicos y cuidados podrían ser aún mayores. Es el caso de México y Chile, donde las condiciones de salud entre los mayores de 60 años se han deteriorado significativamente, tendencia que va aumentando.

Además, si las generaciones numerosas no cotizan para tener una pensión durante su juventud, ni las familias ni los gobiernos cuentan con los recursos necesarios para hacer frente a la factura demográfica.

En muchos países de América Latina y el Caribe el bono demográfico empieza a disminuir y se invierte la proporción entre la población en edad de trabajar y la población dependiente. Se aprecia ya un aumento del número de personas mayores, mientras se dan tasas de natalidad cada vez más bajas. Sin embargo, aún hay capacidad de respuesta y algunos países todavía están a tiempo de aprovechar el bono demográfico para hacer frente a la factura.

Un requisito fundamental para hacerlo es invertir en salud preventiva para promover el envejecimiento saludable. Los países con las poblaciones más envejecidas están en el momento preciso para diseñar y fortalecer las políticas públicas que promuevan el acceso a servicios de cuidado de calidad coordinados con los servicios de salud. Siguiendo esas medidas, para empezar, ¿será posible reducir y posponer la factura demográfica de salud?

¿Cómo es la situación demográfica en tu país? ¿Se ha aprovechado el bono, o hay que prepararse para la factura? Cuéntanos en la sección de comentarios o mencionando a @BIDgente en Twitter.

Nadin Medellín Almanza es consultora en protección social.

Pablo Ibarrarán es especialista líder en la División de Protección Social y Salud del Banco Interamericano de Desarrollo.

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Día mundial de la malaria: ¿venceremos en la lucha final?

Mar, 04/24/2018 - 15:23

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Por Emma Iriarte.

La guerra contra la malaria ha entrado en su batalla final en Mesoamérica: en el cuerpo a cuerpo. La malaria o paludismo se cobra 400 mil vidas anuales y se transmite por picaduras de mosquito que pueden causar meningitis e infecciones graves, afectando al cerebro u órganos renales. En Centroamérica, los casos de malaria se redujeron por más de 90% entre 2000 y 2015, mientras que en el resto de América Latina disminuyeron un 75%.

Sin embargo, cuando parecía que la derrota final de esta enfermedad estaba al alcance de la mano, saltaron todas las alarmas. El parásito ha recuperado terreno de manera preocupante. Por primera vez en prácticamente medio siglo, los casos de malaria incrementaron en 2016. Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), nueve países (Colombia, Ecuador, El Salvador, Guyana, Haití, Honduras, Nicaragua, Panamá y Venezuela) notificaron un aumento de casos, se registraron 40 mil casos en Centroamérica, y 875 mil en toda América Latina y el Caribe.

Vencer al paludismo caso por caso

El parásito de la malaria, por tanto, ha demostrado ser un oponente poderoso. Todos los esfuerzos hasta ahora han servido para debilitarlo y aislarlo en puntos geográficos bien delimitados, pero no han sido suficientes para eliminarlo. El 2018 puede ser un año decisivo.

Una nueva iniciativa con socios públicos, privados y organizaciones multilaterales se ha propuesto eliminar completamente la malaria para el 2020 en México, Guatemala, Belice, Honduras, Nicaragua, El Salvador, Costa Rica, Panamá, República Dominicana y Colombia. Pero para ello será necesario perseguir y neutralizar al parásito, uno a uno, donde se encuentre, incluidos los lugares más recónditos. Una batalla cuerpo a cuerpo y casa por casa.

La Iniciativa Regional de Eliminación de la Malaria, administrada por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), cuenta con un presupuesto de 83 millones de dólares para los próximos cinco años. Los socios de esta iniciativa son la Organización Panamericana de Salud (PAHO), la Iniciativa Clinton de Acceso a la Salud (CHAI), el Consejo de Ministros de Salud de Centroamérica (COMISCA) y el Proyecto Mesoamérica. El patrocinio proviene de la Fundación Carlos Slim, la Fundación Bill & Melinda Gates y el Fondo Mundial.

El proyecto buscará detectar uno a uno todos los casos de malaria en los principales focos de transmisión en Mesoamérica, República Dominicana y Colombia, donde se producen 80 por ciento de los casos. Toda una red de entomólogos, epidemiólogos, médicos, promotores de salud y voluntarios deberán detectar cada caso en menos de 48 horas y ofrecer tratamiento en menos de 24. Es decir, evitar que el parásito de la malaria permanezca en el cuerpo humano más de 72 horas.

La estrategia consiste en romper el ciclo de transmisión entre humanos en las primeras horas del contagio. El proyecto implicará realizar un gran esfuerzo de formación y capacitación, así como de comunicación entre los ciudadanos que habitan en los principales focos de transmisión para que puedan detectar y tratar con rapidez a cada paciente.

¿Un objetivo ambicioso?

El reto, por un lado, es logístico, pues implicará:

1) La contratación de importantes recursos humanos

2) La distribución hasta lugares remotos de insumos médicos como pruebas de laboratorio, mosquiteros, insecticidas y medicamentos

3) La coordinación entre sistemas de trabajo y los gobiernos de cada país.

Por ello, el programa será financiado con el mismo modelo de financiamiento basado en resultados que se ha implementado en la Iniciativa Salud Mesoamérica (ISM) y que ha servido para lograr importantes y rápidos avances en salud materna e infantil entre la población más vulnerable de Mesoamérica.

Como administrador general de la Iniciativa, el BID pactará con los países el establecimiento de diez indicadores que evalúen la evolución de las medidas destinadas a identificar los casos de malaria en 48 horas y su tratamiento en menos de 24. El cumplimiento de estos indicadores permitirá a estos países alcanzar el objetivo, y al llegar a cero casos para 2020, recibirán una compensación financiera.

Entre los beneficios de este modelo destacan:

  • lograr impactos de manera colectiva
  • introducir nuevos enfoques técnicos
  • asegurar el apalancamiento de fondos nacionales
  • acelerar el ritmo de las intervenciones
  • analizar datos y usar la información para acciones ejecutables
  • garantizar una red anti mosquitos de medicamentos, personal capacitado y diagnóstico rápido, y que permita tratar los casos detectados en menos de 24 horas.

El último esfuerzo por eliminar la malaria va a exigir un seguimiento individualizado. Será una labor titánica, pero las instituciones involucradas estamos determinadas a triunfar y demostrar que sí es posible derrotar a la malaria.

¿Cuál es la situación de la malaria en tu país? ¿Qué medidas se han tomado para combatirla? Cuéntanos en la sección de comentarios o mencionando a @BIDgente en Twitter.

Emma Iriarte es Secretaria Ejecutiva de Salud Mesoamérica y de la Iniciativa Regional de Eliminación de la Malaria. 

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Así mejoró la salud en las comunidades más pobres de Mesoamérica

Lun, 04/16/2018 - 07:00

Copyright © 2018. Banco Interamericano de Desarrollo. Si deseas republicar el artículo, por favor solicita autorización a sph-communication@iadb.org

Por Amanda Glassman y Jessie Lu.

Este artículo fue publicado originalmente en el blog del Center for Global Development.

El modelo de Financiamiento Basado en Resultados (FBR) se puede debatir acaloradamente. Un documento reciente del BMJ Global Health argumenta que el FBR es una moda potencialmente destructiva de los donantes. De otro lado, una investigación de 2011 describe el FBR como una palanca para el cambio en los sistemas de salud. Las evaluaciones que surgen de los programas FBR financiados por el Banco Mundial son variadas, puesto que sólo 8 de 33 programas han aportado resultados hasta el momento. Sin embargo, sí que existen evidencias para sostener que los detalles del diseño de los programas de FBR, así como el contexto en que opera la intervención y la calidad de la implementación, son determinantes para garantizar la efectividad del proyecto.

Pero más allá de los debates, existe un reto fundamental que el FBR está tratando de arreglar, y que debe ser abordado por cualquier presupuesto o mecanismo de pago en un sistema de salud—lo que los economistas llaman el problema del agente-principal. El reto se encuentra en los débiles sistemas de rendición de cuentas, en la divergencia en las metas del proyecto, así como en la información asimétrica entre los financiadores y aquellos encargados de brindar la atención de salud (un grupo de proveedores, o un gobierno sub-nacional, por ejemplo).

El FBR resuelve algunos de estos problemas al crear un contrato entre las partes para alcanzar una meta compartida, asignando recursos por adelantado para lograr unos resultados que se puedan medir de manera sencilla e independiente, y garantizando la divulgación de los resultados a todas las partes involucradas y al público en general. Los financiadores pueden ser gobiernos centrales o donantes externos, y los receptores pueden ser gobiernos sub-nacionales o grupos de proveedores.

La Iniciativa Salud Mesoamérica (ISM) implementó una versión del FBR que estableció un contrato entre los financiadores externos y los ministerios de finanzas de los gobiernos centrales, con el objetivo de mejorar la disponibilidad, la cobertura y los resultados del servicio de salud en los municipios más pobres en Centroamérica. ¿Qué hemos aprendido de este proyecto?

En las comunidades elegibles para ISM, FBR funcionó mejor que la financiación tradicional

Una investigación realizada en El Salvador encontró que las clínicas en las comunidades donde operaba el proyecto de la ISM ofrecían casi el doble de servicios en comparación con las clínicas de aquellas comunidades que recibían una cantidad equivalente de dinero mediante un presupuesto tradicional. Aparecen patrones similares en Belice, Honduras, y Nicaragua.

A comienzos de marzo de 2018, el Centro para el Desarrollo Global (CGD, por sus siglas en inglés) copatrocinó una conferencia con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) resaltando los avances, desafíos, y lecciones aprendidas de la primera fase de la Iniciativa Salud Mesoamérica (ISM), que opera con un modelo de FBR entre donantes y gobiernos nacionales desde hace siete años. De manera excepcional, el evento reunió a gobiernos de países, financiadores externos, intermediarios, y evaluadores—de diferentes etapas del programa—para discutir motivaciones, resultados, problemas, y lecciones aprendidas.

En las comunidades ISM, la disponibilidad y cobertura del servicio aumentaron considerablemente

A través de una amplia encuesta sobre el terreno en hogares y centros de salud de las comunidades del proyecto de la ISM, el Instituto para la Medición y Evaluación de la Salud de la Universidad de Washington (IHME) publicó los resultados del proyecto tras un seguimiento de 36 meses. La investigación concluye que la ISM aumentó la disponibilidad de los servicios de salud, al igual que la cobertura de intervenciones clave para la salud materna y de las mujeres, de acuerdo con los protocolos del país. Las regiones seleccionadas por la ISM han logrado que más bebés hayan sido atendidos en el parto por asistentes cualificados, más mujeres hayan tenido acceso a citas prenatales, y más familias hayan consumido dietas sanas en comparación con datos de línea base de hogares y de centros de salud medidos en 2011. A pesar de que aún es necesario mejorar otros indicadores, estos resultados iniciales sugieren que el modelo FBR-plus aplicado por la ISM ha mejorado significativamente el desempeño en salud.

Cómo funciona

Los ministerios de finanzas y de salud de los países y los equipos del BID, con el apoyo de la Unidad Coordinadora de la ISM, negocian un conjunto de objetivos políticos a nivel nacional (nuevos protocolos o normas, por ejemplo) y un conjunto de objetivos de cobertura de salud y disponibilidad del servicio que deben lograrse a partir de una encuesta de línea base realizada en el quintil más pobre de estos países. Los gobiernos de los países contribuyen el 50 por ciento de los fondos requeridos para cumplir con los objetivos, y la Fundación Bill y Melinda Gates y la Fundación Carlos Slim—con la mediación del BID—aportan la otra mitad de los recursos requeridos.

Si los países cumplen los objetivos, la ISM proporciona a los gobiernos una compensación económica equivalente al 50 por ciento de su contribución original. Los ministerios de finanzas pueden decidir invertir o no estos incentivos financieros en las comunidades donde se implementa el proyecto. La mayoría de los países que han logrado este tramo de desempeño han decidio financiar a los gobiernos municipales o a las autoridades de la salud que han logrado cumplir con los objetivos.

El financiamiento se hace a través de partidas presupuestarias, lo que significa que el gobierno supervisa y administra los gastos. IHME lleva a cabo la recolección, análisis y verificación de datos independiente que certifica si los países han cumplido los objetivos. Esta medición externa fue uno de los principales catalizadores para el cambio.

La competencia saludable también hizo su parte…

La ISM fue implementada por un grupo regional ya existente de países en América Central (COMISCA). Los participantes reportaron una “competencia saludable” entre los países y municipios debido a la medición de los resultados y la certificación de pasa/no pasa en cada periodo de medición. Existieron múltiples oportunidades para hacerlo bien, de manera que si un país “no pasaba” en la primera medición, existía otra oportunidad para mejorar, y la mayoría lo hizo. Algunos gobiernos prefirieron la idea de pago por avance en vez de todo o nada, pero a la mayoría le gustó que el esquema intensificaba la necesidad de conseguir los mejores resultados en las comunidades más pobres e históricamente desatendidas de sus países.

…pero no fue solamente el dinero y la medición

La ISM se describe a sí misma como “FBR plus” debido a que la iniciativa también ofrece consultoría y análisis intensivos conjuntamente con el acuerdo formal y la medición. Las actualizaciones de políticas y protocolos, apoyo en la cadena de suministros, y desarrollo de sistemas y aplicaciones (apps) fueron parte de la receta secreta de este proyecto, al igual que un proceso cualitativo y continuo de evaluación y aprendizaje, además de las mediciones cuantitativas.

¿Funcionará en otro lado?

Cuando empecé a trabajar en ISM, el PIB per cápita en Honduras era aproximadamente el mismo que el de Ghana en la actualidad. Veo muchos paralelos entre los sistemas de salud altamente descentralizados en América Central y los sistemas de salud en Etiopía y Nigeria, incluyendo las enormes diferencias en gasto público por parte de los estados. Mientras que las capacidades y distribución de los recursos humanos ciertamente son diferentes en la línea base, no veo razones importantes para no probar un abordaje tipo ISM en cooperación con los gobiernos y organismos regionales en otras partes del mundo. La ISM es diferente a la idea de pagar directamente a los proveedores, pero aun así retiene los incentivos positivos para la cobertura de las intervenciones clave de salud para la población. Además, es una forma menos engorrosa y más constructiva para que un financiador externo o filántropo trabaje con los sistemas de salud pública.

¿Qué opinas sobre el modelo de FBR? ¿Crees que deba implementarse en tu país? Cuéntanos en la sección de comentarios o mencionando a @BIDgente en Twitter.

Amanda Glassman es la Directora General de Operaciones en el CGD.

Jessie Lu es asistente de investigación en el CGD.

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¿Cuál es la segunda región en el mundo con la tasa más alta de embarazo adolescente?

Lun, 04/09/2018 - 07:00

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Por Patricia Jara.

Cuando una mujer se queda embarazada su vida cambia radicalmente. Si se trata de una adolescente, las consecuencias son mucho mayores. La educación queda en entredicho, las posibilidades de trabajar en el futuro se ven mermadas y las relaciones sociales y familiares pasan a otra dimensión. Si ese embarazo se produce, además, en un país en vías de desarrollo, lo más probable es que la joven quede más expuesta a la pobreza.

El 95% de los embarazos en madres adolescentes ocurren en estos países, lo que equivale a 20.000 nacimientos diarios en menores de 18 años. Según el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA, por sus siglas en inglés), de los 7,3 millones de partos anuales en menores de 18 años, 2 millones corresponden a niñas menores de 15.

Esta realidad es de suma relevancia para nosotros: América Latina y el Caribe es la segunda región del mundo con las tasas más altas de embarazos en adolescentes.

Para frenar esta realidad, se han puesto en marcha múltiples iniciativas partiendo de la idea de que los programas que más contribuyen a mejorar la salud sexual y reproductiva para los adolescentes combinan:

  1. La difusión de información útil y precisa
  2. El desarrollo de las habilidades socioemocionales de los adolescentes
  3. El acceso a métodos de cuidado, tanto en las escuelas como en las clínicas de salud

Iniciativas efectivas en la práctica

Esta tarea es un desafío para todos los países, no sólo los de menores ingresos. Costa Rica, por ejemplo, a pesar de que goza de un alto nivel de desarrollo humano, presenta una tasa de fertilidad de 56 hijos por cada 1000 mujeres entre los 15 y los 19 años. Estos datos están muy por encima de los índices de la OCDE, que abarca a las economías más desarrolladas del mundo y a los que Costa Rica se parece en varias dimensiones.

Por ello, desde 2014 la Iniciativa Salud Mesoamérica, financiada por el Banco Interamericano de Desarrollo y con el apoyo de otras instituciones, trabaja en la prevención del embarazo adolescente en este y otros países centroamericanos.

Los nuevos protocolos de atención que se están implementando se alejan de la prohibición o la intimidación. Buscan, en cambio, trabajar con los adolescentes y proveedores de servicios para lograr una mayor aceptación y un uso apropiado de métodos modernos de anticoncepción de larga duración. El secreto para llegar a los 43.000 adolescentes que ya han sido atendidos con esta nueva modalidad ha sido la cercanía de los profesionales para compartir información con ellos, distinguiendo entre prácticas riesgosas y seguras y, sobre todo, subrayando la importancia de la salud y el autocuidado.

El desafío: promover entre los adolescentes conductas sexuales y reproductivas seguras

Las acciones de promoción y prevención a nivel poblacional enfrentan enormes desafíos, especialmente en el ámbito de la comunicación. Los mensajes de mayor potencial preventivo son aquellos que tienen sentido y que inciden en la toma de decisiones. En salud sexual y reproductiva adolescente, este desafío es aún mayor. Se trata, ni más ni menos, de lograr en ellos el convencimiento de que deben:

  1. Usar sistemáticamente métodos anticonceptivos seguros y de manera apropiada.
  2. Abstenerse de consumir alcohol o hacerlo de manera moderada para no exponerse a relaciones sin protección ni consentimiento.
  3. Buscar asesoramiento cualificado cuando se trata de su salud sexual y reproductiva.

El despertar de la sexualidad es un componente crucial de la adolescencia, tanto por las manifestaciones biológicas y los cambios hormonales que los jóvenes experimentan, como por el deseo de afirmar su identidad y su lugar en el ámbito social. Por todo ello es fundamental que los jóvenes experimenten de manera segura tanto afectiva como sexualmente, superando la actitud temeraria que los lleva a confiar exageradamente en su invulnerabilidad o no pensar en las posibles consecuencias de sus acciones.

Jess P. Shatkin, psiquiatra de la Escuela de Medicina de la Universidad de Nueva York y padre de dos adolescentes, sostiene que a esa edad las decisiones obedecen más a un comportamiento impulsivo que a la razón, debido a desequilibrios en el desarrollo neurológico. Por lo tanto, es inútil prevenir el riesgo infundiendo temor o castigando. La clave está en el apoyo y la empatía.

Las actitudes, preferencias y prácticas de los adolescentes son claves para evitar resultados indeseados como embarazos o enfermedades de transmisión sexual. Sin embargo, esto no depende únicamente de las decisiones personales. Los jóvenes, en especial las niñas y las adolescentes, son muy vulnerables a la violencia sexual y de género. Los abusos, la explotación y los entornos culturales que toleran la iniciación sexual temprana o el matrimonio precoz incrementan los riesgos. De igual forma, la ausencia de educación sexual en los colegios o la falta de acceso a métodos anticonceptivos condicionan la libertad de decisión de los adolescentes, en particular de las mujeres.

Ante una situación a menudo compleja, ¿qué podemos hacer concretamente? Podemos empezar por criar jóvenes que, en vez de jactarse con un “a mí no me va a pasar”, adopten la actitud más reflexiva de “a mí también me podría pasar”.

¿Qué otras estrategias para hacer frente al embarazo adolescente conoces? ¿Cómo es la situación en tu país? Cuéntanos en la sección de comentarios o mencionando a @BIDgente en Twitter.

Patricia Jara es socióloga en la División de Protección Social y Salud del Banco Interamericano de Desarrollo en la oficina de Chile.

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Día Mundial de la Salud: ¿Conoces las 4 dimensiones de la Cobertura Universal?

Mié, 04/04/2018 - 16:21

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Por Frederico Guanais.

Piensa en un cubo, un espacio de tres dimensiones. Con esta imagen representaba la Organización Mundial de la Salud los desafíos de la cobertura universal en su informe anual de 2010. La simplicidad y elegancia de la descripción quizás contribuyeron a impulsar la discusión sobre la cobertura universal de salud en la agenda de políticas públicas, pilar que conmemoramos en el Día Mundial de la Salud este año.

Pero este modelo explicativo no lograba resaltar una dimensión esencial de la cobertura universal de salud, la calidad, que se incorporó en la redacción de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) recién en 2016.

¿Cuáles son esas dimensiones fundamentales de la cobertura universal en la política pública?

1) ¿Quiénes están cubiertos? La primera dimensión resalta la importancia de que los servicios de salud cubran a toda la población y sean accesibles a todos, según sus necesidades. Por lo tanto, se enfatiza la importancia de los programas de expansión de cobertura de salud, como el Seguro Popular en México, el Seguro Integral de Salud en Perú y el Régimen Subsidiado en Colombia, que buscaron garantizar que la población más vulnerable tuviera acceso a los servicios de salud.

2) ¿Qué está cubierto? La segunda dimensión nos recuerda que la cobertura universal de salud puede tener interpretaciones muy distintas, porque puede incluir planes de servicios. La definición de planes de beneficios fue justamente el tema de un libro publicado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que analizó la situación en 7 países de América Latina y el Caribe. Esta dimensión propone interrogantes como:

¿La cobertura universal debe incluir…

  •  …el acceso a servicios básicos de salud materna e infantil, vacunación y programas preventivos?
  •  … el tratamiento de enfermedades cardiovasculares y diabetes?
  •  … el tratamiento del cáncer con terapias de alto costo?
  •  … los tratamientos experimentales de alto costo, que pueden o no salvar vidas pero que, seguramente, traen esperanza a los enfermos?

Estas preguntas de complejidad (y costos) crecientes requieren tomar decisiones difíciles, pues los recursos no son infinitos y obligan a priorizar un aspecto de la cobertura de salud sobre otro.

3) ¿Qué proporción de los costos se cubre? La tercera dimensión se refiere a los niveles de protección financiera de la población, es decir, cuánto tienen que pagar las personas por la atención que necesitan. En Chile, por ejemplo, los asegurados pueden tener acceso a atención gratuita o deben pagar hasta un 20% de los costos de la atención, según su condición socioeconómica y/o previsional. Las recomendaciones de políticas varían según el contexto y el país, por lo tanto hay argumentos a favor y en contra de la utilización de copagos. Pero parece existir consenso de que todas las personas deben estar protegidas de gastos catastróficos, que generan dificultades financieras al superar el 10% o 25% del ingreso familiar y de gastos empobrecedores, que pueden llevar a una familia a una situación de pobreza.

4) ¿Cuál es la calidad de los servicios prestados? No es difícil percibir que la cuarta dimensión, la calidad, es quizás un poco más compleja que las otras, pero no menos importante. En efecto, ¿para qué sirve tener acceso universal con protección financiera en un plan de beneficios amplio, si los servicios no se prestan adecuadamente ni cumplen con los estándares establecidos? La medición de la calidad es compleja y una adecuada provisión de servicios requiere de elementos amplios que incluyen, entre otros:

  •  el estado de la infraestructura y equipamiento en los establecimientos de salud
  •  la eficiencia de la cadena logística de abastecimiento de insumos médicos y medicamentos
  •  la capacitación de los profesionales según la mejor evidencia técnica en el manejo de enfermedades y su entrenamiento en el trato interpersonal y respecto a los pacientes.

Lograr mejoras en estos dominios no es tarea fácil, pero es fundamental para lograr la cobertura universal con calidad y requiere de habilidades de gestión que no son tratadas en la formación de personal de salud en la mayoría de los países.

Intentar encontrar respuestas a estas preguntas es la tarea de la Comisión Lancet de Salud Global sobre Sistemas de Salud de Alta Calidad en la Era de los ODS.

En este escenario tan complejo, ¿no sería mejor, en lugar de un simple cubo, usar un hipercubo de cuatro dimensiones, también llamado teseracto (yo tampoco conocía esa palabra hasta buscarla en Google), para representar la cobertura universal de salud? El teseracto, además de generar bellas imágenes, llama la atención sobre la cuarta dimensión –y quizás la más difícil y olvidada– de la cobertura universal de salud, la calidad.

¿Hay otras dimensiones todavía olvidadas de la cobertura universal de salud? ¿Qué estrategias está utilizando tu país con el objetivo de mejorar la calidad? ¿Qué historias positivas de mejora de calidad en servicios públicos de salud has observado? Cuéntanos en la sección de comentarios o mencionando a @BIDgente en Twitter.

Frederico Guanais es especialista de salud en la División de Protección Social y Salud y del Banco Interamericano de Desarrollo y miembro de la Comisión Lancet de Salud Global sobre Sistemas de Salud de Alta Calidad en la Era de los ODS.

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